martes, 21 de julio de 2026

ISRAEL MANDA vol. 2

(Duque de Macuspana)

El timbre suena, rompiendo un prolongado silencio, en algún rincón de la sierra madre occidental, por un moderno aparato de telefonía satelital, dentro de una equipada pero modesta cabaña, incrustada en medio del frondoso follaje conífero del bosque.

I: Adelante.

V: ¿Papá?

I: ¡Feliz cumpleaños, hijo! ¿Cómo estás? ¿Ya le hablaste a tu mamá?

V: Bien. ¡Sí, ya! Con buenas noticias: He estado teniendo reuniones con las agencias. En resumen, me dicen que, si logramos tranquilizar las cosas en México, regreso en las sombras como “il Capo di tutti capi”.

I: Complicado, hijo. Los niños traen un desorden, y se están metiendo en todo. Difícilmente volverán a los códigos de antaño. Además, tienen ya a los tres poderes de su lado.

V: No conviene regresar con las aguas tan turbias. Sería comenzar una guerra y saldría muy costosa, en todos los ámbitos.

I: Así es… Oye, ¿y si ya me entrego?

V: Pero ¿Cómo se te ocurre?

I: Mira, hijo: Ya estoy muy enfermo. Necesito cuidados diarios para la diabetes, y el cáncer cada día me va a requerir más atenciones. Puedo negociar un penal con cuidados hospitalarios, y tenemos información de sobra para que nos perdonen hasta los pecados.

V: Y ¿tú crees que les será atractivo?

I: Si prometemos regresar el orden, expulsar a extranjeros enemigos en territorio mexicano, y debilitamos el régimen zurdo actual, no veo cómo se puedan negar.

V: Te van a pedir muchas garantías.

I: Les puedo llevar un regalito…

V: Pero ¿a quién? si mi padrino ya está acá también.

I: A uno de mis sobrinos. Tal vez a mi ahijado, que aunque no es de los más revoltosos, es el cerebro detrás de la organización.

V: Y ¿cómo piensas hacerlo?

I: En alguna de las reuniones con el Gober, a las que debemos acudir con el mínimo de hombres, consigo una pista cercana al sitio, y de ahí volamos.

V: Pero vas a dejar un problemón localmente…

I: Puedo solicitar a los güeros que mantengan incomunicado a mi ahijado, y hacemos creer que quien me traicionó fue él a mí.

V: Mientras controlemos la narrativa, sí sería muy creíble viniendo de ellos. Pero ¿y la guerra que se desataría?

I: Hablo con tu tío de Guasave, le cedemos algunas rutas, y si se pone de nuestro lado, es cuestión de tiempo que la balanza se incline a nuestro favor.

V: ¿Avisarás al Gober?

I: Se enterará hasta ese mismo día, y de nuestra versión. Además, como cada reunión, volaremos su celular a algún destino lejano, para que tenga coartada en caso de que algo salga a la luz.

V: ¿Qué tan seguido se están reuniendo?

I: Muy seguido. Como recordarás, antes solo nos reuníamos una vez antes de cada sexenio para palomearlos, dábamos un par de instrucciones, nombrábamos salvoconducto, y no había necesidad de más… Ahora que los niños andan metidos hasta en la sopa, a cada rato nos tenemos qué juntar a dirimir asuntos de muchas índoles ajenas a nuestro negocio.

V: ¡Cómo han cambiado los tiempos en tan poco tiempo!

I: Por eso necesitamos ofrecer soluciones, y la famosa paz coercitiva que siempre ha sido tan buena para todos.

V: Pues échale una pensada, papá. Puede funcionar.

I: Sí. Creo que en unos dos meses sería buen momento. Antes de que deje el poder el viejito, para poder dejar debilitado su movimiento, y que sea más sencillo tumbarlos.

V: ¿Adelanto algo por acá?

I: Solo diles que quiero que volvamos a platicar.

V: Nos vemos pronto, entonces.

I: Así será. Y ve pensando a dónde quieres mover el centro de operación, porque Culiacán quedará hecho un polvorín.

V: Tienes razón. Por lo pronto, un lugar donde no haga ese pinche calorón…

martes, 14 de julio de 2026

DEMOCRACIA ARISTOCRÁTICA

Leyendo como cada semana a mis Columnistas, Escritores, Periodistas, Bloggers, Opinadores y Analistas favoritos, escuché a uno de ellos mencionar que la Democracia no es un sistema perfecto, pero es el mejor que hemos concebido hasta el momento. Y además animaba a que, si a alguien se le ocurría uno mejor, lo externara… Y pues aquí les va:

Su nombre es Democracia Aristocrática, o Aristocracia Democrática, según el nombre que nos acepte la Taddei. Es una variante del Voto Plural, y tiene algunas diferencias (o adecuaciones) con respecto a la Epistocracia.


