lunes, 22 de abril de 2013

TERTULIA Y SOBREMESA, 21 de abril de 2013


               Pues aquí nos tuvieron a todos con el alma en un hilo esperando a que todas las fuerzas policiales y militares de la ciudad de Boston agarraran a un chamaquito imberbe (sin barba) a quien se le ocurrió, tal vez a manera de venganza o para llamar un poco la atención, fabricar una bomba casera en una olla a presión. Lo malo es que en su “bendita insensatez” quizás logró su cometido, porque ya ni el Babe Ruth en sus años de gloria paralizó a la antigua ciudad de esta manera.
               El Presidente de los Estados Unidos dejará caer todo el peso de la ley a quienes queden vivos y tengan responsabilidad en este atentado. También vendrán en su momento las respectivas historias de conspiración al respecto de las cuales los mexicanos somos fanatiquísimos. Todo eso está muy bien, aunque el problema de raíz está lejos de resolverse, y es que estamos viviendo y cultivando una sociedad en la que a cualquiera se le puede antojar hacer un artefacto de esta naturaleza con tal de sacar alguna frustración o simplemente, ver qué pasa. Algo estamos haciendo mal, digo yo.
               Por otro lado los estadounidenses están pasando por una tragedia mayor en cuanto a pérdidas humanas se refiere, que es el trágico incidente sucedido en West, Texas. En esta localidad han encontrado a más de una docena de muertos entre los cuales hay un connacional, y siguen buscando a algunos otros desaparecidos, sin contar las más de 200 personas heridas. Desafortunadamente resultó ser mucho menos mediático y sobre todo, no hay responsables a quién atrapar con basto despliegue de fuerza del Estado. Habrá responsables de la tragedia, seguramente, pero en Boston hubo villano y lo más importante, con posibilidades de atraparlo en horario triple “A”.
               Nuestra más sincera solidaridad para con el pueblo norteamericano, que aunque nos caen muy gordos cuando pasamos por sus aduanas, se les quiere. Y ahí de pasadita envío mis condolencias a mis hermanos venezolanos que no sé cómo le hacen pero escogen a cada líder que “Dios guarde la hora”. De este tema escribiré la próxima semana porque no sé por qué presiento que dará para mucho más. De momento dejemos tranquilo a Maduro para que pueda seguir yéndose a la cama pensando en Chávez. ¡Hágame el recanijo favor! Teniendo tan cerquita a Chiquinquirá Delgado…

Roberto Rojo Alvarez
(Agregado cultural de Culiacán… en Culiacán)

