viernes, 1 de junio de 2007

AY PAPACITO


¡Ay, papacito!

“No importa quién era mi padre; importa cómo lo recuerdo yo”

            El término “desde que tengo uso de razón” suele ser muy ambiguo. La primera infancia nos viene a la cabeza a manera de recuerdos vagos, a veces felices, a veces llorando. La gran mayoría de los recuerdos de mi niñez comienzan con una frase que siempre pronunciaba justo antes de esbozar una pregunta al eterno receptor de mis interminables dudas: “Oye, papá…”
            Fue a través de la sabiduría y la fantasía de mi padre como poco a poco fui descubriendo el mundo. Era de esperarse que entre tantas explicaciones en las que sintió la obligación de explicarme la vida, fluyeran algunas historias que eran totalmente producto de su imaginación.
Una de las que más recuerdo fue camino a visitar a la familia de Durango por la ahora olvidada carretera libre Culiacán-Mazatlán, justo enfrente del Cerro del Elefante. Le pregunté por qué el cerro tenía ese nombre, me dijo que cuando él era chico los elefantes eran muy grandes, que uno se había quedado a dormir ahí, murió, y con el paso de los años le habían crecido árboles y ramas de toda especie. A mí esa historia me causó largos minutos de reflexión, pero era el testimonio infalible de mi padre. Creo que en ese momento jamás imaginó que tres décadas después yo iba a recordar esa y muchas otras anécdotas al dedillo.
Este mes se celebra el Día del Padre. Existen padres anticuados y rejegos como lo fue el mío, que por encimita se niegan a recibir regalos y felicitaciones por considerarlo un día cursi y comercial, aunque en el fondo están tan contentos como una madre en su día.
En este país que a penas comienza a dar indicios de desarrollo, los sueldos de mis maestras de primaria habrían de ser más raquíticos que como lo son en la actualidad. Por esta razón era común que las profesoras buscaran métodos alternos para corretear el bolillo. Una de las prácticas más comunes era aprovechar la coyuntura que ofrecía el hecho de que en las escuelas se fomentara el ahorro entre los alumnos, razón por la cual unos días antes de algún festejo como los que en este momento tratamos, la preceptora en turno sacaba sus inmensos catálogos para intentar vendernos los tan famosos productos de la empresa multi-nivel que representaban.
A mí los regalos que ahí vendían me parecían formidables y de muy buen gusto, tanto que por dos años seguidos le compré a mi papá unos hermosos frascos con loción marca “Avón”. El primero envasado en una linda y roja lámpara de aceite con la leyenda “Coleman” al frente, y al año siguiente un hermoso frasco de cristal color ámbar, con la cara de un viejo barbón en la parte más gruesa de la botella que simulaba ser una ingeniosa pipa para fumar.
Meses después encontré las dos botellas de loción intactas. Debo aceptar que en ese momento mis sentimientos se vieron lastimados, y me costó algunos años enterarme de las ronchas que le provocaban a mi señor padre los líquidos de tan respetable compañía. Hoy ese suceso es para cualquier adulto muy sencillo de entender, así que recomiendo ampliamente a quienes se estrenan como papás que si se ven envueltos en semejante aprieto, vayan deshaciéndose paulatinamente del líquido en cuestión, hasta el momento en que su retoño esté en edad de entender lo molesto que resulta que cualquier persona nos quiera cambiar el aroma.
Regalarle algo a mi padre siempre me pareció el reto más difícil en cuanto a presentes se refiere. Si le compraba ropa, terminaba estrenándomela yo porque desde que soy un adulto (al menos en fisonomía) usábamos la misma talla. La música era una de sus pasiones, pero a mí me enojaba muchísimo regalarle discos porque invariablemente los extraviaba, a lo sumo en dos semanas. Una que otra vez le regalaba alguna novedad tecnológica por el puro gusto de ver la cara de emoción que hacía al descubrir su regalo, aunque minutos después lo abandonara para siempre.
Un padre suele ser quien nos enseña el lado no tan dulce de la vida, es por esto que en muchas ocasiones nos hace valorar lo que cuestan las cosas, y nos apoya siempre, teniendo cuidado en no mal-educar a base de consentimientos innecesarios. Es común también que concentren sus esfuerzos en querer realizar algunos de sus sueños en nosotros, por esta razón a un padre tan rústico como el mío le causaba corto circuito neuronal que el sueño de su hijo fuera ser un músico director de orquesta.
Algunas ocasiones buscando un propósito educacional, en un afán por no mostrar la risa y el contento que mis sorpresas le provocaban, mi padre ponía una nada convincente cara dura. Recuerdo especialmente la vez que llegué de sorpresa a una boda en la ciudad de Guadalajara donde mis padres estaban, y aparecí justo en el momento de la misa en que estaban dándose el saludo de paz (no intenten entender esta parte de la liturgia que se deriva de la traducción de la palabra hebrea shalom, que es lo que se decía el pueblo judío cuando se saludaba). También recuerdo la risa que le provocó una postal que les envié del viejo mundo con una sola frase que decía: “Papás, gracias por ayudarme a pasearme tanto”.
Carmelo es en este momento de mi vida quien hace las veces de mi vástago. Y toda proporción guardada, hasta un cachorro nos pude hacer entender que a pesar de todos nuestros esfuerzos de adiestramiento, no hay satisfacción más grande para un padre que ver a sus hijos sanos y felices.
Felicito en este mes a todos aquellos padres que a pesar de los errores propios de todo ser humano tuvieron la hombría y la lealtad para quedarse al lado de su familia y de sus hijos, y me precio de vivir en una familia en la cual aunque tal vez sucedió muchos años antes de lo que todos hubiéramos deseado, tuve un padre que permaneció al lado de sus hijos y de mi madre hasta que la muerte nos separó. Muy feliz día del padre.

Roberto Rojo Alvarez

martes, 1 de mayo de 2007

QUÉ DEMONIOS ESTOY HACIENDO EN AUSTRALIA



            Fue la pregunta que me hice después de un fatigoso vuelo de diez y seis horas y media, un movimiento de fecha poco sencillo de explicar, y un cambio de horario que para cuando me adapté a él ya era momento de volver.
            Estaba en Australia movido por el cariño a un gran amigo que celebró sus nupcias con mujer oriunda de aquel lejano continente. Lugar al cual jamás hubiera ido de no haber sido porque mi amigo se convirtió en Wedding Planer y me mandó la invitación con un año y medio de anticipación. En ese momento saqué la alcancía de Barney que mi hermana me regaló y me dispuse a ahorrar.
            Sydney, según parámetros desconocidos de cierto artículo que jamás he visto de una revista que ignoro cual es, es la ciudad con mayor calidad de vida en el mundo. No se necesita bastante tiempo para darle credibilidad a esta aseveración. Es una ciudad hermosa, moderna, ordenada, hospitalaria, económicamente accesible, con grandes áreas verdes, un transporte público impecable por mar y tierra, una de las casas de ópera más famosas del mundo que ahora está siendo nominada como una de las 7 maravillas del mundo moderno, una de las playas más codiciadas por los surfers, el Centro Comercial más bonito del mundo según Pierre Cardin, y unos murciélagos en el aire que por su tamaño parecen becerros.
            Impresiona mucho el orden de las personas y el cuidado que se tiene en los detalles al ciudadano común. Por ejemplo, cada esquina de la ciudad cuenta con los siguientes aditamentos: Un bote de basura con un cenicero arriba y un área especial para el apagado del cigarrillo; una leyenda en el suelo donde se indica al transeúnte a qué lado se debe de voltear a ver si viene vehículo debido a que en aquel país se maneja en contra-flujo con respecto a la mayoría de los países del mundo, y un semáforo peatonal con sistema Braile para oprimirse cuando se desea cruzar que emite un sonido según la dirección y el estatus del mismo.
            Esta ciudad brinda la posibilidad de recorrerse totalmente a pie. Tiene dos muelles repletos de bares y restaurantes con una variedad impresionante de bebidas y alimentos, todos de la localidad. También grandes parques aptos para ejercitarse, costumbre que no es precisamente de mis fuertes, pero sí de los australianos que a cierta hora vacían la ciudad y se vuelcan sobre los parques con este propósito. Y para quienes gustan del Surf, está la famosa playa Bondi.
            Es en Australia el Surf realmente un deporte nacional. Sorprende mucho ver tanto a niños de menos de un metro de estatura, como a señoras con su tabla en la mano dispuestas a meterse al mar a surfear. Un dato interesante es que fueron los australianos quienes inventaron los billetes plastificados, para evitar que se percutieran cuando la gente entrara al mar. También hay un número abrumador de tiburones, lo cual no hizo mella en mi amigo Proto cuando le pregunté al respecto unos minutos antes de que se metiera al mar contestándome: “Hay más de doscientas personas surfeando, ¿qué probabilidad hay de que me coma uno a mí?” Tenía razón, nada le sucedió.
            La boda fue en definitiva la mejor parte de mi viaje, y me veré obligado a contarles un poco para poder describir a mayor detalle al pueblo australiano.
            De Sydney me trasladé por avión a Brisbane para acercarme al sitio de la boda. Aquel país afortunadamente no comparte la psicosis enferma de nuestros vecinos del norte, y en sus aeropuertos a las personas realmente las tratan como personas, evitando quitarte cintos, zapatos, relojes, monedas, etc. Tan es así que cuando me bajé del avión y salí del aeropuerto recordé que olvidé mi libro guía en el respaldo del asiento. Bastó con pedirle permiso al tipo de la entrada para que me dejaran ir sin pedirme absolutamente nada hasta la nave por mi objeto. Otra peculiaridad de las líneas aéreas de aquel país es que las sobrecargos hacen muchas bromas al momento de dar las instrucciones, con el fin de que los pasajeros rían a carcajadas y esto los libere un poco del nervio de volar. A mí realmente no me causó ninguna gracia el guión de las azafatas, no porque no fuera gracioso sino porque el inglés australiano es una cosa tan difícil como el náhuatl precolombino.
            Del aeropuerto de Brisbane tomé un autobús rumbo a Mooloolaba, playa donde sería el matrimonio de mis amigos. Además de que estos señores manejan constantemente en lo que para mí es un claro sentido contrario, es muy curioso ver por las carreteras los típicos letreros con un rombo amarillo donde en lugar de venir una vaca o un par de niños con mochila queriendo cruzar, está impresa la silueta de un canguro.
            Canguro significa en la lengua nativa australiana “No te entiendo”, que era lo que contestaban los nativos cuando los colonizadores ingleses preguntaban por el extraño marsupial. Este animal es tan común en aquel país como los grillos en Culiacán en tiempos de aguas. La población en Australia es de veinte millones de habitantes, mientras la población calculada de dicho animal sobrepasa los cuarenta y cinco millones. Por esta razón se permiten vender souvenirs de infinidad de objetos provenientes de la piel de dicho animal, y las hamburguesas de canguro es un platillo que no se puede dejar de probar. Lo más extraño que vi fue un abrelatas con un letrero que decía “Kangaroo Eggs”, que consistía en un abre-sodas metálico incrustado en los escrotos disecados de canguro real. Grotesco recuerdo éste, pero como bien canta Serrat en la intitulada canción La Aristocracia del Barrio: “Ha de haber gente pa’ todo”.
            La boda fue un éxito. Rodolfo encargó dos botellas de tequila por mexicano puesto en Australia, y de alguna manera hizo llegar a aquellas lejanas tierras una maleta de falluquero llena de toda la parafernalia que se reparte en las bodas mexicanas. Además de que los güeros aquellos son buenos para la bebida, fue un éxito aderezarles la boda con collares, globos, maracas, coronas, faldas hawaianas, y sombreros de charro. Pero el momento de clímax llegó cuando comenzó la canción de “El Santo, El Cavernario” a cargo de La Sonora Santanera y sacaron las máscaras de luchadores. Fue una arrebatinga de grandes y chicos, mujeres y señores, todos con una máscara que no tenían idea con qué se comía. Hasta se acercaban a nosotros sacándonos la lengua, frunciendo las uñas y exclamándonos “BUUU”. Como nuestra situación etílica no estaba en condición de explicarles nada, mejor hacíamos como que nos asustábamos.
            Pasaron las fiestas y dos días después la resaca, y nos dispusimos a acompañar a los recién casados a un ranchito propiedad del papá de la novia. La peculiaridad de este predio era que por alguna extraña razón había wireless conection (estoy muy cansado para explicar), y que al salir a caminar te topabas con canguros brincoteando por el monte. Luego nos fuimos a casa de los papás de la novia a festejar el cumpleaños del ahora suegro de mi amigo.
            Este señor nos contó la historia más inverosímil que se puedan imaginar. Resulta que existe por allá una especie extraña de pavo que es monógamo, y el lugar donde se aparea por primera vez es el lugar donde debe de hacer su nido (Nota: Todas las especies de animales en Australia son extrañas, no entiendo lo de la monogamia, y mucho menos su cerrazón por el cambio de domicilio). Pues resulta que este señor tiene un problema con un pavo que hace ya nueve años hizo su gracia y su nido en el patio de su casa (que es particular). Le ha hecho una serie de artimañas para que el pavo se vaya, pero este nomás no quiere. Incluso una vez le salió contraproducente porque le puso una lancha vieja encima del nido para que no lo encontrara se fuera, pero ¡oh, sorpresa!, al día siguiente el pavo tenía un nido del tamaño de dos pisos encima del bote del señor.
            No me sorprende el instinto del pavo que sus razones tendrá (o no) para hacer su nido en el lugar de su primer encuentro íntimo. Lo que me sorprende es que ni siquiera está en los parámetros mentales del señor la simple y sencilla solución de degollar al maldito pavo. Y es que en aquellas tierras el respeto por la naturaleza es religión. De hecho, por ley está prohibido agredir a cualquier especie de animal si éste no te agrede a ti primero. Ese es el tipo de cosas que habría qué aprenderles.
            El país es enorme, tanto que es casi por sí solo un continente, y desafortunadamente solo tuve oportunidad de conocer un poquito. Lo bueno es que me quedaron muchísimas ganas de volver, y en nada me afectaría que el destino me llevara a vivir un tiempo por allá. Recomiendo ampliamente su comida, su cultura, su gente, sus tradiciones, y su geografía en general. La vida me permita volver a cantar a José Alfredo Jiménez por allá.

Roberto Rojo Alvarez

lunes, 1 de enero de 2007

A PROPÓSITO


A propósito...

