domingo, 29 de septiembre de 2013

TERTULIA Y SOBREMESA, 29 de septiembre de 2013

            Dentro de mi personal lista de defectos se encuentra una serie de ellos que no tiene la menor importancia pero que por cabalidad tengo perfectamente detectados. Por ejemplo: me siento humanamente discapacitado para aprender a planchar una prenda de vestir, soy incapaz de abrir la envoltura de una paleta roja sin perder los estribos y, me siento absolutamente imposibilitado para comprender a una persona que racionalmente apoya a Andrés Manuel López Obrador.
            Dentro de este último punto existen tres personas que especialmente me perturban por considerarlos seres humanos pensantes: el diputado Gerardo Fernández Noroña, que de ser un joven intelectual activista se convirtió en una bestia; la escritora Elena Poniatowska, quien después de tener el respeto del país que la adoptó decidió entrar a las filas del peor de sus “caudillos”; y la periodista Carmen Aristegui, a quien hace años dejé de leer a causa de su amarillismo quejumbroso.
            Hoy vuelve mi atención y mi apoyo hacia esta gran comunicadora a causa de las diferencias mediáticas que sostiene con la insufrible Laura Bozzo. Estoy totalmente de acuerdo con la revista Proceso y con Carmen Aristegui en que los recursos públicos jamás deben de ponerse a disposición de intereses particulares, “cuantimenos” en tratándose del más vil de los programas, que retrata de cuerpo entero a la empresa de los Azcárraga y al tipo de audiencia que ha fabricado a lo largo de los 63 años (93 si contamos la radio) que el Estado ha concesionado su señal de transmisiones. Espero que la investigación llegue a fondo cuando menos para que este tipo de favores de políticos a la mencionada empresa no sigan sucediendo. Sobre la calidad moral de la empresa Televisa y la audiencia del programa de esta fichita peruana solo puedo agregar: “La culpa no es del indio sino del que lo hace compadre”.
Consuman mejores cosas, por caridad de Dios. Por ejemplo el beisbol de las Grandes Ligas, que ésta pasada semana vivió uno de los momentos más emotivos de los que haya sido testigo, con la despedida del mejor cerrador de la historia, Don Mariano Rivera. A pesar de ser un jugador que desde hace 23 años juega para el equipo estadounidense que despierta más animadversiones, se le rindió homenaje en cada uno de los estadios de sus rivales por ser el más digno de sus adversarios. Dudo que exista otro deportista a quien le hayan rendido tantos honores como es el caso de este panameño que nos dio tantos momentos de gloria en el rey de los deportes.
A usted, señor Rivera, le deseo larga vida. A la “Señorita Laura”, le deseo que se suba en uno de los helicópteros de Eruviel, de los más viejitos, que despegue en medio de una tormenta, y…

Roberto Rojo Alvarez

(Agregado cultural de Culiacán… en Culiacán)

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