domingo, 14 de abril de 2013

TERTULIA Y SOBREMESA, 14 de abril de 2013


Era el año de 1983 cuando la extraordinaria agrupación Pink Floyd sacó a la venta el álbum de nombre The Final Cut, último material en la era del bajista Roger Waters al frente de la agrupación. Se conocían los traumas que a este músico le había ocasionado el hecho de perder a su padre en la Segunda Guerra Mundial, pero había una frase desconcertante en una de las canciones que decía “¡Oh, Magui! Magui ¿Qué hemos hecho?” (traducción libre). Se trataba de un reclamo a “La Dama de Hierro” (no vayan a pensar que Marisela) por su inclusión en la Guerra de Las Malvinas, y ese fue mi primer acercamiento a quien fue la Primer Ministra Margaret Thatcher. En su momento fui solidario con el rockero inglés y la juzgué como a una política desalmada y sin prejuicios. A la distancia, ya con mi corazón rockero algo menguado y mi pragmatismo en su máximo esplendor, pienso que fue una gobernante con carácter, que siguió una línea de intereses que dieron grandes resultados a la economía global de finales del siglo pasado.
Aquí en mi tierra ya comenzaron a llegar las primeras golondrinas, y al parecer un gran número de políticos y funcionarios escucharon su silvido dándoles la bendición para el arranque de su campaña, porque no fueron pocos los que solicitaron licencias y permisos. En algunas golondrinas vendría el espítiru de Hugo Chávez, en otras el de Margaret Thatcher, y en el caso de los más soñadores quizás el de Sarita Montiel. Pasó de moda La Odisea y su famoso “canto de las sirenas”, pero los políticos siguen necesitando “línea” para animarse, y francamente las posibilidades de encontrarse un pajarito chiquitico están más a la mano. Será por mi corazón rockero menguado o por mi pragmatismo rampante, pero ante estos chapulines de la política creo que sigo prefiriendo el poco democrático dedazo.
En el lejano oriente las cosas están muy confusas. El gordito curioso y precoz de Kim Jong-un amenaza con lanzar bombas nucleares por doquier. Los analistas dicen que “perro que ladra, no muerde”, pero yo no estaría tan confiado. Mientras su hermano perdido, el cantante sudcoreano PSY siga lanzando nuevos videos, hasta yo tendría la tentación de aventarles con algo.
Pues con todo y estos escenarios tan revueltos, Enrique Peña Nieto regresó lindo de contento de su viaje por China y Japón. Se hizo acompañar de distinguidas personalidades, entre ellos dos sinaloenses del mundo diplomático y empresarial. Esperemos cosechar grandes cosas de esta visita, pero ahora es tiempo de calmar a esa bola de pillos que bloquean las carreteras en el centro de nuestro país, por el bien de la administración de nuestro Presidente que es el bien de la Nación misma. Aprovechando estas coyonturas, va un mensaje diplomático a Norcorea: Sr. Kim Jong-un, de todo corazón deseamos que deponga usted su actitud bélica, ahora que si se obstina en seguir haciendo pruebas, por ahí tenemos unas oficinas de la CNTE que, viera usted, no nos sirven de mucho…

Roberto Rojo Alvarez
(Agregado cultural de Culiacán… en Culiacán)

domingo, 24 de febrero de 2013

TERTULIA Y SOBREMESA, 24 de febrero de 2013