La paciencia es uno de los mejores caminos para alcanzar nuestros propósitos”


            ¿Y dónde demonios venden paciencia? También el mejor remedio para los problemas que da un automóvil viejo, es comprarte uno nuevo. Pero eso, al igual que el consejo cursi que enuncio arriba, es un remedio útil a quien tiene dinero y a quien tiene paciencia. Para nosotros los que aproximadamente tres veces al día sentimos la necesidad de esbozar la reconfortante frase “Serenity now! (Seinfeld, 1997)”, de poco nos sirve un caldito de pollo para el alma.
            Los propósitos de año nuevo son, hasta donde la memoria me asiste, una entera llamarada de petate. No conozco hasta el día de hoy a alguien que haya abandonado algún hábito gracias a un propósito hecho en año nuevo. Pero tal parece que nos gusta en estas fechas hacernos a la idea que sí, efectivamente, este año dejaremos de hacer o de ser eso que tanto nos molesta.
            Curiosamente los seres humanos convertimos en ritual público todo aquel compromiso que sabemos nos será difícil de cumplir o sobrellevar solos. Por esta razón el compromiso del matrimonio lo hacemos ante tanta gente y con testigos, como también para un funeral convocamos a nuestros seres queridos. Lo mismo sucede, toda proporción guardada, con los propósitos de año nuevo. Ahí estamos año con año gritando a los cuatro vientos nuestros propósitos, que comienzan por supuesto el próximo lunes. Pero el próximo lunes con frecuencia llega hasta febrero.
            No cabe duda de que en mi configuración genética no termina de desaparecer el gen judío, porque a mí en lo particular los remordimientos me entran por allá en septiembre, cuando me di cuenta de que ya se me fue el año y yo sigo idéntico o peor. Es entonces que calladito la boca hago acaso un propósito. Siendo honestos, es más fácil cumplirlo de esta manera, no siendo así yo un buen ejemplo. Confieso abiertamente que cada vez en mi vida que he dejado un mal hábito ha sido forzado por las circunstancias, no por voluntad ni por virtud.
            Analicemos un poco algunos propósitos recurrentes con los que una vez más nos volvimos a topar este año:
            1.- Adelgazar, el primero. Este es el propósito más común, que se disfraza de varias maneras tales como: Ponerme a dieta, Hacer ejercicio, Ir al Nutriólogo, Alimentarme más saludablemente, No tomar refresco, No comer pan, No comer tortillas, Bajar “N” kilos, Levantarme a caminar, Inscribirme al gimnasio, etcétera.
Vamos a ver. En lo que a la alimentación se refiere, es ilógico pensar que después de la cena que nos echamos el fin de año, la rosca de Reyes que ahí viene en unos días, aunado al considerable aumento del tamaño de nuestro estómago a causa de estas fechas, vamos a dejar de comer. Todo lo contrario, chatos. Hoy te da más hambre que hace un mes, y necesitas más alimentos para quedar tan solo satisfecho. Además de que con el frío tu cuerpo te solicita harinas y grasas. ¡Qué belleza!
Sobre el ejercicio. Estás haciéndo el propósito de levantarte a caminar en el mes más helado del año. Efectivamente, en enero hasta en Culiacán hace frío. Si bien te va, te auguro media semana de éxito. En cuanto a los gimnasios, todos ponen sus promociones de inicio de año y estos se tienden a abarrotar. Por lo tanto, tu propósito de meterte a la clase de spinning se ve frustrado porque día con día te enfrentas a una realidad: ya no alcanzaste bicicleta. Pero no te preocupes, ya te volverá el ánimo cuando sientas de nuevo la urgencia de adelgazar porque se acerca Semana Santa, cuando de nuevo estará de vuelta lleno el gimnasio, o bien, tu promoción haya concluido. Si eres lo suficientemente obstinado, pagarás por dos meses más el gimnasio y volverás a hacer el propósito de levantarte temprano para ir a hacer ejercicio, al fin que ya no hace tanto frío. Es justo entonces cuando viene el cambio al horario de verano y desbarata el cuadro, porque suena el despertador para irnos al gym y resulta que todavía es de noche. Hasta entonces nos asiste la razón y finalmente pensamos: ¡Esto es inhumano!... Ahí comienza el proceso de aceptación de las lonjas, y se vislumbra la posibilidad de asistir en vacaciones a un lugar que no necesariamente sea playa.
