martes, 11 de agosto de 2026

DONALDO Y EL LOBO

¡Está usted en lo correcto! Este título no se refiere, como todos mis colegas músicos lo imaginaron, a la magnífica obra del maestro ruso Serguéi Prokófiev. Hace alusión por supuesto, a la famosa fábula de Esopo sobre el pastor mentiroso. Que es justo como nos tiene el más estruendoso actor político a nivel mundial en la actualidad: Mr. Donald Trump.

Su estilo es así. El de un niño caprichoso y berrinchudo que, para salirse con la suya, amaga y amedrenta a sus aledaños, amenazando con lo que diplomáticamente es posible, y con lo que no, también.

Que si va a borrar de la faz de la tierra a Irán, que si se piensa quedar por sus purititas ganas con Groenlandia, que si va a hacer un mega complejo turístico en la franja de Gaza, que si va a venir a México a llevarse a carretadas a todos los delincuentes…

Esta última historia es la que a nosotros nos concierne y nos interesa sobremanera. Aunque hay una parte emocional de mí que constantemente me susurra al oído que a Trump los mexicanos le importamos tres cacahuates, también hay otra parte racional que me dice que, efectivamente, existen serias intenciones por parte del gobierno y las agencias de los Estados Unidos de América, con la firme intención de actuar en contra de este régimen bananero de quinto patio.

No escribiré desde mis emociones, puesto que terminaría llorando y pensando en irme en balsa a Miami. Por lo tanto, intentaré razonar al respecto:

A mí me parece de cierta lógica que, a los Estados Unidos no le convenga tener tres mil kilómetros de frontera con un país en plena desgracia política y social, porque hoy justo para allá vamos encaminados, a pasos agigantados. La falta de inversión tiene a la economía de un hilo. Si a esto sumamos los ingobernables territorios que ya están totalmente cooptados por el crimen organizado, pues resulta que nuestros vecinos del norte no tendrán a una Venezuela en su frontera, como tanto se ha dicho. Estamos en cambio ante algo así como una balcanización de los pueblos latinoamericanos, viviendo siempre en un constante punto de ebullición, justo al otro lado de ese muro que cada día es más grande y más cotizado.

Tenemos que entender una vez más que nuestra prisa porque esas cosas sucedan, no es la misma que la de los gringos. Nosotros estamos habituados a tener historias sexenales, por lo que vivimos constantemente apurados, porque, una vez llegado el año electoral, ya no podemos hacer absolutamente nada. En cambio, los tiempos de los países con visión a largo plazo, son muy distintos. No dependen de administraciones de un solo sexenio, y tienen agencias con sus propias agendas e intereses, que persiguen sus objetivos independientemente de quién sea el personaje que esté sentado en la silla.

En estos momentos, creo que esa agenda tiene varios propósitos regionales y políticos. Y, en definitiva, tener repúblicas autoritarias, regímenes dictatoriales, y países dominados por el crimen organizado, no les allanará el camino. Por eso, sí estoy muy optimista en que todos estos países con gobiernos populistas están en franca vía a la extinción.

Sí. Estoy de acuerdo que todos quisiéramos que un comando militar estilo Taylor Sheridan invadiera Palenque, Chiapas, y se llevaran al viejito ruin esposado y con los pantalones mojados. También que nos encantaría tener archivos de video de tantos otros políticos a los que deseamos que los lleven ante la justicia, con exactamente la misma severidad con que eliminan o capturan a algún miembro de una banda criminal en cualquier parte del mundo. Sin embargo, nos queda poco tiempo para que esa teatralidad le rinda algún fruto al Presidente de los Estados Unidos. Por lo que, si no tenemos material para película de aquí a que pasen las elecciones de noviembre en el país vecino, nos conformaremos con que nuestro país vuelva a virar un poco hacia la derecha, o nueva derecha, y para el próximo sexenio tengamos como Presidente de México a una persona previamente aprobada por el imperio.

En el inter, seguramente no dejaremos de ser testigos de los berrinches y rabietas del bully naranja de allá del norte. Esto significa que seguiremos escuchando una semana sí, y la otra también, amenazas tras amenazas.

A diferencia de la historia de Prokófiev, en el cuento de Esopo, a pesar de todas las falsas alarmas y las mentiras, finalmente el lobo, sí llega…

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