Primero. Se elimina el sufragio universal, y se sustituye por un voto diferenciado. Los votos tienen un valor del 1 al 10, y van aumentando respecto a dos variables: La edad y los estudios.

Segundo. La mayoría de edad para votar comienza a los 25 años. Un ser humano cuya corteza prefrontal del cerebro, que es la encargada de las decisiones, no se ha terminado de formar, no tiene por qué influir en los destinos de una nación.

Tercero. Toda persona de entre 25 y 29 años, tendrá su voto con valor 1, sin importar su preparación académica. Una vez cumplidos los 30 años, se tomarán en cuenta los estudios y preparación profesional para modificar el valor de su voto.

Cuarto. Cada grado académico irá sumando 1 voto a su sufragio ya adquirido por la mayoría de edad electoral y su ciudadanía. Por tanto, al cumplir 30 años, se sumarán sus grados académicos siendo estos como máximo 6: Primaria, Secundaria, Preparatoria, Licenciatura o Carrera Técnica, Maestría, Doctorado. Solo se tomará en cuenta uno de cada grado, por lo que varias Licenciaturas, Carreras, Maestrías o Doctorados, no sumarán más votos a su credencial.

Quinto. Cada década de vida irá también sumando 1 voto extra, a partir de los 40 años cumplidos, hasta los 80 años de edad, en que se suma el último voto. Por lo que la credencial de un adulto de 80 años que no tenga absolutamente ningún estudio, de todas formas valdrá 6 votos.

Sexto. El Instituto Electoral, totalmente autónomo y ciudadano, elaborará exámenes especiales para aquellas personas que no hayan contado con la oportunidad de tener estudios, y sin embargo se sientan con capacidad y criterio para tomar mejores decisiones por el futuro de su país, de manera que puedan tener la misma oportunidad para que su voto valga más, sin estar limitado por sus circunstancias. Estos exámenes serán exclusivamente sobre conocimientos políticos e históricos, se aplicarán a cualquier persona mayor de 30 años que lo solicite, y podrán añadir como máximo 5 puntos a su credencial.

Séptimo. Ningún ciudadano que sea beneficiario de cualquier apoyo gubernamental o programa social, tendrá activa su credencial para votar, sino hasta 3 años después de haber recibido su último apoyo.

Octavo. Los partidos políticos serán autónomos y autosuficientes. Serán entidades Donatarias autorizadas. No habrá apoyo de recursos públicos. Sus gastos e ingresos serán auditados por los Poderes Legislativo y Judicial.

Noveno. El Instituto Electoral tendrá un sistema digital de última generación, auditado constantemente por organismos internacionales, a manera que el resultado de una Elección sea preciso y concluyente al instante de cerrar la última casilla del país.

Décimo. Las campañas electorales consistirán solamente en exponer el Currículo de cada candidato, previamente verificado por el Instituto Electoral. Evitando cualquier publicidad invasiva, contaminante, y eventos totalmente anacrónicos como los mítines políticos.

Décimo Primero. El Instituto Electoral organizará debates políticos en formatos de uno a uno, si lo considera necesario y oportuno, que serán transmitidos solamente por las redes sociales y canales digitales de su interés.

Décimo Segundo. Las Elecciones para Presidente, Gobernador y Alcalde, tendrán una segunda vuelta entre los primeros dos lugares, a menos que uno de los candidatos haya obtenido el 50% más 1, de la votación del total del padrón electoral vigente registrado.

Décimo Tercero. Los periodos de cada administración serán de la siguiente manera: Alcalde, tres años con derecho a una re elección. Gobernador, seis años con derecho a un segundo periodo de 3 años. Presidente, seis años con derecho a un segundo periodo de 3 años.

Décimo Cuarto. Ningún representante de elección popular deberá de dejar su cargo para poder aspirar a una re elección, puesto que su campaña simplemente consistirá en exponer su nuevo currículo.

Décimo Quinto. Ningún representante de elección popular podrá aspirar a otro cargo político sin antes haber trascurrido totalmente el tiempo para el cargo que fue electo, aunque ya no se encuentre en él.

Décimo Sexto. Ningún representante de elección popular podrá ser candidato para otro cargo político que no sea la re elección del mismo.

Décimo Séptimo. En la votación para la Presidencia, el primer lugar quedará a cargo del Poder Ejecutivo, el segundo lugar quedará a cargo del Poder Legislativo por 3 años, y el tercer lugar podrá designar al presidente del Poder Judicial para los siguientes 3 años, y sugerir a un nuevo miembro de la Suprema Corte, siempre y cuando cumpla con los requisitos para el cargo, y sea aceptado por el órgano colegiado.

Décimo Octavo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación será un órgano autónomo y colegiado, en el cual ningún presidente de los otros dos poderes tendrá injerencia alguna. El candidato presidencial que quede en tercer lugar de las preferencias, podrá sugerir ternas de candidatos adecuados, y será la Corte quien decida quien ingresa. También será el mismo colegio quien decida de manera autónoma, la sustitución de cualquier miembro de la Corte que haya fallecido, renunciado, o sea expulsado.

Décimo Noveno. El Instituto Electoral tendrá como objeto expedir y validar las credenciales para votar, organizar las elecciones, validar a sus candidatos, y aplicar exámenes para mejorar el valor de la credencial de los individuos que así lo soliciten.

Vigésimo. Los cargos para el Poder Legislativo en todos sus niveles, tendrán la posibilidad de re elegirse de por vida, hasta llegar a la edad de 80 años.

Vigésimo Primero. Ningún representante político de ningún nivel tendrá alguna especie de fuero constitucional.

Vigésimo Segundo. Ningún partido político podrá aspirar a tener más del 50% de los escaños en ninguna de las cámaras del país.


Y aquí les dejo esos 22 puntos que son solo una probadita de una forma de gobierno que a un país como el nuestro le vendría como anillo al dedo. Así cortaríamos de raíz con un sistema que tiene la enorme perversión de querer mantener a los votantes en la mayor ignorancia y pobreza posible. En cambio, tendríamos un sistema político que apele a las personas más inteligentes y capacitadas para decidir por el futuro de nuestra nación.

Es eso, o un Bukele mexicano… Y, ¿la verdad?, con cualquiera de los dos, jalo.

martes, 7 de julio de 2026

TANATOLOGÍA MUNDIALISTA

¿Y, después? Esta será la pregunta que suplirá a la muy bien posicionada y soñadora frase “¿Y si sí?”. La segunda nos lleva a ilusionarnos y a soñar. No por nada tuvo el enganche que produjo. La primera, a confrontarnos con esa solitaria realidad que significa para muchas personas, el final de un campeonato mundial de futbol.

Afirmo abierta e hipócritamente que no me gusta el futbol. Solo veo finales, y algunas veces ciertos partidos de Liguilla, si tienen algún atractivo particular. A pesar de eso, resulta que hasta los nombres de los árbitros me sé. Por tanto, tal vez mi afirmación obedece a que no me gusta el futbol mexicano. Ver un partido entre dos equipos nacionales, y después compararlo con un encuentro de la Champions League, me hace pensar que son dos deportes distintos.

México tiene excelentes atletas en deportes individuales. La historia nos avala. Y resulta que también tenemos muy buenos futbolistas en selecciones menores, por lo que supongo que algo se descompone en el camino. Podemos ser sumamente críticos en este tema y desarrollar interminables debates, pero pensar que algo cambiará en un sistema que produce ganancias multimillonarias, sería absurdo. Porque al negocio del futbol, poco le importa el sentimiento de una nación, cuando somos y seremos los más fieles aficionados de nuestra selección nacional, a pesar de cualquier adversidad. Esperemos que nuestro Rafita Márquez logre hacer alguna diferencia.

El tema es que, en una más de mis innumerables incongruencias, cada cuatro años que hay un mundial de futbol, prácticamente modifico mi vida al huso horario del país anfitrión. En esta ocasión, por fortuna el mundial se celebra en tres países que no me obligaron a modificar mis horarios de levantarme o acostarme. Sin embargo, mi agenda está supeditada a los horarios de los partidos diarios. Y me refiero a absolutamente todo: horario de comidas, de trabajo, de reuniones, de aseo personal, de paternidad responsable, de lectura… ¡Todo!

Por esta razón, cada vez que un mundial concluye, me deja un vacío de proporciones “muerte de un pariente”. Y me quedo unos días, si no es que semanas, sin saber bien a bien cómo llenar ese vacío, o con qué suplir ese espacio en mi vida. Recuerdo su canción oficial con una nostalgia que incluso años después, me puede llegar tranquilamente a llenar los ojos de lágrimas. ¡No exagero! Hace poco superé “El equipo tricolor / tiene mucho corazón / y en la cancha lo demostrará”.

Con la salvedad de esa canción de Juan Gabriel que, honestamente ¡ya me tiene hasta las canicas! Por alguna razón desconocida, que seguramente obedece a la nostalgia que produce, tomaron el final de mi canción favorita del Divo de Juárez, “Así Fue”, y se la han estado colgando a cualquier video, historia, Reel o publicación que se puedan imaginar. No sé si mi coraje se deba al incontable número de repeticiones, a la ignorancia colectiva sobre el origen de esos arreglos majestuosos que elaboró el maestro Eduardo Magallanes, ejecutados magistralmente por el talentoso trompetista Miguel Viurquis Isiano, o a mi inexplicable imposibilidad de contener el llanto y dificultad para demostrar mi hombría cada vez que la escucho. 

México ya está fuera de la contienda, tras un emocionante y emotivo partido histórico contra la selección inglesa. Comprendo que, tal vez en otros países, una vez que su selección queda fuera del mundial, dejan de ver el campeonato y se enteran de su desenlace solamente por las noticias. No así nosotros, que seguimos con ahínco y con pasión cada fase del torneo, y nos vamos poniendo la camisa de la selección de nuestra elección. Supongo que es una de nuestras distintas formas de alargar la agonía, o tal vez simplemente soy yo, y la ansiedad que me produce acercarme al irremediable final.

Por todas esas razones, creo seriamente en la necesidad de un especialista que me ayude a lidiar con esta situación, con la finalidad de evitar traumas posteriores, daños a mi salud física, o la vergüenza ajena que le puedo provocar a algún transeúnte que repentinamente me vea llorar como Magdalena por las calles de Los Cabos. También está la eterna tentación de refugiarme en los brazos de algún enervante legal, o la muy sensata opción de volver a mi vida normal y ponerme a trabajar. ¿Y, después? Díganme: ¿Qué sigue?

¡Ah, ya me acordé!... Repetir por cuatro años más el mantra: “¡Que chingue a su madre el América!”

miércoles, 1 de julio de 2026

¿CUÁNTAS MÁS, SAN AGUSTÍN?

Me intriga mucho el país de Argelia. Se conoce poco sobre aquellas latitudes, y a su vez, grandes hombres han surgido de esa tierra: Deportistas tales como Riyad Mahrez o Zinedine Zidane, y filósofos como Albert Camus o Aurelio Agustín.

Este último personaje, también conocido como Agustín de Hipona, es una figura central en la filosofía occidental, y fue uno de los pensadores cristianos más importantes de la historia. Debido a su legado y su santidad, es conocido como Doctor de la Iglesia. También es a San Agustín a quien se le atribuye la repetida frase “Qui cantat, bis orat”, y es aquí cuando cayó el moco en el atole.

En nuestro amado pueblo latinoamericano, habitado en mayor medida por un gran porcentaje de personas con carácter flemático, es muy común que las cosas nos entren más por el sentimiento que por la razón. De tal modo, que no puedes tener la imprudencia de decirle abiertamente a un pueblo como el nuestro, convertidos cada domingo en fieles feligreses, una frase tal como “El que canta, reza dos veces”, porque entonces se arma la de Dios es padre.

Permítanme aclararles que tengo la arraigada costumbre de asistir a misa todas las mañanas. Es el tiempo que me regalo para agradecer, meditar, pedir perdón, ayuda, hacer introspección, orar. Realmente disfruto esos minutos de soledad y de comunión con nuestro creador. Por tanto, lo que menos deseo en esos momentos, es escuchar al unísono una multitud de atonalidades y arritmias, intentando cantar al unísono algún anacronismo que no tiene otra función que desconcentrar mi incipiente camino a la iluminación.

Confieso que me molesta sobremanera acudir a la celebración de la Santa Misa, y que canten. No. No lo tolero. Me parece tan absurdo como platicar en una biblioteca. Además, con todo el respeto que me merecen los buenos sacerdotes, creo que deberían de implementar en los Seminarios, una clase de cantos corales. Y que, como en cualquier otra asignatura, si no estás apto para esa tarea, mejor enfócate en desarrollar tus talentos.

El canto en las religiones viene de muchos siglos atrás. Los Salmos del rey David de Israel, fueron escritos en hebreo antiguo, con rítmica y prosa exacta. Sin embargo, la razón para hacerlos de esta forma y cantarlos, no era por una cuestión de fervor. Vivían en una época donde el 98% de la población no sabía leer ni escribir. Entonces, la forma más sencilla de transmitir estas enseñanzas era por medio del canto. De esta manera, se memorizaban las plegarias, y se transmitían de generación en generación, sin alterar su contenido.

Lo mismo sucedió siglos después con los cantos gregorianos, cuyas declinaciones musicales, tenían más una intención nemotécnica, que ser una vía para alcanzar la divinidad. Y efectivamente, tener la dicha de estar en una iglesia como la Basílica de San Pedro en el Vaticano, escuchando su majestuoso órgano tubular de cinco mil pipas, acompañado de un gran coro, debidamente entrenado, es sin duda una experiencia estremecedora que puede transportarte de forma muy efectiva hasta alcanzar el cielo.

Sin embargo, lo que escuchamos en nuestras parroquias diocesanas, dista abismalmente del escenario anteriormente descrito. Me asombra mucho la capacidad desarrollada en un solo recinto, para cantar la misma canción en tantos tonos distintos, y con rítmicas totalmente desfasadas. Y aunque existen sacerdotes con una muy buena voz y que cantan con bastante decencia, es imposible tener control sobre la muchedumbre enardecida al esperar su canción predilecta intitulada Juntos como Hermanos.

El colmo de las aberraciones viene con la oración del Padre Nuestro. ¡Háganme el recanijo favor! ¿Como en qué momento o circunstancia se imaginan a Jesús de Nazaret cantando? ¿En qué parte de la Sagrada Escritura o evangelio apócrifo llegaron a suponer semejante situación? ¿No es acaso cierta falta de respeto al mesías, modificar de esa manera la única oración que nos legó? Y si la excusa eclesiástica es la de cantarlo para orar dos veces, los animo a que experimenten cuántos padres nuestros pueden rezar en el tiempo innecesario que toma cantar esa plegaria. Como mínimo la pueden repetir entre tres y cinco veces. ¡Tómate esa, San Agustín!

Sé que podrían tomar como un despropósito de mi parte lograr poner señalética en las iglesias con un símbolo similar al de No Fumar, que en cambio signifique No Cantar. Lo que sí podría suceder es que, desde los Seminarios Mayores, existiera la prudencia de sus Directores para darles al menos la indicación a los diáconos menos desprovistos de talentos musicales, la fraternal instrucción de: Tú mejor no cantes, compadre.

Aunque de antemano sé que mi lucha está perdida desde antes de iniciar, insto a los sacerdotes a la búsqueda del recogimiento y la paz interior, no solamente mientras se encuentran en soledad, sino también en la hermosura que tiene la sencillez de una misa con la elegancia sobria de omitir cualquier especie de cánticos. Pero como sé que absolutamente nadie me va a pelar, yo seguiré acudiendo diariamente a mi Iglesia de preferencia, y alabaré, alabaré, alabaré, alabaré… alabaré a mi Señor.

miércoles, 17 de junio de 2026

EL RIVAL MÁS DÉBIL

Siempre fui amigo de los bullies. Desde mi primera infancia, mi círculo eran los abusadores de la escuela. Esos que no tienen reparo en molestar a hombres y mujeres por igual, a los que tenían alguna desventaja física o intelectual, o a aquellos niños que osaban llevar a los salones de clase, cualquier artículo que suscitara envidias, ya sea una mochila nueva, o un par de tenis inaccesibles para el resto de los alumnos.

Se dice que esas personalidades frecuentemente vienen de familias disfuncionales, de algún tipo de abuso, y que actúan de esta forma como un mecanismo de defensa, o a causa de tener dificultades para gestionar sus emociones. Ignoro cual es mi vínculo con esas personalidades, porque en mi casa jamás existió alguno de esos factores. Tal vez era una simple estrategia social para evitar ser yo el niño “buleado”. El tema es que todo el tiempo tuve una cercanía afectiva fuerte con los que hoy llamaríamos “los machos alfa” de mi generación.

Había, sin embargo, una diferencia muy marcada entre ellos y yo: Jamás tuve la indecencia de afectar a un compañero de manera consciente, ni física ni mentalmente. Muy al contrario, siempre fungí como protector de los débiles, y cuando alguno de mis amigos se estaba pasando de la raya, inmediatamente salía a la defensa del desvalido. Actividad que, con el paso del tiempo, me ganó la simpatía de ambos bandos.

Esa es tal vez la razón por la que hoy, me da tanto gusto cuando alguno de los equipos de fútbol de países, ya sea totalmente desconocidos, o famosos precisamente por su escaso talento en el balompié, le anota un gol a las supuestas potencias futbolísticas mundiales. Aunque tengo a la selección de Portugal como favorita para esta competencia, me da una alegría enorme cualquier gozo de los equipos de países como Bosnia, Paraguay, Qatar, Haití, Turquía, Curazao, Costa de Marfil, Túnez, Egipto, Arabia Saudita, Irán, Irak, Senegal, Argelia, Jordania, República del Congo, Ghana, Uzbekistán, y la recientemente heroica Cabo Verde.

En cualquier otro país del mundo desde donde lean esta columna, inmediatamente preguntarían: Y ¿dónde dejas a México? Sí. Efectivamente. México es mi país, mi selección, mi querencia. Y sí, somos un país con un grado de optimismo o insensatez, que nos hace cada cuatro años soñar con la absurda idea de ganar la exclusiva copa. Y tal vez también esa sea la razón por la que comparto con todos mis compatriotas esa extraña y tierna debilidad por los débiles, factor que posiblemente nos convierta en uno de los países más hospitalarios del mundo.

Para muestra, un botón reciente: El DT de la selección iraní, se deshizo en halagos ante los medios de comunicación, cuando habló sobre México y las excesivas muestras de cariño que les otorgaron en la ciudad de Tijuana, lugar donde fueron confinados debido a la negativa de permiso para permanecer en territorio estadounidense, cuando su base habría de estar en la ciudad de Los Angeles, California.

Aplaudo entonces cualquier esfuerzo de estas, las selecciones débiles, que son las únicas capaces de entregarnos esas historias heroicas que nos lega cada campeonato mundial de fútbol, que van llenando nuestra vida de recuerdos, y cada cuatro años las tenemos como referencia temporal.

Nunca me he aficionado por la actividad lúdica, sin embargo, esta temporada parece ser un buen negocio apostar por los débiles, que tienen una mucho mayor capacidad para hacernos felices a los mexicanos, que la mismísima selección teutona que, para variar, viene con la espada desenvainada.

Y ¿nuestros ratoncitos? Pues sigamos apoyándolos, mientras recordamos el penal fallado por Hugo Sánchez, pero también la media tijera de Manuel Negrete. Remembrando con lágrimas en los ojos la tragedia epopéyica del “No era penal”, pero también el impresionante gol de cabeza de mi paisano Jared Borgetti contra la ausente Italia. Y no puede faltar, el tremendo gol del Chucky Lozano frente a Alemania, que convirtió ese Día del Padre del 2018 en el más feliz de mi vida. Y, cuando irremediablemente, quedemos eliminados de esta copa, busquemos cualquier excusa para justificar nuestro duelo, enjuguémonos las lágrimas, y apuntemos nuestra alegría en apoyar al menos posibilitado de los equipos restantes. Es decir, al rival más débil.

lunes, 8 de junio de 2026

MARUCHAN AIRLINES

Eran los albores de los años ochenta. En un México asomándose a la modernidad, a punto de ser el primer país que por segunda ocasión sería sede de un mundial de futbol, y terminando de digerir esa máxima histórica que por un tiempo nos hizo soñar con estar en la deseada situación de tener qué dedicarnos a administrar la abundancia. Las familias de clase media comenzaban a realizar el anhelo de tener casa propia, y los créditos bancarios eran suficientes para también darse el gusto de manejar un buen coche.

Por esas épocas, estando en mi incipiente pubertad, me dedicaba a no estudiar, a jugar en la calle la mayor cantidad de tiempo posible, y a ver a mis padres contentos por sus logros, pero siempre vigilantes de la clase política. Para ellos, la modernidad llegaba en forma de acceso a oportunidades, y algunas notas curiosas de novedades tecnológicas en algunos países lejanos. Para mí, llegó en forma de una novedosa sopa instantánea cuya fama creció en México a la velocidad de la luz: Las sopas instantáneas de la marca Maruchan.

En aquel entonces, la mayoría de los mexicanos ni por error habíamos escuchado la palabra “Ramen”, por lo que para mí era el mejor invento de la creación, y los primeros asomos de muchos de mis contemporáneos a la cocina de alta gama. Increíble me parecía tener la posibilidad de prepararme una deliciosa sopa de pasta, con unas pequeñas larvas que en la foto de la envoltura hacían las veces de camarones, o cualquier otra proteína, presuntamente de origen animal. Era hermosa la simpleza que significaba hervir un poco de agua, verterla dentro del recipiente desechable, taparla durante tres eternos minutos y ¡Voilà! Había culminado la preparación de mi primer platillo, digno de chef con estrella Michelin.

Se volvió rápidamente un platillo muy popular entre todos los mexicanos, dada la facilidad con que se puede salir de un apuro al tener a la mano una de estas sopas. Además de que en verdad me parecía deliciosa. Algo tendría qué ver el exceso de glutamato en su condimentación, más los dos limones y las cantidades estratosféricas de salsa Guacamaya con que las aderezaba.

Pasaron los años, y estando como estudiante en la Ciudad de México, recibí una invitación. Un entrañable maestro que estaba ya muy entrado en años, fue solicitado por una universidad en Guadalajara para dar una conferencia magistral. Mi maestro tuvo a bien invitarme, no porque tuviera yo demasiados méritos académicos, sino tal vez porque me veía buen lomo para cargar maletas. Acepté gustoso por la oportunidad de escuchar su ponencia, además de tener el honor de compartir más tiempo con un maestro que el día de hoy es referencia histórica del Conservatorio Nacional de Música.

Como a mi maestro, por su avanzada edad, le causaba cierto temor viajar en avión, solicitó que le enviaran dos pasajes de autobús, eligiendo la noche como un buen momento para la travesía. Quedamos entonces de vernos en la estación Observatorio, de la cual partiría nuestro autobús.

Para mi mala suerte, quizás a causa de una de las tantas taquerías callejeras que como estudiante visitaba, el día que nos iríamos de viaje a la perla tapatía, yo amanecí con una diarrea de los mil demonios. Por fortuna, en la residencia de estudiantes en donde vivía, había varios médicos, que me recetaron inmediatamente tomar una milagrosa pastilla de nombre Lomotil. ¡Santo remedio! En menos de un par de horas, mis evacuaciones disminuyeron con tendencia a cero, y estaba listo para el emprendimiento.

Entre mis ocupaciones juveniles y mi poca práctica en la administración de mi tiempo, llegué a la central de autobuses a las carreras y, por prudente precaución, sin haber comido ni cenado. El hambre que ya hostentaba en ese momento, mas mi exceso de confianza en la cura anteriormente administrada, me dieron la gran idea de cenar algo antes de subirme al camión. La solución fue muy sencilla: Fui a una tiendita de la estación, y tuve a bien cenarme una deliciosa sopa Maruchan.

La Loperamida, que es el ingrediente activo de la pastilla que ingerí para acabar con mi malestar, efectivamente tiene la capacidad de disminuir el número de evacuaciones y por consecuencia, restaurar la consistencia de las heces. Lo que no te dicen las letras chiquitas de ese milagroso medicamento, es que lo que provoca en el cuerpo humano es la parálisis casi total de las funciones intestinales.

El resultado fue muy poco agradable. Estuve durante todo mi viaje nocturno de ida, todos mis paseos por Guadalajara, toda la clase magistral de mi entrañable maestro, y todo el camino de regreso a la capital, eructando incontrolablemente mi sopa Maruchan. Duré prácticamente dos días enteros sin poder expulsar de mi cuerpo, ni por arriba ni por abajo, la bendita sopa instantánea que me ejecuté antes de nuestro viaje. Fue tanto el desagrado y el aborrecimiento a ese olor, que dejé de consumir el tan afamado producto por décadas. No me costó trabajo, puesto que con solo recordar ese viaje y las más de cuarenta y ocho horas que tuve la tripa paralizada, me bastaba para ni por equivocación acercarme un poco a cualquier sitio donde alguien estuviera ingiriendo dicho platillo.

A mediados de la década de los dos miles, ya habiendo terminado de procesar la falacia de la patria abundante que tanto nos prometieron, y en un mundo globalizado con acceso ilimitado a la modernidad, llegaron a México las aerolíneas de bajo costo. Por primera vez se hacía accesible a un número mucho mayor de compatriotas, la posibilidad de viajar por vías aéreas. Tuvieron por supuesto, y siguen teniendo, mucho éxito y una demanda cada vez mayor de pasajeros. En el afán de ser cada vez más competitivas, las aerolíneas que están en el modelo low cost comenzaron a vendernos en vuelo casi cualquier cosa que se te ocurra ingerir. Desde bebidas azucaradas, hasta cervezas y vino de mesa. Desde bolsas de papas fritas, hasta golosinas infantiles. Desde un sándwich de jamón y queso, hasta una inefable sopa Maruchan.

Fue ahí cuando nuevamente reviví mis demonios de décadas atrás. ¿Quién les dijo a las aerolíneas que es una buena idea vender en pleno vuelo, una sopa que necesita agua hirviendo y es peligrosa para los pasajeros, y que además tiene un olor penetrante que dentro de la cabina de un avión, se traslada fácilmente a muchos pasillos de distancia? Lo peor del caso, es que la popularidad de esta actividad ya se ha hecho por demás cotidiana. Es casi imposible subirse a un vuelo en este tipo de aerolíneas que, pasando los diez mil pies de altura sobre el nivel medio del mar, no comiences paulatinamente a percibir el olor a sopa instantánea. Ya me imagino a algunas personas que antes de abordar su avión, se están saboreando la Maruchan que se van a empacar a medio vuelo. ¡Todo mal!

Como la famosa frase del presidente José López Portillo no se ha hecho realidad, al menos para mí, no puedo darme el lujo de simplemente evitar las aerolíneas de bajo costo, tal como evito estar cerca de la maldita sopa. Sirva entonces esta anécdota para solicitar amablemente a los directivos de todas estas aerolíneas que, por motivos de seguridad a bordo del vuelo, tengan a bien prohibir de manera definitiva la ordinaria actividad de ingerir una sopa Maruchan.

viernes, 20 de marzo de 2026

LA ÓPERA QUE NUNCA FUE

     Era el inicio del nuevo milenio. Vivía en la Ciudad de México y cada martes por la mañana, acudía a una clase de Literatura Contemporánea con el Maestro Germán Dehesa Violante. Mis compañeras, en su mayoría mujeres, eran puras señoras de las Lomas, literalmente. Mi asistencia, era posible gracias a la beca de mi amigo Don Fernando Batista, quien pagaba mis clases a cambio de que yo le cifrara para guitarra, canciones de Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, y otros brasileños dispuestos a complicar la existencia de cualquier músico en ciernes. Él me las pasaba en cassette, yo se las regresaba en papel pautado. Este justo intercambio, me dio la oportunidad por algunos años de ser alumno de uno de los escritores y columnistas más importantes en la historia de nuestro país.

