(Duque de Macuspana)
El timbre suena, rompiendo un prolongado silencio, en algún rincón de la sierra madre occidental, por un moderno aparato de telefonía satelital, dentro de una equipada pero modesta cabaña, incrustada en medio del frondoso follaje conífero del bosque.
I: Adelante.
V: ¿Papá?
I: ¡Feliz cumpleaños, hijo! ¿Cómo estás? ¿Ya le hablaste a tu mamá?
V: Bien. ¡Sí, ya! Con buenas noticias: He estado teniendo reuniones con las agencias. En resumen, me dicen que, si logramos tranquilizar las cosas en México, regreso en las sombras como “il Capo di tutti capi”.
I: Complicado, hijo. Los niños traen un desorden, y se están metiendo en todo. Difícilmente volverán a los códigos de antaño. Además, tienen ya a los tres poderes de su lado.
V: No conviene regresar con las aguas tan turbias. Sería comenzar una guerra y saldría muy costosa, en todos los ámbitos.
I: Así es… Oye, ¿y si ya me entrego?
V: Pero ¿Cómo se te ocurre?
I: Mira, hijo: Ya estoy muy enfermo. Necesito cuidados diarios para la diabetes, y el cáncer cada día me va a requerir más atenciones. Puedo negociar un penal con cuidados hospitalarios, y tenemos información de sobra para que nos perdonen hasta los pecados.
V: Y ¿tú crees que les será atractivo?
I: Si prometemos regresar el orden, expulsar a extranjeros enemigos en territorio mexicano, y debilitamos el régimen zurdo actual, no veo cómo se puedan negar.
V: Te van a pedir muchas garantías.
I: Les puedo llevar un regalito…
V: Pero ¿a quién? si mi padrino ya está acá también.
I: A uno de mis sobrinos. Tal vez a mi ahijado, que aunque no es de los más revoltosos, es el cerebro detrás de la organización.
V: Y ¿cómo piensas hacerlo?
I: En alguna de las reuniones con el Gober, a las que debemos acudir con el mínimo de hombres, consigo una pista cercana al sitio, y de ahí volamos.
V: Pero vas a dejar un problemón localmente…
I: Puedo solicitar a los güeros que mantengan incomunicado a mi ahijado, y hacemos creer que quien me traicionó fue él a mí.
V: Mientras controlemos la narrativa, sí sería muy creíble viniendo de ellos. Pero ¿y la guerra que se desataría?
I: Hablo con tu tío de Guasave, le cedemos algunas rutas, y si se pone de nuestro lado, es cuestión de tiempo que la balanza se incline a nuestro favor.
V: ¿Avisarás al Gober?
I: Se enterará hasta ese mismo día, y de nuestra versión. Además, como cada reunión, volaremos su celular a algún destino lejano, para que tenga coartada en caso de que algo salga a la luz.
V: ¿Qué tan seguido se están reuniendo?
I: Muy seguido. Como recordarás, antes solo nos reuníamos una vez antes de cada sexenio para palomearlos, dábamos un par de instrucciones, nombrábamos salvoconducto, y no había necesidad de más… Ahora que los niños andan metidos hasta en la sopa, a cada rato nos tenemos qué juntar a dirimir asuntos de muchas índoles ajenas a nuestro negocio.
V: ¡Cómo han cambiado los tiempos en tan poco tiempo!
I: Por eso necesitamos ofrecer soluciones, y la famosa paz coercitiva que siempre ha sido tan buena para todos.
V: Pues échale una pensada, papá. Puede funcionar.
I: Sí. Creo que en unos dos meses sería buen momento. Antes de que deje el poder el viejito, para poder dejar debilitado su movimiento, y que sea más sencillo tumbarlos.
V: ¿Adelanto algo por acá?
I: Solo diles que quiero que volvamos a platicar.
V: Nos vemos pronto, entonces.
I: Así será. Y ve pensando a dónde quieres mover el centro de operación, porque Culiacán quedará hecho un polvorín.
V: Tienes razón. Por lo pronto, un lugar donde no haga ese pinche calorón…
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