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martes, 1 de mayo de 2012

TRATTORIA DELLA CASA NUOVA

            Como seguramente a muchos de ustedes les sucederá incontables veces por motivos de trabajo o de esparcimiento, estaba en ese entonces de pasadita por la majestuosa y siempre rica Ciudad de México. Cabe mencionar que en esta gran metrópoli siempre se está de pasadita, ya sea cuando se va por unas horas como cuando se vive ahí por siete años como lo fue en una bella etapa de la vida de su amable escritor.
            Se conjugaron dos factores que concluyeron en la visita a uno de los mejores restaurantes de México. El primero fue que en esa ocasión iba yo acompañado de una señora que merece todos los lujos y placeres que el ser humano ha sido capaz de inventar, mi sacrosanta madre. El segundo fue que nos dirigíamos rumbo a la ciudad de Cuernavaca a intentar resolver una situación familiar que a la postre nos ha dado incontables lecciones de vida.
            Por tales motivos, decidí acudir a un sitio en el sur de la ciudad al que solía asistir en mis épocas de estudiante en el Distrito Federal que en aquel entonces llevaba por nombre Le Petit Cluny.  Este fabuloso sitio de elegancia sobria y exquisito sazón ahora lleva el nombre de Trattoria della Casa Nuova, y su visita es obligada.
            Recuerdo que en esa que fue mi primera visita al nuevo establecimiento, a tan sólo unos metros de su restaurante antecesor, a pesar de cierta carga emocional que nos acompañaba por aquellas  fechas, tuvimos la oportunidad de deleitarnos con un delicioso desayuno que nos hizo recordar por qué la comida es uno de los más grandes placeres de la vida.
            La Trattoria della Casa Nuova se encuentra por la Avenida de La Paz No. 40, en San Ángel, y ahí puedes degustar deliciosos alimentos al puro estilo italiano, en un ambiente casual, además de su deliciosa tienda delicatessen ubicada justo en la entrada del restaurante. Es simplemente el mejor lugar para desayunar en el sur de la Ciudad de México. Les recomiendo mucho el desayuno Petit Cluny, su pan dulce que es algo caro pero vale cada centavo, su chocolate caliente, y si van en un horario cercano al mediodía, no dejen de probar su deliciosa pizza de alcachofa con aceitunas negras, además de sus postres que no tienen desperdicio.
            No fue la única vez que he visitado la Trattoria della Casa Nuova, pero sí la más importante sin duda alguna. Iba acompañado de mi madre, que cuando no me acompaña físicamente me acompaña en mi pensamiento y en mi corazón. En este mes de mayo aprovechen para llevar a su señora madre a este delicioso lugar. Me lo van a agradecer, pero más se los va a agradecer ella a ustedes.
            Este artículo sirva para hacer una entera recomendación de la Trattoria della Casa Nuova en la Ciudad de México, y un muy merecido homenaje a mi madre en este el mes en que se celebra su día y el de todas las madres de México y el mundo.
Roberto Rojo Alvarez
@rojoroberto

