miércoles, 4 de junio de 2025

DESCANSE EN PAZ, LÍDER

Un cumpleaños al que asistí de manera fortuita, un reencuentro casual que pareciera elucubrado a conciencia, y una decisión de vida que me llevó a tomar un curso intensivo de política por diez años en el servicio público.

Cursaba yo mis estudios de música en la Ciudad de México, y entre mis más selectas amistades, estaba una muchacha de inteligencia superlativa y muy agradable carácter. Cariñosamente la llamaban "Nunina". Aunque yo la conocí en una residencia de estudiantes por amistades en común, ella contaba con un condominio propiedad de su padre, que en ese entonces le era necesario debido a su encomienda como Diputado Federal por el Distrito VI de Sinaloa.

Algunos fines de semana, mi amiga nos invitaba a su departamento a pasar el rato. Cuando uno es "estudihambre", ese tipo de planes son oro molido. En ciertas ocasiones, estaba por ahí su padre: Don Rafael Oceguera. A esa edad, nuestro interés por la política era muy vago como para tener idea sobre las iniciativas de ley impulsadas por este servidor público, en cambio, su fama era grande y motivo de orgullo para nosotros sus paisanos, por el tremendo y muy merecido puñetazo que le propinó en los 90s a Maximiano Barbosa, hecho que lo hizo merecedor al mote "El Kid Oceguera".

Cada vez que coincidimos en ese departamento, él me prestaba especial atención sobre los demás, puesto que compartimos la Música como pasión en común. En ese departamento, había un piano y una guitarra que tocábamos por breves períodos, sin embargo, nuestras charlas propias de melómanos, eran largas y muy enriquecedoras, quiero pensar que para ambos.

Algunos años después, coincidimos en un cumpleaños al que mi difunto señor padre me pidió acompañarlo. El festejo era de un amigo en común con el Lic. Oceguera, que no logro recordar su nombre. Ahí, Don Rafael se me acercó, recordamos gratos momentos en la Ciudad de México, y me pidió que fuera a verlo en la semana a su oficina, puesto que estaba por comenzar la campaña política para Gobernador del Estado, y él sería su coordinador. Antes de ese encuentro, me había tocado conocer al papá de mi amiga, y amigo de mi padre, que era un señor muy a todo dar. Pero a partir de esa cita, conocí al gran operador político.

En esa reunión le comenté que, a pesar de ignorar cuánto tiempo me quedaría por Sinaloa, yo tenía un gran interés por seguir en contacto con el mundo del arte y la música. Su respuesta y propuesta fue muy sencilla: Yo lo que te ofrezco, es acercarte a las personas que manejarán el estado por los próximos 6 años. Yo acepté, y así fue.

El primer día de trabajo en esa aventura, me pidió acompañarlo a un evento con ciertos sectores de todo el estado, en donde estarían los principales líderes que ocuparían los más importantes cargos del Gobierno de Sinaloa en la próxima administración. Me hizo una solicitud, que en ese momento para mí era muy simple y sin relevancia. Sin embargo, hice esta encomienda ante los ojos de cientos de líderes estatales, y simbolizaba una relación de estrechísima confianza entre el Lic. Oceguera y un servidor. Esta simple acción, bastó para que yo estuviera políticamente protegido durante todos los años en que estuve en contacto con la política. De ahí en adelante, yo ya era "gente de Oceguera".

Mi grato paso por el servicio público, me hizo aprender que existen muy buenos cuadros en absolutamente todos los partidos políticos, que dentro de los Ayuntamientos y Gobiernos, hay personas con una real vocación de servicio, y que todo puede caminar de maravilla cuando a la cabeza hay líderes con carácter y rectitud de intención. También aprendí que, para seguir creciendo en ese mundo, eventualmente hay qué estar dispuesto a pisar callos, y aunque no sea tu intención, afectar intereses. También aprendí que, cuando se tiene un gran talento y una inteligencia fuera de serie, acciones muy pequeñas pueden lograr enormes efectos. En todos esos años, jamás lo vi ni remotamente perder los estribos, razón por la cual llegué a pensar que ese puñetazo al otrora líder de El Barzón, no fue por mero apasionamiento, sino para enviar algún mensaje pertinente y necesario.

A él le aprendí cosas invaluables: Que en cada posición hay mucho que aprender, que sostener la mirada y la boca cerrada te hace obtener mucha más información de la que uno supondría, y que la pasión desbordada hay qué dejarla solamente para las expresiones artísticas. Eso fue para mí el Lic. Oceguera: Una fina mezcla de un ser de suma inteligencia, con un toque artístico que lo hacía bordar fino en cualquier sitio en el que estuviera.

Hoy, ni Nunina ni Don Rafael están más con nosotros. Me agrada pensar que en este momento están juntos, esbozando esa enorme sonrisa que ambos compartían. Viven en mi recuerdo y dejan en mí una huella que de por vida me harán querer emular su sonrisa. Muchas gracias a Nunina por haberme brindado su amistad en sus años mozos, y a Don Rafael por haberme invitado a entrar a ese hermoso mundo de lo que llegó a ser la política algunos años atrás.

1 comentario: