domingo, 30 de marzo de 2025

¿MAESTRO, GUÍA O DESTINO?

     Me entero hoy de la reciente muerte del Maestro Enrique Bátiz Campbell, a quien nunca tuve el gusto de conocer personalmente, salvo la vez que en mi primera infancia, lo vi dirigir una orquesta sinfónica en el patio del actual H. Ayuntamiento de Culiacán (en aquel entonces, Palacio de Gobierno de Sinaloa), en la compañía de mi sacrosanta madre y mi difunto señor padre. Cabe mencionar, que este fue un evento que me habría de transformar la vida para siempre.

    A partir de ese momento, me vi en la necesidad de aprender a usar la tornamesa de mi casa, para poder reproducir los LPs de música clásica que había en nuestra fonoteca familiar. Acto seguido, tomar prestadas las agujas de tejer de mi mamá, subirme en un banquito, y comenzar a mover mis manos y mi cabeza de un lado a otro, siempre de acuerdo a la intensidad y el ritmo de la obra en cuestión. La nueva estrella de la Dirección de Orquesta, había nacido.

    Gracias a ese momento y la precoz visualización de mi vida futura, nació en mí el amor por la música. Relación que me ha acompañado toda la vida: a veces muy grata, a veces de odio, a veces de resignación, a veces de esperanza. Existe sin duda un músico en mi interior, y la vida me ha dado la oportunidad de abordar este arte desde muy distintas ramas: Primero el canto, luego el piano, después la guitarra, luego el rock, de ahí la ópera, luego la orquesta.

    En mi primera infancia, incluso antes de hablar (que no es decir mucho, puesto que aprendí ese oficio a muy avanzada edad), cuentan que ya tarareaba canciones. Específicamente, Balada para Adelina, de Richard Clayderman, y Siempre en mi Mente, de Juan Gabriel. Tuve la fortuna de tener unos padres cuyo aparato de radio siempre, absolutamente siempre, estaba y está encendido.

    A la edad de 4 años, llegó a mi casa un artefacto que todavía conservo en la actualidad: Un piano de estudio marca Baldwin, modelo Monarch, que ha recibido sendas reparaciones, y que al día de hoy sigue funcionando y sonando con bastante decencia. Aunque este instrumento fue adquirido primordialmente para que mi hermana mayor tuviera una gracia más de las que le abundan, fui yo quien en la exploración de dicho mueble, comencé a descubrir para qué servía cada tecla, y a la vuelta de unos minutos, ya estaba haciendo sonar la melodía del Himno de la Alegría. Aunque si hacemos uso del famoso dicho "Print the Legend", se escucha mejor decir que a mis 4 años, de forma totalmente empírica, comencé a tocar un fragmento de la Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven.

    Unos pocos años después, mi madre tuvo a bien hacerse de una guitarra acústica, elaborada por el difunto maestro Jesús Heras, oriundo ni más ni menos que del mismísimo Paracho, Michoacán. Siguiendo mis instintos melómanos, comencé también a descubrir el funcionamiento de este instrumento. Como en ese entonces todavía ignoraba el concepto de Acordes, me limitaba a requintear las melodías que me parecían accesibles a mi muy limitada e inexistente técnica.

    A la edad de 6 años, comencé un largo camino de clases de piano con la Maestra Carmen Garzón (de Reyes, por supuesto). La dinámica era la siguiente: Los discípulos de esa clase, nos íbamos sentando en la sala de la profesora en estricto sentido de aparición. Todos éramos testigos de las lecciones de los alumnos que nos antecedían. Como yo tenía muchos amigos en ese barrio, con quienes me entretenía por largo rato antes de llegar a mis lecciones, rara vez era de los primeros en tomar la clase, y más bien siempre rondaba por los últimos. Por esta razón, mi oído se fue agudizando lo suficiente como para que, llegado el día de nuestra demostración de habilidades ante nuestros padres, yo me supiera de memoria el repertorio de todos los demás pupilos. Cabe mencionar que recibí muchas llamadas de atención por parte de mi mentora, puesto que mi pereza hacía que aprendiera la música (incluso la que a mí me correspondía) de oído, y no leyendo la partitura, como los cánones lo establecían.

    Entrando en la escuela secundaria, escuché sobre una convocatoria para participar como músico en las misas del colegio. Recordé que en mi casa había una guitarra, en la cual yo era diestro para las melodías, y a la hora que la Madre Lucero preguntó "quién sabe tocar guitarra", ni tardo ni perezoso contesté: Yo sé... Tremenda actuación de improvisación tuve qué realizar durante la primera reunión, puesto que todos los compañeros efectivamente sabían cómo tocar una guitarra. En cambio, yo llegué a ese ensayo sin saber en qué nota se afinaba cada cuerda, ni tampoco tenía noción de las pisadas de ningún acorde. Sobre la marcha, mientras hacía como que rasgaba las cuerdas y ponía los dedos sobre los trastes en forma "similar" a la de mis compañeros, fui afinando mi instrumento igual que el del resto, y fui imitando los acordes hasta que comenzaron a sonar aceptablemente. Cabe mencionar que la Madre Lucerito jamás se enteró que me dio un curso intensivo de guitarra popular en esos ensayos.

    También por esa época, llegó a México un canal de televisión de paga que vino a revolucionar el mundo de la música y marcó a una generación entera: MTV... Gracias a este medio, mis contemporáneos comenzaron a familiarizarse con las canciones y las caras de los artistas internacionales del momento. Lo que a mí me enganchó sobremanera en ese tiempo, fue toda la corriente del después nombrado "Glam Metal". Gracias a todas estas bandas, comencé a aficionarme más por la guitarra y el canto, descubriendo entonces mi lado bohemio. Esta nueva afición me dio, por un tiempo considerable, pretexto para alejarme de los deportes y convertirme en el peor de los estudiantes. Por fortuna, tuve unos padres muy presentes que se encargaron de que todo eso eventualmente volviera a tener un equilibrio aceptable. Aunque el daño ya estaba hecho: ¡Había probado las mieles del escenario!

    En los años de preparatoria, incursioné de forma intermitente en algunas bandas locales de rock, y participé en varios festivales de la canción inédita y peñas musicales. Ahí fui aprendiendo de a poco, a tocar el resto de los instrumentos de este tipo de agrupaciones. También fue en esos años en que mi gusto musical se definió en gran medida. Y mi padre, que tenía un medio hermano que fue músico en su juventud, le pidió que le vendiera su guitarra eléctrica para regalármela. Era una guitarra estilo Les Paul Standard de Gibson, que fue producida por una marca japonesa poco conocida llamada AIMS, ahora "Vintage". Todavía la conservo, aunque mi tío Toyo ya la escucha desde otra dimensión.

    Dada hasta el momento esta incipiente historia, cuando mi padre tuvo a bien preguntarme qué carrera quería estudiar cuando terminara la Escuela Preparatoria, mi respuesta fue contundente: ¡Quiero ser un Director de Orquesta!... Para un hombre nacido en la primera mitad del siglo veinte, forjado en el trabajo desde la raíz, sin haber tenido las posibilidades de contar con un título universitario, mi respuesta le cayó como una piedra sobre el meñique. Esto, sumado a que mi adolescencia no fue precisamente un camino de rosas, lo vio en la penosa necesidad de contestarme: Primero estudia una carrera "normal", y luego haces lo que quieras... No tuve en ese momento ni los arrestos ni la solvencia moral como para llevarle la contraria, razón por la cual mi siguiente opción fue Ingeniería Civil. Sin embargo, nunca dejé de tener una estrecha relación con mi piano, mi guitarra, un acordeón que me regaló mi mamá, y un saxofón de segunda mano que compré a un músico en apuros financieros.

    Ya estando en la universidad, comencé a tener dificultades vocales debido al gran auge comercial que tenían (y siguen teniendo) las voces masculinas agudas. Y yo, no es por presumir, pero tengo voz muy de hombrecito. Me pareció entonces, que un buen remedio para esto, sería tomar lecciones vocales. Razón por la cual, me inscribí en la carrera de Canto de la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Sinaloa. De mi breve paso por las clases del maestro Sergio Del Angel, no alcancé a aprender gran cosa. Sin embargo, me comencé a apasionar mucho por la ópera, esa cosa donde el tenor se quiere acostar con la soprano y el barítono nunca los deja, en palabras del escritor Wladimir Nakoviev.

    Transcurrieron unos pocos años y un buen día, mi amigo Jorge Crisantes nos invitó a su casa a hacer uso de un karaoke particular, reproducido por un moderno artefacto llamado Laser Disc. Como su señor padre (a quien cariñosamente apodábamos "Enrique Guzmán") gozaba mucho del canto, tenía toda la parafernalia para grabar sus canciones y luego "quemarlas" en un Compact Disc. Juntos estos elementos, un día nos dio por beber y grabar las canciones que mi tesitura podía cantar, de entre el repertorio con que contaba su papá. Regresé ese día a mi casa con un CD en mano, en el cual había aproximadamente algunas diez canciones interpretadas por mí. Juro que mi intención en ese momento era llegar a mi recámara y meter ese disco en algún cajón. Sin embargo, tan pronto crucé el umbral de mi hogar, me topé con mi papá y le dije: Ah, mira, grabamos este CD en casa del Lustro.