viernes, 1 de julio de 2011

CANGREJO (Y CUENTA) GIGANTE

            La vida transcurría y yo con ella. Hasta ese momento lo único deseable era tener un poco de salud para andar de pata de perro, ser lo atractivo suficiente tan solo para tener una chica a quién llamar de vez en vez, y unas monedas en la bolsa para comprar chocolate caliente y churros azucarados en Coyoacán. El resto se conseguía con un poco de ingenio y lo que no, existía únicamente en un mundo paralelo que poco importaba. Lo mismo me daba alimentarme con queso Oaxaca, tortillas azules y champiñones naturales de algún tianguis móvil, que una invitación a casa del Guaymitas cuando su mamá le enviaba carne de Sonora que él cocinaba siempre a la pimienta.
Igual de sencillo resultaba conseguir una invitación para asistir a alguna exposición de arte del Osho y sus compañeros de La Esmeralda que entrar gratis a cualquier función de ópera en Bellas Artes. Hasta que un buen día por un abuso de ingenio, cierto exceso de confianza y la muy poca vergüenza al posible escenario adverso, a Pilar y a mí nos corrieron del mismísimo Teatro de Bellas Artes. Lo tomamos por el lado amable, y una vez estando a escasos quince metros de la puerta desde donde los guardias de seguridad se cercioraban de que nos alejáramos del recinto, nos dimos la media vuelta, les gritamos “de mejores lugares nos han corrido”, y nos tiramos de risa.
Pero la semilla del orgullo había sido ya sembrada en nuestras almas, y en silencio comenzamos a envidiar a la gente pudiente a la que jamás corren de lugar alguno y mucho menos batallan para pagar sus cuentas. No como nosotros que íbamos a una taquería y a media cena de reojo contábamos moneditas en el bolsillo para después de un vago cálculo mental saber si nos encontrábamos en posibilidades de pedir un taco más, o si tendríamos qué compartir un solo refresco.
            Un buen día, ya con la plantita del orgullo mostrando sus primeros brotes y después de ver un programa en el Discovery Channel donde mencionaban los oficios más peligrosos del mundo entre los cuales aparecía la pesca del cangrejo gigante en Alaska, se nos ocurrió una magnífica idea. Nos preguntamos qué necesitaríamos hacer en nuestra condición de estudiantes foráneos para ahorrar lo suficiente y darnos un festín de esa envergadura. El cálculo nos arrojó datos poco alentadores pero que bien valían la pena: Cuatro meses de ahorro y un guardadito extra, por si acaso.
            Nos percatamos que en tres meses y medio a partir de esa fecha sería el vigésimo octavo aniversario del día de mi nacimiento y marcamos esa fecha como el Día D. Ahorramos pacientemente en un cochinito de madera al que jamás pusimos un nombre pero del cual nos encariñamos tanto que nos parecía digno de aparecer en la portada de un disco de Pink Floyd. Se llegó la fecha tan esperada y hoy les anuncio que este mes se cumplen ocho años de esa inolvidable comida en la que con conocimiento de causa y el convencimiento propio de un ser humano recién redimido, pronuncié una frase que me marcaría por el resto de mi vida: ¡Quiero ser rico!
            El ritual tuvo lugar en el prestigiado restaurante Fishers de Polanco, cuyo lema “Excelencia en mariscos” resulta cierto siempre y cuando tu presupuesto sea holgado.  En esa ocasión comenzamos pidiendo un cocktail de mariscos de nombre Vuelve a la Vida acompañado de un par de cervezas. Los mariscos estaban frescos y de buen sabor, aunque las porciones dejaban mucho qué desear.  Después entramos en materia y cumplimos la promesa de comer como si fuésemos un par de millonarios entregados a la gula. Como platillo fuerte Pilar ordenó un King Crab Chicago y una Langosta San Lucas, y yo un King Crab al Natural y una Langosta Rockefeller, para sentirme por un instante parte de la dinastía familiar estadounidense. Como postre es muy recomendable el Flan de Coco Horneado y las siempre infalibles Crepas de Cajeta.
            No importa que usted buen lector sea un costeñito pata salada y piense que en materia de alimentos del mar lo sabe todo. No pierda la oportunidad de visitar alguno de los restaurantes Fishers que existen en el centro de nuestra República. Probará un alimento preparado de una manera que posiblemente antes no conocía, y de ninguna manera se arrepentirá. Sólo espero que no se encuentre como yo en la necesidad de ahorrar durante tanto tiempo para darse ese gustito.
            De esa comida me queda el recuerdo de haber conquistado una meta que valió tanto la pena que hasta el día de hoy sigue estando ranqueada en el número uno de las mejores comidas de mi vida. Agradezco sobremanera a la alcahueta de Pilar que a punto estuvo de convencerme de llegar con las talegas de monedas a la puerta del restaurante, pero que no contaba con mi astucia de ir a feriarlas al banco unos días antes. Y gracias también a aquella circunstancia, hoy tengo la firme vocación por conocer los mejores sitios de comida alrededor del mundo.
            Pilar sigue haciendo sus pinturas y sus travesuras de este y del otro lado del planeta. Yo sigo en mi tierra luchando día a día por ser un hombre próspero y poder tener dentro de mi canasta básica un congelador repleto de langostas y cangrejos gigantes de Alaska. ¡Qué hermoso y frívolo deseo! Por mientras y para muy esporádicas ocasiones, existe el Fishers.