2.- Dejar de fumar. Este debe de ser el segundo propósito más recurrente, y lo celebro. En esta tarea el éxito depende de qué tan asqueados del cigarrillo hayamos terminado tras las fiestas decembrinas. Existe también una gran ventaja sobre este mal hábito, y es que cada fumador en el mundo sabe de cierto que fumar, mata. Entonces, con frecuencia alguna enfermedad respiratoria de esas que llegan y se van con el invierno, una asquerosa flema negra, el insufrible apeste, o el reflejo amarillo de nuestros dientes frente al espejo, nos puede hacer reconsiderar continuar con este vicio... Afortunadamente existen muchos métodos que ayudan en esta misión, y un alto porcentaje de ellos realmente funciona.
3.- Meterme a clases de... En la mayoría de los casos, amiga amigo, te darás cuenta de que si precisamente no estamos en clases de, es porque no tenemos talento para... Como bien me dijo alguna vez un gran amigo, el Dr. Don Humberto Choza Gaxiola: “Esas clases de lectura rápida no sirven para nada, pero es bueno que tengas la inquietud de aprender”. Pues eso, que la sola inquietud por aprender cosas nuevas es algo que nos mantiene vivos.
Al respecto te diré también que es muy mala fecha para entrar a clases de algo, porque los ciclos escolares en nuestro país comienzan en verano, y las clases particulares resultan caras debido a que los profesores también sufren la cuesta de enero. Pero te tengo una buena noticia, si para septiembre sigues conservando este propósito, es muy probable que lo lleves a feliz término.
4.- Conseguir pareja... Para este propósito, ya vas muy retrasado. Lo debiste de haber hecho hace dos meses, cuando el frío se comenzaba a asomar y los brazos ajenos estaban ávidos de abrigo, cuando la Feria Ganadera estaba cerca, y cuando tenías muchas actividades a dónde te acompañara tu pareja a festejar. Ya para enero lo único que conseguirás son sobras, y un poco antes del día de San Valentín buscarás un mal pretexto para deshacerte de ella. Si eres más sinvergüenza, esperarás tu regalo el 14 d febrero y sólo entonces planearás la graciosa huída.
5.- Tratar mejor a quienes no me caen tan bien... En algunas familias, no así en la mía, con frecuencia coexiste un ser desagradabilísimo con quien queremos estar con una pared de por medio. Es de esos seres humanos con los que simplemente no hay química, sentimiento muy probable en ambas direcciones. Pero resulta que es “algo” de la familia, y queremos volver a hacer un intento por encontrar algún tema de confluencia. El problema es que ese intento lo hacemos mientras estamos en la reunión familiar de fin de año, cuando esa persona está ebria, trae doce uvas dentro de la boca, su camisa manchada, el pelo desaliñado, y su abrazo blandengue nos aumenta y nos recuerda el motivo de nuestra repulsión.
Si nos entercamos, le damos la oportunidad de que pase la resaca del champagne, y algunos días después nos sentamos en la sala con esa persona para ver de qué platicamos. Pues te tengo una sorpresa: Este año tampoco tendrás absolutamente nada de qué platicar con él, o ella, o ellos. Reconsidera tu propósito y déjalos en santa paz, que muy probablemente ellos a ti también te detestan, en efecto, por un año más.
En mi familia este problema terminó muchos años atrás, cuando “el ojos de mujer” decidió abandonar una familia en la que no habría cabido jamás.
6.- Por último hablaré de un propósito que no mucha gente suele hacer, y que es el más noble: Ayudar a los demás... Este propósito es el más desinteresado, y tal vez el que más nos sirve como personas. No necesitamos poseer muchos bienes materiales, solamente la voluntad y el firme propósito de hacerlo. Desafortunadamente el mexicano en su generalidad desconfía bastante de los organismos de asistencia pública, pero hoy en día contamos con la ventaja de tener a la mano a muchas organizaciones transparentes y sin fines de lucro.
No se trata de convertirnos en el vivo ejemplo de la dádiva, sin embargo el mexicano es generoso por naturaleza. Así que busquemos la manera de hacer la vida más agradable a los demás. A muchos que con lo que a nosotros nos sobra, les producimos en verdad un cambio radical de vida.
Este año, y ojalá que muchos años más, hagamos el propósito de aceptarnos tal como somos, que Dios no necesita más para estar profundamente enamorado de nosotros. 