    Ese hecho, para entonces aislado, echó a andar una rueda que me hizo modificar el rumbo de mi vida por la siguiente década. Mi padre, después de años de peripecias, gracias al canto, volvió a sentir orgullo por su hijo. Así, sin autorización de por medio, mandó a hacer copias de ese CD, metió una en cada carro, que siempre tuvo muchos, y regaló otra a cada uno de sus amigos, que siempre tuvo más. Y pasadas unas semanas de ese evento, estando yo cursando el séptimo semestre de la carrera, mi papá me hizo un inocente comentario que me movió el piso como pocas veces recuerdo: "Deberías de aplicar para entrar en el Conservatorio". Esta frase lapidaria, a la que instantáneamente contesté "¡Estás loco!", produjo en mí un incontenible deseo de volver a enfocar mis ilusiones musicales, que no me dejó en paz hasta el día en que finalmente me inscribí al Conservatorio Nacional de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes. Cabe mencionar que los conocimientos musicales de mi padre sobre el canto, se limitaban a la canción vernácula mexicana, y a todas las versiones posibles de sus dos canciones favoritas: Sentencia y Renunciación. Y como la vida siempre tiene muy buen sentido del humor, la recomendación de mi papá me "sentenció" a "renunciar" a mi carrera en la ingeniería, para ir a probar suerte en la música.

    En ese entonces, la mente de mi padre estaba deseosa de ver nacer la versión del Pedro Infante del siglo XXI, mientras yo lo que quería era ser el nuevo Enrique Bátiz. Pero como los renglones de Dios son torcidos, para ese entonces la edad que yo tenía, según los anacrónicos planes de estudios de la prestigiada academia, no me permitía inscribirme en Dirección de Orquesta. La única carrera para la que todavía me quedaban unos pocos meses de plazo, era precisamente Canto de Ópera y de Concierto. Pues bien, opté por aplicar y, ya dentro de la institución, entrar al taller de Dirección Orquestal, en ese entonces a cargo del Maestro Juan Carlos Lomónaco. Sin embargo, aunque el canto nunca fue una verdadera vocación, siguió dando frutos, puesto que a mi paso por la clase de Conjuntos Corales a cargo de la Maestra Alberta Castellazzi, empezó a surgir trabajo de forma constante.

    Tiempo después, gracias a los excelentes contactos de Don Rodrigo Martínez, un ya finado gran amigo y mentor, tuve la fortuna de conocer al excelso Maestro de Canto Gabriel Mijares. Con él hice una entrañable amistad. Gracias a esa convivencia tan cercana, él inmediatamente supo que yo simplemente no traigo a un cantante por dentro, que es la constante entre los músicos que se dedican al arte lírico. Por lo tanto, dedicamos la mitad de las horas a entrenar la voz, y la otra mitad a jugar carambola de tres bandas, que es su verdadera pasión. De paso, me contactó con el Maestro José Areán, excelente Director de Orquesta vigente en la actualidad, con quien en su momento tuve la intención de entrar a trabajar mientras fue Director del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México.

    Así transcurrieron unos años, entre el canto, el billar, y unas clases de Literatura Contemporánea que tomaba con el difunto e inigualable Germán Dehesa, con quien en su momento estuve en pláticas para dirigir una Ópera Contemporánea, cuyo guión él tenía intenciones de escribir, y cuya música habría de componer el Maestro Gerardo Tamez. Estuve también por esas épocas colaborando en ensayos con el Maestro Enrique Patrón De Rueda. Sin embargo, tuve la fortuna de ser contratado para irme como cantante a radicar a la hermosa ciudad de Florencia, y puse en pausa mi camino hacia la Dirección Orquestal. Finalmente, en mis planes estaba que a mi regreso, seguiría asistiendo al Maestro Enrique Patrón, entraría a trabajar con el Maestro José Areán, y saltaría a la fama con la Ópera del famosísimo Germán Dehesa... La vida era bella, y mis planes, "infalibles".

    Entonces, el 6 de diciembre del año 2003, sonó mi telefonino. Era mi madre, con una noticia que me habría de cimbrar más que la antigua sugerencia vocacional de mi progenitor: Tu padre tiene cáncer... Inmediatamente supe que, de entrada, debía suspender mi reciente sugerencia de renovar mi contrato en Italia por un año más. Mi familia me necesitaba, y era inminente que ahí estaría yo para ellos. Mi estancia presuntamente de dos meses en mi tierra natal, se volvió de diez años. Mis actividades laborales se regresaron a la empresa y a mi incursión en el servicio público por medio de un proyecto político. De la música, sólo recibí al principio una invitación del Maestro Gordon Campbell para cantar en dos óperas que se presentaron en la localidad: Pagliacci y Cavalleria Rusticana. Después de eso, mi devastador y complicado divorcio con la música, comenzó su dolorozo trayecto.

