domingo, 9 de junio de 2013

TERTULIA Y SOBREMESA, 9 de junio de 2013

            La semana estuvo muy aburridita. La vida política nacional no dio nada nuevo de qué hablar salvo la honrosa visita de Xi Jinping, el irresuelto caso de la Guardería ABC, y entonces opté por escribir sobre asuntos realmente importantes: El alarmante caso de aparición de llantas en el Río Tamazula.
            Como todos los habitantes de Culiacán y poblados circunvecinos se habrán dado cuenta hay algo de sequía en el estado de Sinaloa, por lo tanto es necesario cerrar las compuertas de las presas para reservar agua dulce por no saber qué tanto se atrasará la temporada de lluvias. A causa de esto el nivel del río Tamazula ha descendido de manera considerable, quedando al descubierto gran parte de su caudal. Inexplicablemente también quedó a la vista de todo mundo un montón de llantas a todo lo largo del Malecón. ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? ¿Qué quieren de nosotros?
            Me parece muy extraño que el destino final de un neumático sea el río. No imagino a alguien que una vez teniendo la necesidad de reponer las llantas de su carro, decida ir a tirar las viejas (estamos hablando de llantas) a un río. No le encuentro ninguna lógica. Es mucho más divertido quemarlas, por ejemplo. No pretendo fomentar la quema de llantas puesto que al parecer resulta más contaminante esa combustión que su simple permanencia en el lecho de un río, pero me sigue pareciendo muy ilógico que ahí estén. Hasta la jirafita Yaya, que su cuello ya le alcanzaba para ver el río, se puso muy triste y pues… Ya ven.
Ante estas incógnitas comencé a formular hipótesis sobre su misteriosa aparición. Me remonté a mi niñez cuando vivía en un fraccionamiento en las lomas y de manera fortuita nos encontrábamos con alguna llanta en un lote baldío (ordinario pero lógico). Por las condiciones geológicas de mi colonia la opción de quemar la llanta no era la más atractiva, por tanto nos íbamos todos los niños en grupo a la parte más alta de la calle y dejábamos rodar a su suerte la llanta hasta que se detenía sola en la Av. Ciudades Hermanas, que en aquel entonces era mitad canal pluvial y mitad calle. Pero luego pensé que la distancia entre ese punto y el río Tamazula es muy lejana como para que algún otro niño de colonia más planita no la agarrara y le diera otro destino.
Después pensé en la Teoría de la Generación Espontánea, pues ya ven que generalmente los seres humanos somos muy dados a tirar deshechos en las riberas, y con la cantidad de basura que echan al río Tamazula, de entre tanto envase de PET y bolsas de papas fritas, en una de esas surgió una especie de llantas que se reproducen solas. Pero dado lo estúpido de todo el planteamiento, también lo descarté.
Pensé en todos los poblados que existen entre Sanalona y Culiacán, y en la cantidad de niños que suponiendo que los neumáticos flotan de la misma manera que una cámara de llanta se echen al río para intentar usarlas a manera de salvavidas. Luego pensé que nada tardarían en darse cuenta de que solamente flotan si tienen un rin puesto, y las llantas que yo he visto en el Tamazula no tienen rin. También pensé que solamente un infante citadino sería tan torpe como para suponer semejante tontería y que en los ranchos una llanta puede utilizarse de columpio o de bebedero para vacas. La última teoría que formulé fue que cada año cuando se realiza el concurso de valsas desde Ayuné hasta Culiacán, estas fueran desechando llantas por el camino, pero resulta que usan cámaras de llanta y no el neumático entero.
Cansado de enunciar teorías absurdas, se me ocurrió que mejor aprovechemos que no ha llegado el tiempo de aguas y hagamos brigadas para limpiar nuestros tres ríos… Ahorita que se puede. ¿Quién dijo yo?

Roberto Rojo Alvarez
(Agregado Cultural de Culiacán… ahorita en Tucson)

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