Roberto Rojo Alvarez

viernes, 1 de diciembre de 2006

EL PUENTE GUADALUPE REYES


El Puente Guadalupe Reyes

“Cruza el amor / Yo cruzaré los dedos” (Gustavo Cerati)

            En aquel entonces todavía era un niño, o como hasta el día de hoy, me negaba a dejar de serlo. Mi madre llegó de un viaje por la ciudad de San Francisco, el cual resultó fascinante a toda la familia por diversas razones.
La primera es que había asistido a un concierto de Raphael y se había logrado colar tras bambalinas. Como prueba de ello trajo una foto a un costado de la puerta del camerino haciéndose acompañar por el español, además de un poster autografiado que permaneció colocado tras la puerta del baño de la habitación de mis padres hasta el mismo momento en que dicha puerta dejó de existir.
La segunda razón fue que en el transcurso del viaje mi madre se había subido al automovil de su tío Febronio, propietario de un restaurante mexicano en San Francisco de cuya fotografía solamente recuerdo las palabras “Mexican Food”. Ese coche era un Rolls-Royce, por supuesto.
La última razón, que para mí fue la más impactante, era una fotografía de mi mamá con mi tía Tina, y de fondo el impresionante puente Golden Gate.
A partir de esa foto tuve largas charlas con mi padre sobre el tema. Me contó que San Francisco era la ciudad de los puentes, ya que ese era únicamente el más importante pero que había otros más. Yo pensé que Culiacán también tenía mucho potencial, dado que hay tres ríos y eventualmente se necesitarían más puentes por dónde cruzar. Aunque ciertamente me discrepaba un poco el ver la foto del Golden Gate Bridge y después compararlo con nuestro Puente Juárez, por ejemplo.
Comencé a recabar datos curiosos sobre la manera en que se habían construido los puentes famosos, su altura, su longitud, los metros de claro entre una torre y otra, materiales, etc. Tardé muchos años en comprender por qué los llamaban “colgantes”, si claramente se les veían sus dos patitas sobre el mar. Hasta llegar al punto de inscribirme a la facultad de Ingeniería Civil del Tecnológico de Monterrey, por qué no, para hacer uno de esos.
Los años me fueron poniendo en mi lugar, hasta que me di cuenta de que lo máximo que podríamos llegar a hacer en Culiacán es poner estructuras como la del Puente Negro para adornar el resto de los puentes de la ciudad, y tal vez ese podría llegar a ser un distintivo y un pequeño atractivo turístico de nuestra bella capital.
La vida siguió su curso, y como a cada mexicano en el mundo Dios siempre le tiene preparada su revancha, un buen día desperté pensando: “Hay un puente con el que sí nos los empinamos a todos: El Puente Guadalupe Reyes”.
Consiste éste, como todo hombre de bien lo sabe, en tomarse muy en serio los festejos comprendidos entre el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, hasta el 6 de enero, día de los Santos Reyes.
Para el mexicano la fortísima devoción guadalupana es motivo de gran fiesta. Causa de esto la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México es el templo católico más visitado del mundo, aun por encima de la Basílica de San Pedro en Roma. Esta tradición existe en todo el país, y gracias al Papa Juan Pablo II ahora en todo el continente americano.
Aquí lo festejamos en La Lomita. Miles de personas visitan nuestro templo con cientos de niños disfrazados de San Juan Diego, y a las niñas las visten de Adelitas. Cabe mencionar que la Adelita es un personaje de la Revolución Mexicana que existió algunos cuatro siglos después, pero sucede que si solamente al hermanito disfrazan luego la niña se siente. Además para que desquite el disfraz que se le puso a la niña en septiembre.
Los festejos del mexicano después continúan con las tradicionales posadas. Consiste esta fiesta en conmemorar un pasaje de la historia de Cristo en la que su madre no encuentra quién la deje entrar a dormir mientras viajaba y la encontraba la noche. Esto el mexicano lo traduce en un grupo de gente dentro de una casa y otro grupo afuera, velitas, ponche con piquete, buñuelos, y los dos grupos de gente intentando leer bajo los influjos del alcohol un papelito ya lleno de cera con la letra de una canción que lo único que sabemos de memoria es “Entren, Santos Peregrinos... Peeeregrinos”. No veo la razón por la cual se necesitan varios días para conmemorar ese pasaje de la vida de Cristo, aunque tampoco lo discuto mucho porque este año estaré invitado a varias posadas.
Ya con el cuerpo más o menos golpeado llegamos a la Noche Buena. Los gringos nos mandan los pavos que no lograron vender en su Thanksgiving y aquí les inyectamos vino blanco (o del que haya) por todo el cuerpo, y los rellenamos de picadillo. Si la familia no es muy grande se usa un pollo, que es mucho más sabroso. Y si la ascendencia familiar es española, con suerte se cena un buen bacalao, pescado del cual sólo conozco un frasco de aceite llamado “Emulsión Scott” que es lo que le intentaban dar a mi hermana mayor cuando no quería comer. La sola amenaza y el temor que a ella le provocaba dicho jarabe, hizo que mi apetito no se permitiera fallar jamás.
El resto de la semana que le queda al mes de diciembre, la familia se alimenta con todas las variantes posibles del pavo recalentado sobrante de la cena de Navidad. También se hacen los preparativos para la recepción del Año Nuevo, que consiste en acumular muchos litros de alcohol y muchos kilos de pólvora para los cohetes. El licor y sus placeres me los puedo explicar, pero el otrora condimento chino, envuelto en papel periódico, definitivamente no.
Llega la última noche del año (Noche Vieja, la llaman los españoles), y nos disponemos a cenar, aunque nunca sabemos la hora más prudente para comenzar. A veces porque el tío mandilón sigue en casa de su suegra y hay qué esperarlo, o porque simplemente la cena no está lista. Si empezamos muy temprano, luego falta mucho tiempo para el festejo y la gente mayor no llega al año nuevo porque se va a dormir. Si nos quedamos cortos en tiempo, estamos muy satisfechos al momento de tener qué deglutir las doce uvas en el conteo regresivo de diez segundos, y esta pesadumbre combinada con los vinos nos puede provocar un poco de nauseas. Sobre todo si a penas completaron el paquete de uvas y nos toca alguna con semilla.
El desvelo y la probable resaca que nos provoca ese día solamente se puede sobrellevar si le damos continuidad a los festejos, bajo cualquier pretexto. Generalmente es despidiendo a los parientes foráneos que vuelven a sus sitios de origen, terminándonos los víveres supervivientes de los festejos anteriores.
La última fiesta, que ya más bien es necedad, es el día de los Santos Reyes. Bien a bien ya no sabemos ni qué tomar ni qué comer, pero sabemos de cierto que es el último día de la temporada en que nos permitimos algunos excesos. Convertimos el Oro, Incienso y Mirra (sigo sin saber qué es la mirra) en tamales, pastel y bebida, y al más morenito de la familia lo llamamos Baltasar en son de burla.
Éste es sin duda el puente más largo del mundo, y solo la alegría del mexicano es capaz de construir cada año uno nuevo. Aunque le provoca a las damitas el impulso de permanecer a dieta por los próximos 3 meses del año, y con bastante frecuencia a algunos hombres hacer el propósito de dejar de fumar. Crucemos pues con responsabilidad este 2006 nuestro orgulloso puente Guadalupe Reyes. Bon voyage.

Roberto Rojo Alvarez

viernes, 16 de julio de 2004

SOBRE LA DIOSA CERES


SOBRE LA DIOSA CERES

A mi amigo Josema,
futuro de la agricultura sinaloense.

            Tanit fue su original nombre de origen fenicio, luego pasó a ser Deméter en la antigua Grecia, y finalmente Ceres en el imperio romano. Esta no es precisamente la evolución de un baile de coronación que llegó a través de los siglos hasta la ciudad de Culiacán, sino el nombre de la Diosa mitológica de la tierra y la fertilidad. Por tal motivo, la asociación de agricultores organiza anualmente esta fiesta en su honor.
Uri era el nombre del iraquí chofer del autobús que nos recogió afuera del “Ben-Gurión”. Lo primero que se observa a la salida de este aeropuerto es un anuncio de la cerveza Corona, y siendo yo un mexicano ordinario como tantos, me emocioné cual si mi progenitor fuera socio accionista de esta empresa. No deja de ser curioso que allá al otro lado del planeta, en el país (desértico) más avanzado del mundo en cuanto a agricultura (y otras varias cosas), lo primero que vi después de más de 24 horas de vuelo sea un anuncio de la cerveza nacional.
Recorríamos las modernas calles de Tel-Aviv en busca del hotel que habría de hospedarnos por un par de noches aquella semana santa de 1998, cuando me percaté de que en todos los camellones de la vegetadísima ciudad había mangueras color negro empotradas en la tierra que las contenía. Pregunté de súbito al guía, un argentino de raza judía que vive en Israel, el por qué de tanto plástico en los camellones. Me comentó que todas las plantas en esa ciudad son irrigadas artificialmente. Ante mi cara y mi seguramente ordinario comentario de asombro me comenzó a dar datos asombrosos en cuanto a lo que ha hecho la raza judía con aquel desierto.
Pues que de desierto Israel tiene ya muy poco. Por medio de sistemas muy avanzados de aprovechamiento del agua, han hecho bosques enteros a base de irrigación artificial, y esto ha producido cambios climáticos favorables para este país, provocando así la atracción de más agua y alargando considerablemente sus temporadas de lluvias. Esto lo pude constatar rápidamente, ya que no solo en los camellones de esa ciudad había mangueras por doquier, sino en todas las ciudades y en absolutamente cada kilómetro de sus carreteras. –“Es porque tienen mucha lana”-, diría mi tío Juan. Pienso que hay mucho más que eso, sobre todo porque es conocido que la raza hebrea se distingue por ser muy trabajadora y eficiente. Fuera de toda distinción racial, da gusto ir a un lugar tan hermoso donde hace apenas 60 años existía tan solo un desierto.
En el rancho “Las Lumbreras”, que se encuentra en el municipio de Nombre de Dios en el estado de Durango y es propiedad de mi tío Lorenzo Aceval, tuve mi primer contacto hace mucho tiempo con algo que para ese entonces me parecía como ciencia oculta: El riego por aspersión. En cada surco se encontraba enterrada una manguera con agujeros estratégicamente colocados para dar a cada planta la cantidad de agua y de nutrientes que necesitaba. El día de hoy se encuentra en ese rancho trabajando con Javier mi primo un grupo de estudiantes de la facultad de Agronomía de la Universidad Juárez de Durango. Hacen un experimento para combatir las fortísimas sequías que aquejan a ese estado produciendo alimento con los nutrientes que en esas fechas el ganado necesita. Este es el desarrollo agrícola de esa región.
En el municipio de Guasave existe un ejido cuyos habitantes de haber sido oriundos de París, la ciudad luz, estarían poco menos orgullosos. Es el famoso pueblo de La Trinidad, a cuya virgen (¿?) adoran anualmente el día (de “La Virgen”) de La Santísima Trinidad. Este es un pueblo rodeado de hectáreas de cultivo principalmente de tomate, frijol y maíz. Cuando estaba escuincle, por recomendación de mi papá me metía en los sembradíos cargando una bolsita con sal y arrancaba tomates para comérmelos ahí mismo. Deliciosa experiencia con el campo, aunque lo mío lo mío haya sido la música. Evidentemente mi padre fue siempre amante de la ciencia de la Agronomía, pero la consideraba impropia para estudiarla si uno de familia no contaba ya con tierras qué trabajar.