Roberto Rojo Alvarez

sábado, 23 de noviembre de 2002

POPOCATÉPETL


POPOCATÉPETL, Volcán. En Náhuatl, "Montaña que fuma". Se localiza y puede ser observado desde la autopista México-Cuernavaca en dirección oeste-este, y se distingue mejor cuando la dulce voz de mi acompañante, después de dormir durante una hora por los efectos del desvelo y del alcohol, llama mi atención señalándolo con su terso índice derecho a la vez que pregunta: "¿Qué es eso?". Me apresuro a contestar en un tono paternal, no sin antes carraspear la voz, con el nombre completo del volcán y no con la abreviación que usamos siempre los que estamos habituados a pensarlo. Una respuesta siempre tiene más credibilidad cuando está completa, y más seguridad para el parlante cuando antes se carraspea. Respiró profundamente y después vino un intenso silencio, mientras lo observamos y lo gozamos. Ahí estaba al fondo el volcán, gris, anunciándonos el comienzo de una corta aventura que de antemano sabíamos sería inolvidable. Para ella, la última de las pruebas, mi última oportunidad. El trayecto transcurrió entre sueño y somnolencia, y yo aprovechaba cada uno de estos trances para tomar y acariciar su suave mano. A los pocos minutos vuelve a preguntar por "otro cerro". Ella cree que yo lo sé casi todo, y en este momento lo único que sé es que la quiero. Ese era el Tepozteco, y estábamos próximos a tenerlo muy de cerca. Nuestro destino, el cándido y cálido pueblo de Tepoztlán. Popo (abrev.), Volcán situado en el territorio mexicano, en los límites de los estados de Puebla, México y Morelos. Al principio todo transcurrió tranquilamente, entre tienditas y recuerdos, conociendo y reconociendo, aprendiendo y emprendiendo un camino que jamás pensé fuera a ser ni tan hermoso ni tan corto. Afortunadamente para ese entonces mis esperanzas eran más fuertes que mis poderes de predicción. Entonces, decidí seguir optimista en mi espera, porque si algo sabía de cierto era que en esos momentos los dos estábamos muy felices, ávidos de estar juntos. Caminamos por el pueblo hasta llegar a un lindo sitio para desayunar. Ahí seguimos conociéndonos y midiéndonos, y el tiempo fue fugaz mas benevolente. La calidad de los minutos que he vivido con esa mujer fue tan intensa que siempre tenía la sensación de haber pasado mucho tiempo a su lado, pero había sido poco, siempre poco, había sido todo, siempre deseando hubiera más. El tiempo es solo una referencia que se vuelve despreciable ante tanta paz, y aunque seguía transcurriendo, solamente lo advertía el reloj. Mientras nosotros continuábamos enriqueciéndonos el uno del otro, asombrándome de cómo a pesar de tener el mismo punto de vista sobre ciertos aspectos de la vida, a ella la divierten y a mí me hacen vomitar. Es posible estar de acuerdo en la absoluta discrepancia, es posible cuando amas, es posible que aún quiera enamorarme de ella. Las cosas empezaron a ponerse mejor cuando comenzó su trillado ritual de los desacuerdos no hablados. Esas veces en que yo doblo a la derecha, y por ende ella va rumbo a la izquierda. Esa extraña necesidad que tenemos los seres humanos de llevar la contra a la pareja. Ella ignora todavía que quien cede, siempre es el más fuerte. Ocupa el extremo sur de la sierra nevada, y de sus faldas se inician las serranías del Ajusco. Entre gustos y sin disgustos, llegamos a recostarnos por un momento en una de las jardineras que tiene la iglesia principal del pueblo. A la sombra de un árbol bajo el sol que la molestaba, llegó el momento culmen de la plática, al menos para mí, en que le hice latente mi conocimiento de su tan hermoso lado tierno, el cual oculta con ahínco siempre. Pero yo puedo ver la sombra detrás de sus ojos, ella lo sabe y se siente muy desprotegida, siendo que intento totalmente lo contrario, quererla. Compró cinco chirimoyas a 10 pesos, nunca las probé, e ignorando qué compraba ayudaba a una muy tierna viejecita, tan tierna como puede una persona ser cuando no se tienen ataduras y se está vivo. Eso es suficiente. Separado del Iztaccíhuatl por una depresión cuya parte más baja es el puerto de Pelagallinas. Emprendimos el camino hacia la cumbre del Tepozteco, ella junto a mí, y yo, junto a la cumbre de mis anhelos. El camino se fue tornando pesado a la vez que nuestras caricias iban apareciendo. La suya era una lucha estoica por conquistarse a sí misma, lo mío era una simple prisa por llegar a la pirámide, para volverla a besar. Son tan distintos los intereses y tan grande nuestro egoísmo que nos es difícil advertir cualquiera de los dos. Me la pasé intentando entrar discretamente en su corazón, pero ella cree necesitar ruido y no calma. Entonces, siguió en su latente búsqueda de los “por qué no”. Después de una hora estábamos en la cima de la montaña, y por primera vez, ella buscó mis labios en un tierno y mesurado arrebato de ese pequeño placer al que solo se dio permiso por un día. Es, después del Pico de Orizaba, el volcán más alto de México. Estuvimos allá arriba por el tiempo preciso que justificara tanto esfuerzo realizado. Allí apareció el motivo de la discordia, y después vino la etapa crítica para preparar lo mejor del día. Su necesidad de elevarse el autoestima la llevó a poner su atención en otro hombre. Es curioso cómo ciertas personas, cuando creen necesitar sentirse seguras, optan por la aceptación. Curiosa es también la coincidencia entre los dos posibles amores de Flaubert: su Madame Bovary y la más probable inspiradora; y la mujer en pugna. Es hasta cierto punto comprensible, todos pasamos por malos momentos y por ciertas depresiones, mas en esos casos yo opto por leer, ella por flirtear. Aunque el respeto a un acompañante, eso, es otra cosa. No me quedó otro remedio que el mejor de los remedios, sumergirme en la oración para así poder guardar la calma. Pude hasta cierto punto esconder mi pesar, aunque fue más fuerte el saber que ella ya para ese entonces me conocía bastante bien. Aún así logré evitar que tocáramos el tema, pero la mutua desaprobación estaba presente de manera muy clara, porque cuando los dos dejamos de fingir, las palabras nos salen sobrando. Pedí perdón al saber que había fallado. Antes le había hecho saber que permanecería a su lado mientras libremente tomara cualquier tipo de decisión. En ese momento fue inútil, tan inútil como es que ella intente esconderse de mí. Bien antes me lo había dicho, no soy tan machito como lo pensé, hay muchas cosas que no puedo soportar, ésta me resultó indignante. Del tipo: Estratovolcán Andesítico-Dacítico. La maravillosa luna llena de ese 20 de noviembre fue quien provocó y sacó toda la ternura que esa tan buena mujer puede dar. Era tanta la dulzura y había estado tan retenida, que hasta el melancólico Pink Floyd sonaba a romanticismo. Qué bella puede ser cuando se siente protegida, qué lado tan sublime puede dar cuando se permite ser conmovida, qué fortuna haber sido partícipe de uno de esos escasos momentos en que dejó por unas horas sus eternos miedos. Después, el más divino de los momentos, el más tierno de los besos. Y ahí estaba el Popo, gris, observando, ahora más cerca que nunca, honrándonos con su silencioso testimonio. Él sabía lo que estaba sucediendo, yo