    Con el tiempo, fui teniendo una relación cercana con Don Germán (como siempre lo llamé, sin que este tratamiento le cayera muy en gracia). Me recordaba a mi señor padre que, cuando alguien lo llamaba Don, inmediatamente contestaba: Ni viejo estoy, ni dinero tengo...

    Con el Maestro Dehesa compartí sendas pláticas sobre música, que era el único tema en el que yo tenía una mediana solvencia intelectual para charlar con él. Sabía de mis estudios en el Conservatorio, y de mis intenciones de convertirme en un futuro Director de Orquesta. Fue entonces cuando comenzamos a hablar sobre su proyecto de escribir el guión para una ópera, cuya historia transcurriría en el Barrio Bravo de Tepito. Su idea era realizar una obra, con una calidad musical como para presentarse en el Palacio de Bellas Artes, y con una temática tan divertida como para exhibirse también en el Teatro Blanquita. La composición musical, estaría a cargo del Maestro Héctor Gerardo Tamez Domínguez. Estábamos completos (dijo el colado). Y de hecho, sí, platicamos muchas veces sobre la posibilidad de materializar este proyecto, y ser yo quien dirigiera la orquesta en el ansiado espectáculo.

    Por esa época, recibí una propuesta de trabajo temporal en el extranjero. Me puse entonces en contacto con el Maestro Tamez para preguntar sobre el avance de la obra y así poder estimar mis tiempos. Sin embargo, me comentó que Don Germán todavía no le enviaba ni siquiera los bocetos del guión. Era muy entendible. La carga de trabajo y actividades del señor Germán Dehesa, siempre fueron de proporciones sobrehumanas.

    Pasó el tiempo que todo lo cura, y también todo lo mata... Mis sueños artísticos se desvanecieron, y la vida se encargó que que no volviera a ver a mi maestro. Eso sí, lo seguí leyendo diariamente en el periódico Reforma, hasta que un buen día de verano del año 2010, su columna me dejó helado... Una semana después, falleció.

    Con el paso de los años, en ese ejercicio estéril al cual mi carácter nostálgico tiene cierta adicción, decenas de veces me ha pasado por la cabeza "qué hubiera sido si" ese proyecto lo hubiéramos materializado. Tal vez mi vida como músico habría continuado... También muchas otras veces llegué a pensar que toda esa historia posiblemente solo es producto de mi imaginación, ya que aquella vida hoy me parece tan ajena, que bien podría ser un pasado ilusorio e inexistente dentro de la trama informacional de mi ser. Porque cabe mencionar que, en los más de 15 años en que leí diariamente La Gaceta del Ángel, como se llamaba su columna en los periódicos del Grupo Reforma, Don Germán jamás mencionó absolutamente nada sobre esta ópera. Llegué a pensar incluso, que posiblemente fue un proyecto que jamás hizo público, y sólo lo conocíamos unos cuantos.

    Hace unas semanas, la magia del internet me llevó a ver una entrevista televisiva que realizó la inolvidable Cristina Pacheco en Canal Once al señor Germán Dehesa. En ese programa, por primera vez y después de 24 años, volví a escuchar sus comentarios sobre esa ópera. Se me llenaron los ojos de lágrimas al recordar aquellas pláticas sobre este bonito sueño, que al parecer, en sueño se quedó. Yo dejé de tener contacto con Don Germán ocho años antes de su partida, y con el Maestro Tamez solamente hablé un par de veces. Ignoro entonces si este proyecto siguió su curso o tuvo algún avance significativo, solo sé que fue una parte importantísima de mi vida, el solo hecho de haber sido considerado para ser parte de...

    En el ejercicio de recordar y escribir, solo nos queda convertir la nostalgia en alegría, y observar muy de cerca todo el amor involucrado en cada historia de vida. Abrazo mi presente, y el infinito número de posibilidades de todos los "hubiera", sabiendo que en alguna de ellas, tal vez en otra dimensión, La Ópera del Barrio es una exitosa obra consumada, con guión de Don Germán Dehesa, música del Maestro Gerardo Tamez, bajo la dirección del maestro concertante Roberto Rojo.