Sinaloa es hoy por hoy el estado de la república mexicana con mayor importancia en cuanto a la agricultura, y uno de los productores más importantes a nivel mundial de tomate, pepino y berenjena, por citar tan solo tres ejemplos. Esto nos confiere a los sinaloenses una responsabilidad muy importante en cuanto a la economía nacional y al futuro de nuestra gente.
Año con año, la ciudad de Culiacán es sede de la exposición agropecuaria más visitada de México. Nos honran con su presencia expositores de todo el mundo, y los productores locales aprovechan para modernizar su infraestructura. Yo solo la visito porque el despliegue de mujeres edecanes es sin duda uno de los mejores del mundo. Podrán ser los visitantes extranjeros más avanzados para la moderna tecnología agrícola, para la manipulación genética de semillas, o para el buen aprovechamiento del agua, pero en cuanto a mujeres guapas por favor sí se me sientan un rato. A las pruebas nos remitimos.
Guillermo Sheridan, agregado cultural de México en París, escribió hace algunos dos años un artículo en la revista “Letras Libres” sobre lo complicadas que son las instrucciones de los equipos electrónicos galos. Más de una década atrás, Francia se encontraba ante el inminente problema de la unificación económica de Europa. Su PIB era básicamente fortalecido gracias a su tecnología y a que los franceses son tan nacionalistas que difícilmente importaban tecnologías de otras partes del mundo por consumir la propia. Pero qué sucede, que sus gobernantes fueron muy inteligentes y previsores, y al saber que no podrían competir con el desarrollo tecnológico alemán, decidieron volver a dar una mirada al campo. Se prepararon arduamente, de tal manera que cuando finalmente se dio la unificación europea, los franceses eran y siguen siendo los principales productores agrícolas de la Unión Europea.
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá se firmó en el sexenio del ahora innombrable Carlos Salinas de Gortari. Diez años de plazo nos dieron para liberar el comercio de los productos agrícolas. Llega el 2003 y nuestras autoridades no hacen más que llorar ante un problema muy anunciado. No tenemos vergüenza. En vez de prepararnos durante una década para ser competitivos a nivel internacional, lo único que se ha hecho con el campo es marginarlo y dejarlo caer. Pero México tiene más vidas que el Coyote del Correcaminos, y con el esfuerzo de todos nuestros agricultores podremos salir bien librados de este añejo problema.
En el año de 1990 una pareja de belgas, el Dr. Joseph Elías y la Dra. Christian Meulemans, publicaron un libro titulado “El desafío de México, Titán del siglo XXI”. Ante la inminente caída del imperio utilitarista estadounidense, mencionan que México como cabeza de América Latina es el lógico sucesor hegemónico por venir. Nos dan nota de la incalculable riqueza de nuestra gente y el potencial que tenemos en cuanto a energéticos y materia prima. Pero nos hacen ver que esto solo sería posible si comenzáramos a sentar las bases de ese desarrollo en nuestro campo. Es increíble que una pareja de eruditos europeos que trabajaron para National Security en los Estados Unidos de América, vengan a intentar abrirnos los ojos sobre nuestras posibilidades y responsabilidades. Obvio decir que es un verdadero hallazgo encontrar este libro.
Hace muchos años ya que pasaron los momentáneos beneficios de la reforma agraria. A diferencia de otros estados de la república, Sinaloa tiene producciones agrícolas nada deleznables. Es por esto que confiero de alguna manera la responsabilidad a nuestras autoridades de sacar adelante una nueva reforma agraria que cimiente las bases a nuestro país para ser la cuna del desarrollo sustentable de México.
Es triste ver cómo se desperdician cada año toneladas de tomate a la orilla de la carretera por falta de buen precio en el mercado, o en invierno ver hectáreas de frijol completamente quemadas por alguna helada. Y cómo no, si los problemas del campo nos afectan a todos los mexicanos. Es esta la razón por la que hoy escribo, para felicitar a todos y cada uno de los agricultores de nuestro estado instándolos a ver por el futuro no solo de la economía local sino del desarrollo de toda una nación. De agricultura sé poco, de necesidades he escuchado mucho últimamente. Necesitamos de ustedes. Feliz día del agricultor.

                                                                                                                 Roberto Rojo Alvarez