sabía que venía un segundo adiós, pero mis esperanzas seguían siendo más fuertes que mis poderes de predicción, aún cuando sus besos sabían a despedida y no a comienzo. Localización exacta: 19.02º N, 98.62º W. A partir de esa cresta comenzaron a esfumarse mis alegrías y regresaron poco a poco sus miedos, cada uno de ellos, sobre todo el que menos comprendemos, el miedo a la felicidad. ¿Por qué se asustó ante algo tan hermoso y ante un hombre que ella sabe sería incapaz de hacerle algún mal? ¿Acaso serán ciertos sus motivos? No me lo parece. Simplemente no me lo parece. Altura: 5,452 msnm. Llegó el desafortunado momento en que todo volvió a la normalidad, cuando pronunció ese monólogo entre dos mujeres que la describió tan bien, entre ella y la seguramente única persona en el mundo que no la hace confrontarse consigo misma, con quien siempre está en zona de confort, su entrañable prima: “-¿Te compraste la blusita que te estabas midiendo? –Sí. –¡Ay, qué chilo!, se te veía bien padre... (suspiro) ¡Cómo extraño a la Sunny!”. Llegamos a su casa y a la más incoherente de las despedidas, a ese rictus amargo que no quería volver a vivir, a un “que pases buenas noches” hasta entonces nunca antes pronunciado por sus tan recientes deseosos labios. Diámetro mayor del cráter: 900m. Volví a mi casa como tantas otras noches, con un cúmulo de besos no otorgados y un mundo de incertidumbres ya bastante practicados. Pasó la noche y extrañé su siempre esperada llamada, mas no ese mar de melancolías que se me viene encima cuando lo único que resta por hacer es esperar. Profundidad del cráter: 150m (desde labio inferior). A la mañana siguiente todo estaba concluido, su tajante decisión de no volvernos a ver, justificada en la búsqueda de mi bien. Cuando ya conoces el camino, no haces mucho caso a los señalamientos. Seguí adelante, todo estaba muy claro aún sin mencionarlo, estas cosas son de dos. Me postré ante el padre y le dije: “Dios mío, dame fuerzas, que esa mujer no ha de volver”. Sólo los bohemios sabemos que el mejor momento siempre es el “ahora”. Ella lo ignora, y lo afirmaba con su insistente “no ahorita”. Área del edificio volcánico: 500 km2. Transcurrieron muchas horas de angustia e impotencia, y desde la ventana donde pacientemente aprendo mi oficio, se volvía a ver el volcán, gris, inmóvil como mis deseos de enamorarla. Me fui a buscar un poco de la paz perdida, pero ellos estaban separados y grises, por alguna razón estaban visibles pero separados. El Popo y el Iztac, a quienes ahora les confiero la historia de amor que para mí no pudo ser. Habrá qué esperar antes de volver a erupcionar, habrá qué esperar antes de tener qué desistir. La altura de la nieve varía con la orientación de la época del año, al sur presenta menos nieves y en tiempo de secas desaparece por completo dejando al descubierto las capas de cenizas. Ahora estoy lejos de ella y aunque no ha pasado ni una semana, ni mucho menos mis vagas esperanzas, ya las cosas están momentáneamente más claras. Se comunicó feliz haciéndome un recuento de una serie de sucesos buenos que le han sucedido. Me halagó al compartírmelos, mas me mató con su frase “Todo viene a mí”, porque en ese todo no estoy yo. Hacia el norte la nieve es más persistente y el nivel baja. Desde la hacienda de Mimiahuapan pude observar al Iztaccíhuatl y al Popocatépetl, juntos, y con una claridad asombrosa. Temperatura ambiente, mucho frío... Todo está muy frío.

                                                                                                                                Roberto Rojo Alvarez