Era el inicio del nuevo milenio. Vivía en la Ciudad de México y cada martes por la mañana, acudía a una clase de Literatura Contemporánea con el Maestro Germán Dehesa Violante. Mis compañeras, en su mayoría mujeres, eran puras señoras de las Lomas, literalmente. Mi asistencia, era posible gracias a la beca de mi amigo Don Fernando Batista, quien pagaba mis clases a cambio de que yo le cifrara para guitarra, canciones de Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, y otros brasileños dispuestos a complicar la existencia de cualquier músico en ciernes. Él me las pasaba en cassette, yo se las regresaba en papel pautado. Este justo intercambio, me dio la oportunidad por algunos años de ser alumno de uno de los escritores y columnistas más importantes en la historia de nuestro país.
Con el tiempo, fui teniendo una relación cercana con Don Germán (como siempre lo llamé, sin que este tratamiento le cayera muy en gracia). Me recordaba a mi señor padre que, cuando alguien lo llamaba Don, inmediatamente contestaba: Ni viejo estoy, ni dinero tengo... Con el Maestro Dehesa compartí sendas pláticas sobre música, que era el único tema en el que yo tenía una mediana solvencia intelectual para charlar con él. Sabía de mis estudios en el Conservatorio, y de mis intenciones de convertirme en un futuro Director de Orquesta. Fue entonces cuando comenzamos a hablar sobre su proyecto de escribir el guión para una ópera, cuya historia transcurriría en el Barrio Bravo de Tepito. Su idea era realizar una obra, con una calidad musical como para presentarse en el Palacio de Bellas Artes, y con una temática tan divertida como para presentarse también en el Teatro Blanquita. La composición musical, estaría a cargo del Maestro Héctor Gerardo Tamez Domínguez. Estábamos completos (dijo el colado). Y de hecho, sí, platicamos muchas veces sobre la posibilidad de materializar este proyecto, y ser yo quien dirigiera la orquesta en el ansiado espectáculo.
Por esa época, recibí una propuesta de trabajo temporal en el extranjero. Me puse entonces en contacto con el Maestro Tamez para preguntar sobre el avance de la obra y así poder estimar mis tiempos. Sin embargo, me comentó que Don Germán todavía no le enviaba ni siquiera los bocetos del guión. Era muy entendible. La carga de trabajo y actividades del señor Germán Dehesa, siempre fueron de proporciones sobrehumanas.
Pasó el tiempo que todo lo cura y también todo lo mata. Mis sueños artísticos se desvanecieron, y no volví a ver a mi maestro. Lo seguí leyendo diariamente en el periódico Reforma, hasta que un buen día de verano del año 2010, su columna me dejó helado... Una semana después, falleció.
Con el paso de los años, en ese ejercicio estéril al cual mi carácter nostálgico tiene cierta adicción, decenas de veces me pasó por la cabeza "qué hubiera sido si" ese proyecto lo hubiéramos materializado. Tal vez mi vida como músico habría continuado... También muchas otras veces llegué a pensar que toda esa historia posiblemente solo es producto de mi imaginación, ya que aquella vida hoy me parece tan ajena, que bien podría ser un pasado ilusorio e inexistente dentro de la trama informacional de mi ser. Porque cabe mencionar que, en los más de 15 años en que leí diariamente La Gaceta del Ángel, como se llamaba su columna en los periódicos del Grupo Reforma, jamás mencionó absolutamente nada sobre esta ópera. Llegué a pensar incluso, que fue un proyecto que jamás hizo público.
Hace unas semanas, la magia del internet me llevó a ver una entrevista televisiva que le realizó la inolvidable Cristina Pacheco en Canal Once al señor Germán Dehesa. En ese programa, por primera vez y después de 24 años, volví a escuchar sus comentarios sobre esa ópera. Se me llenaron los ojos de lágrimas al recordar aquellas pláticas sobre este bonito sueño, que al parecer, en sueño se quedó. Yo dejé de tener contacto con Don Germán ocho años antes de su partida, y con el Maestro Tamez solamente hablé un par de veces. Ignoro entonces si este proyecto siguió su curso o tuvo algún avance significativo, solo sé que fue una parte importantísima de mi vida, el solo hecho de haberme considerado para ese proyecto.
En el ejercicio de recordar y escribir, solo nos queda convertir la nostalgia en alegría, y observar muy de cerca todo el amor involucrado en cada historia de vida. Abrazo mi presente, y el infinito número de posibilidades de todos los "hubiera", sabiendo que en alguna de ellas, tal vez en otra dimensión, La Ópera del Barrio es una exitosa obra consumada, con guión de Don Germán Dehesa, música del Maestro Gerardo Tamez, bajo la dirección del maestro concertante Roberto Rojo.
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