            El corazón del mexicano, como el del nacionalizado Diego Verdaguer, es delicado. Y entre la dimisión a su cargo del sumo pontífice de la iglesia católica, el cardenal Joseph Ratzinger, y la salida del closet del insufrible Mauricio Clark, nos tienen con el alma en un hilo. Luego se les hace muy fácil criticar al friolento niño verde, pero la verdad es que ante estas noticias yo también me hubiera echado mis tequilitas, nomás para domeñar el desasosiego.
            Esta semana la comenzamos celebrando, ya sea el Día de la Bandera, o el natalicio de uno de los genios informáticos de nuestra era, Steve Jobs (Así es, señores. No solamente con Benito Juárez se utiliza la palabra “natalicio”). Pero avoquémonos a nuestra patria que es lo que nos debe de concernir.
            Estamos pasando por un momento crítico en cuanto a gobernabilidad se refiere. La Autodefensa en algunos pueblos del estado de Guerrero nos da una muestra del tremendo descontento social y la desconfianza que existe hacia nuestro gobierno constituído, que por definición debe de tener el uso exclusivo de la fuerza. El hecho de que este movimiento haya surgido en un estado cuyo mandato está a cargo del PRD viene a enturbiar el panorama en mayor medida. ¿Acaso hubiera permitito el gobierno federal que una manifestación de esta naturaleza sucediera en un estado gobernado por su partido? No lo sabemos ni lo queremos averiguar. Solo espero que se controlen estos brotes sociales a la brevedad y con todo el rigor de la ley, porque en esta era de la información sucede que todo el país se entera de lo que acontece en cada región, y esto nos puede dar ideas que luego no nos conviene tener la tentación de imitar.
            Aquí en nuestro estado estamos llenos de júbilo por varias razones. La primera es que luego de arduas negociaciones y de una gira triunfal por la Unión Americana y Europa que duró aproximadamente 159 años, regresó con todos los honores la bailarina Julia Pastrana. En su momento fue considerada como la mujer más fea de la historia, pero esas son minucias. La tenemos de vuelta y se le dio cristiana sepultura en su natal Ocoroni, Sinaloa de Leyva.
            Acá entre nos, a mí se me hace que negociaron en lo oscurito el cambalache de la Bailarina por la Secuestradora, Florence Cassez, porque sólo así me explico haber dejado en libertad a esta impresentable francesa. Si valió la pena el mítico trueque será motivo de largos debates entre historiadores y juristas. A nosotros los de a pie sólo nos queda renegar o aplaudir este circo de información al que diariamente somos expuestos.
            El otro motivo de fiesta es que nuestro gobernador MALOVA fue nombrado como Presidente de la CONAGO. Honrosa distinción para nuestro estado y esperemos que de alguna manera esto traiga beneficios directos a nuestra población.
            Aquí no tenemos Urdangarines que desvían fondos del pueblo bajo la protección de la monarquía, ni tampoco caen meteoritos desde el descubierto en 1806 en Bacubirito. Solamente nos entretienen un poco de vez en vez inventando que mataron a distinguido sinaloense en la frontera con Guatemala. Fuera de eso solo me queda remembrar la celebérrmia frase que tuiteó mi amigo Juan Burgos hace unos días: Si todos estos sucesos antes mencionados hubieran sucedido antes del 21 de diciembre del 2012, qué nerviosos estaríamos.

Roberto Rojo Alvarez
(Agregado Cultural de Culiacán… en Culiacán.)

jueves, 1 de noviembre de 2012

LA LUNA DE FLORENCIA


            En mis más mozas juventudes, por la edad de 22 años, tuve la oportunidad de visitar en distintos momentos dos sitios que me hicieron sentir inmensas ganas de habitar en ellos: El primero, un peculiar pueblo en el estado de Morelos de nombre Tepoztlán. El segundo, la hermosa ciudad italiana de Florencia.
            Cinco años después, tras un largo camino de aprendizaje y una vida cómoda en una residencia en la cual viví con la crema y flor, vino el buen consejo de un amigo que con toda certeza me dijo: “A ti lo que te hace falta son noches a la intemperie”. Al poco tiempo, me llegó una oportunidad laboral que me cumplió con creces este ajeno deseo y me trasladé a vivir a Florencia, la ciudad de las flores.
            Cuando uno va a Italia, tiene la fortuna de descubrir un exquisito platillo de sabores inigualables que produce una sensación única en el paladar. Un alimento que no tiene comparación con ningún otro que se pueda probar alrededor del orbe. Comida que uno cree conocer de toda la vida, hasta que finalmente se tiene esa maravillosa tabla con un milagro de la creación humana encima: la pizza.
            Tal como lo leen. La pizza italiana es un “bocado de Cardenales” que nada tiene qué ver con el platillo homónimo que hemos comido durante tantos años. Es como si un ciudadano norteamericano asumiera que conoce la comida mexicana porque fue a Taco Bell. Lo mismo sucede con este delicioso manjar que una vez que se prueba nada vuelve a ser igual. Hago estas odiosas comparaciones para ser lo más gráfico posible con quienes no han estado en situación de comprobar mi teoría, con la única intención de animarlos a brincar el charco para descubrir por boca propia lo que les cuento. Para estos fines, la “Pizzeria La Luna” de Florencia es el mejor sitio.
            En su momento, Italia me permitió descubrir el famoso y rico platillo, y muchas otras mieles que te brinda el poder vivir en aquel hermoso país durante una o varias temporadas. Pero ese año en particular, Florencia me dio la gran oportunidad de conocer de manera muy estrecha a una maravillosa persona y extraordinaria mujer: mi querida hermana menor.
            Aprovechando la coyuntura de mi lugar de residencia, la Katinka se fue a vivir conmigo durante dos meses a la ciudad en cuyo escudo se encuentra plasmada una flor de lis. Fueron dos meses que exprimimos hasta la última gota paseando de lo lindo y tratándonos todo lo que en los últimos ocho años por cuestiones de distancia no habíamos podido hacer. La vida y Dios me regalaron la oportunidad de conocer a mi hermana, la menor, como nunca antes había tenido oportunidad. Por esto les estoy a ambos eternamente agradecido.
            Precisamente en su compañía visité por última vez aquella pequeña pizzería situada en una zona florentina alejada del bullicio de los turistas que en todas las épocas del año colapsan la hermosa e histórica ciudad. Este peculiar sitio que ahora recomiendo es precisamente “Pizzeria La Luna”, que se encuentra ubicada en la calle Vincenzo Gioberti número 93/R. Es un pequeño restaurante sin pretensiones donde preparan la pizza original con un sazón exquisito. Sin ser un experto en el arte culinario italiano pero con la seguridad que me da ser una persona considerablemente vaga, puedo afirmarles que es de las mejores pizzas de Italia.
            Florencia tiene una oferta cultural y arquitectónica fuera de serie. En el corazón de esta ciudad se construyó una iglesia que es posiblemente la más bella del mundo, la Basílica de Santa María de las Flores, también conocida como “Il Duomo” debido a la grandiosa cúpula de Brunelleschi de 45 metros de diámetro que tiene una altura de 114 metros, y es una obra maestra del arte gótico. Además destaca de este templo su impresionante fachada que es un hermoso rompecabezas de mosaicos formando motivos religiosos. Tal como la vida misma, que es un gran rompecabezas que se va armando con las piezas que tenemos a la mano y con los espacios que en el camino vamos viendo que podemos ocupar.
            Los italianos, que de pizzas y rompecabezas saben un rato largo más que yo, en algún momento me recomendaron cuando visitara un restaurante nuevo para saber si la cocina del sitio es de valer la pena, ordenara la pizza más sencilla: la Margherita. Esta pizza, que hasta la fecha sigue siendo mi favorita, tiene para variar también el nombre de una flor. Por lo tanto, les recomiendo ampliamente si en algún momento se encuentran extraviados por la ciudad de Florencia, acudir a la “Pizzeria La Luna” y ordenar una pizza Margherita, créanme que es en el paladar un milagro convertido en alimento.
            Florencia me regaló un racimo de flores varias que atesoro en lo más profundo de mi corazón: la flor de lis en su escudo, Santa María de las flores en su Iglesia, la margarita en su pizza, y esa hermosa rosa mexicana en la persona de mi hermana. De Florencia esas flores atesoro y un ramo con todas ellas a la vida le habré de regresar: rosas, lirios, margaritas… y no te olvides de los geranios.

Roberto Rojo Alvarez
@rojoroberto

viernes, 1 de junio de 2012

CARNITAS Y BOTANAS "EL SAUCE"

            “Desde Navolato vengo”, canta la primera frase del que históricamente ha sido el segundo himno de mis congéneres y posiblemente una de las canciones más populares de México: El Sinaloense. Que como dato curioso les cuento que esta canción, cuando en el año de 1998 tuve la fortuna de trabajar con el mariachi “Aguilas de Plata” en la Ciudad de México, fue la única pieza que pidieron en la totalidad de los eventos para los cuales fuimos contratados.
            Por esta razón de origen geográfico y folclórico, Navolato ha sido una población con la que he estado en contacto desde mi primera infancia, y lo mismo supongo que le sucede a la mayoría de los culiacanenses de mi generación que cuando de niños acudíamos a la bahía de Altata, a falta del actual libramiento teníamos qué cruzar la ciudad entera por la calle Almada, desde el Ingenio hasta la salida al Limoncito.
            Pasó el tiempo, y mis sutiles vínculos con Navolato continuaron en la preparatoria donde coincidí con varios compañeros que venían a estudiar a la ciudad de Culiacán. Pero mi vida tomó otros rumbos cuando después de haber estado durante años dando tumbos con mi eterno historial de mal estudiante, decidí trasladarme al Distrito Federal a “estudiar” al Conservatorio Nacional de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes.
            Todavía recuerdo esa nublada mañana de verano del 96 cuando con mi mochila cargada de ilusiones y pentagramas me encaminé al histórico recinto creación del arquitecto Mario Pani, a hacer fila para obtener una ficha de inscripción en un año en el que por razones más políticas que artísticas, de novecientos solicitantes únicamente ingresamos trece. Cuando llegué a aquel gran edificio donde habría de estudiar por los siguientes siete años de mi vida rodeado de grandes artistas y profesores que bajo su tutela estuvieron figuras como el maestro Plácido Domingo, a la primera persona que conocí justo en el umbral de la reja blanca de la entrada ubicada en la calle Presidente Masaryk, fue ni más ni menos que a José Manuel Chu de Navolato, Sinaloa.
            Unos meses después de haber llegado a la Ciudad de México y haber vivido en casa de unos queridos tíos, tuve la oportunidad de solicitar mi ingreso a una residencia con capacidad para noventa estudiantes donde habría de habitar por los siguientes cinco años y tres meses de mi vida. Esta fue la Residencia Universitaria Panamericana, cuya administración y tutela estuvo a cargo del Opus Dei durante poco más de cincuenta años, en cuyas habitaciones vivieron en su época estudiantil figuras de la política como el señor César Nava y el hoy candidato presidencial Enrique Peña Nieto. Tristemente la Residencia este año cierra sus puertas para migrar a un edificio con menos de la mitad de su capacidad.
            En aquel momento iba con toda la emoción que le da a un joven tener la oportunidad de convivir con estudiantes de todo el país, además de extranjeros de cuando menos tres continentes. Para mi sorpresa había un dato curioso en la Residencia, y es que su mayoría de habitantes per capita la conformaba un par de estudiantes con quienes hasta el día de hoy mantengo comunicación: el exitoso basquetbolista del Club Caballeros, Froylán verdugo, y el Director General de las preparatorias Cedros en la Ciudad de México, Vicente Amador. Ambos, por supuesto, del mismísimo Navolato, Sinaloa.
            Tiempo después la vida me dio la oportunidad de irme a trabajar por un tiempo al viejo continente el año 2003, específicamente en la bella ciudad de Florencia. Ahí conocí a mucha gente, sobre todo estudiantes de arquitectura de toda Italia y el mundo que por tradición se trasladan a beber su cultura y su inigualable belleza arquitectónica, además de la enorme comunidad de mexicanos que no los evitas mientras estés en cualquier punto del orbe. Como tenía cada semana algunos días libres y solvencia económica suficiente para echar modestos viajecitos de vez en vez, en una ocasión decidí apartarme de lo mundano y cotidiano que me resultaba Florencia para ese momento, y decidí viajar a París. Me sentía como en otro planeta caminando con mi chamarra larga (de cinco euros) por los hermosos Campos Elíseos y sentía que mis pies no tocaban el suelo. Pero por algo recita el verso popular “el mundo es un pañuelo”. No había terminado de caminar por la acera norte de aquella famosa avenida ni mis pies terminaban de llegar al suelo, y estando a escasos trescientos metros del Arco del Triunfo, de pronto vi de frente en los mismísimos Champs Elysees en vivo y a todo color ni más ni menos que al Humberto Plata, por supuesto, de Navolato, Sinaloa.
            La vida me trajo de vuelta a mi natal Culiacán, y del año 2006 al 2010 tuve las riendas de un grupo de jóvenes talentosos en un proyecto radiofónico que ya es historia, pero dejó grandes amigos y proyectos. Ahí conocí a la mejor voz, la mejor amiga, la mejor madre y la mejor esposa: la mía. Ella es Amparo García y es, por supuesto, de Navolato, Sinaloa.
            Fue gracias a ella y a la que hoy es mi adorada familia política que tuve la fortuna de conocer un lugar donde se comen las mejores carnitas del noroeste del estado. Las “Carnitas y Botanas El Sauce”, propiedad del Sr. Everardo Godoy, es un sitio donde vale la pena hacer escala si se va de paso a las playas de Isla Cortés o a la bahía de Altata. El establecimiento se encuentra ubicado en la carretera Navolato – Altata, justo a la salida de la cabecera municipal, y es atendido amablemente por sus hijos y demás trabajadores locales. Estas carnitas en caldo al puro estilo navolatense son de la mejor calidad, y acompañadas de sus tortillas recién hechas y su bebida bien fría, valen la pena el viaje a Navolato.
            Tómenlo muy en cuenta si una mañana se encuentran sufriendo por los estragos de la resaca del champagne y van rumbo a las costas de nuestro hermoso estado. Hagan una escala en Carnitas y Botanas “El Sauce” y curen todos sus males y los males del corazón, que siempre con pan son menos.
            A mí el destino irremediablemente me trajo (una y otra vez) hasta estas tierras, y no me queda más que disfrutar y cantar “Desde Navolato vengo…” y por el resto de mi vida, a Navolato iré.

Roberto Rojo Alvarez
@rojoroberto

martes, 1 de mayo de 2012

TRATTORIA DELLA CASA NUOVA

            Como seguramente a muchos de ustedes les sucederá incontables veces por motivos de trabajo o de esparcimiento, estaba en ese entonces de pasadita por la majestuosa y siempre rica Ciudad de México. Cabe mencionar que en esta gran metrópoli siempre se está de pasadita, ya sea cuando se va por unas horas como cuando se vive ahí por siete años como lo fue en una bella etapa de la vida de su amable escritor.
            Se conjugaron dos factores que concluyeron en la visita a uno de los mejores restaurantes de México. El primero fue que en esa ocasión iba yo acompañado de una señora que merece todos los lujos y placeres que el ser humano ha sido capaz de inventar, mi sacrosanta madre. El segundo fue que nos dirigíamos rumbo a la ciudad de Cuernavaca a intentar resolver una situación familiar que a la postre nos ha dado incontables lecciones de vida.
            Por tales motivos, decidí acudir a un sitio en el sur de la ciudad al que solía asistir en mis épocas de estudiante en el Distrito Federal que en aquel entonces llevaba por nombre Le Petit Cluny.  Este fabuloso sitio de elegancia sobria y exquisito sazón ahora lleva el nombre de Trattoria della Casa Nuova, y su visita es obligada.
            Recuerdo que en esa que fue mi primera visita al nuevo establecimiento, a tan sólo unos metros de su restaurante antecesor, a pesar de cierta carga emocional que nos acompañaba por aquellas  fechas, tuvimos la oportunidad de deleitarnos con un delicioso desayuno que nos hizo recordar por qué la comida es uno de los más grandes placeres de la vida.
            La Trattoria della Casa Nuova se encuentra por la Avenida de La Paz No. 40, en San Ángel, y ahí puedes degustar deliciosos alimentos al puro estilo italiano, en un ambiente casual, además de su deliciosa tienda delicatessen ubicada justo en la entrada del restaurante. Es simplemente el mejor lugar para desayunar en el sur de la Ciudad de México. Les recomiendo mucho el desayuno Petit Cluny, su pan dulce que es algo caro pero vale cada centavo, su chocolate caliente, y si van en un horario cercano al mediodía, no dejen de probar su deliciosa pizza de alcachofa con aceitunas negras, además de sus postres que no tienen desperdicio.
            No fue la única vez que he visitado la Trattoria della Casa Nuova, pero sí la más importante sin duda alguna. Iba acompañado de mi madre, que cuando no me acompaña físicamente me acompaña en mi pensamiento y en mi corazón. En este mes de mayo aprovechen para llevar a su señora madre a este delicioso lugar. Me lo van a agradecer, pero más se los va a agradecer ella a ustedes.
            Este artículo sirva para hacer una entera recomendación de la Trattoria della Casa Nuova en la Ciudad de México, y un muy merecido homenaje a mi madre en este el mes en que se celebra su día y el de todas las madres de México y el mundo.
Roberto Rojo Alvarez
@rojoroberto