    Muchos años después, recibí la propuesta del Maestro Francisco Navarro Lara, de terminar mis estudios en Huelva, España, y titularme como Director de Orquesta. La oferta nunca ha dejado de estar en mi mente, sin embargo mis prioridades en la actualidad, han cambiado enormemente. Tengo cuatro hijos a quienes me debo en cuerpo y alma, y mi único enfoque posible es lograr ser, a como dé lugar, un buen mentor y proveedor para ellos. A veces lo logro, a veces no.

    Hoy, a causa de la muerte del inolvidable Enrique Bátiz, la vida me hace recordar a ese viejo amor, la música, que de mi alma sí se aleja, pero nunca dice adiós. ¡Gracias por inspirar esta hermosa y eterna vocación! Pero ahora, ¿Quién habrá de sustituirlo, Maestro?

martes, 3 de diciembre de 2024

TU CULIACÁN, YA NO EXISTE

He visto una publicación ya muchas veces. En esta, se añora la recuperación de su ciudad: Culiacán, Sinaloa, México. Replicada por conciudadanos que tienen mucho cariño y agradecimiento a la ciudad que les vio crecer y, en algunos casos, les dio la oportunidad de desarrollarse, criar una familia, y darse ciertos gustos.
Me apena mucho decirles lo siguiente: ¡Tu Culiacán, ya no existe!
Comenzó a morir lentamente hace décadas, cuando fuimos encontrando pequeños tumores, y nos hacíamos de la vista gorda, diciendo que eran diferentes a los demás. Cuando comenzamos a gozar de los beneficios económicos que provoca la derrama de tanto dinero de procedencia ilícita, que se iba “blanqueando” tras su flujo por la ciudad. Cuando algunas familias de clase alta, fueron asociándose con el dinero sucio, con tal de no perder su estatus social. Cuando los políticos se dieron cuenta de que necesitaban el permiso de los capos para ascender en sus pretensiones, y aun así, no modificaron sus intereses. Cuando los hijos de los delincuentes, en su pleno derecho, comenzaron a reclamar espacios en escuelas y empresas antes reservadas para familias enteramente de bien.
Ese cáncer, lentamente, fue creciendo y haciendo metástasis, hasta el punto de invadir a esa otrora maravillosa sociedad culiacanense. Lo que estamos viendo hoy, es solamente el colapso de ese cuerpo. Y no, ya no hay vuelta atrás.
Así que, por favor, no desees a tu Culiacán de vuelta, porque eso ya no es posible. Espera que de esta tragedia, resurja un Culiacán nuevo, donde exista conciencia de que el dinero mal habido, ocasiona malas historias. Donde no haya cabida para la gente que no es de bien. Donde tengas la certeza que tus hijos solo conviven con gente de clase trabajadora, y no estés preocupado por los riesgos de hacerse amigo de la persona incorrecta. Donde no tengas qué salir huyendo con toda tu familia, de la noche a la mañana, porque un delincuente se enamoró de tu hija. Donde hacer apología del delito, vuelva a dar vergüenza, en vez de presumirse. Donde no idolatren a “Influencers” por el hecho de tener conocidos en el hampa. Donde presumamos a Julio César Chávez, y no a su hijo. Donde nos dé pena haber encumbrado a la difunta Gilbertona. Donde la capilla de Malverde sea un recordatorio de nuestro fracaso, y no un sitio de culto. Donde no sea motivo de orgullo hablar sin tapujos, con todas las palabras altisonantes que antes cuidábamos de no expresar frente a una dama, so pretexto de que “así hablamos los culichis”. Donde el estatus te lo dé la capacidad de ser útil a tu sociedad, y no tu carro o tus abominables prótesis. Donde podamos seguir comiendo delicioso, sin temor a que un delincuente te incendie el negocio. Donde podamos seguir siendo los más hospitalarios, sin el temor de caerle mal a la persona menos indicada.
Si nos replanteamos, lo tenemos todo. Pero por favor, no quieras a tu Culiacán de hace unos meses, de vuelta. Merecemos un Culiacán mucho mejor.

miércoles, 5 de junio de 2024

¡GRACIAS, MACARIO!

"¿En qué país estamos, Agripina?" ¿Qué país es éste? Fue lo primero que me vino a la mente, en el desahuciado despertar del pasado lunes 3 de junio.

Con mucha tristeza contemplé primero, la desilusión de no tener ni la más mínima esperanza de que sean llamados a cuentas, toda esta gavilla de truhanes que en este sexenio se cuentan a pasto. Segundo, proyectar un futuro en el que las Elecciones de mi país, sean nuevamente solo un trámite, como lo mencionó semanas atrás la peor candidata que un partido político podría haber postulado, y recordar esa cara de desánimo y desencanto con que mis padres iban a las urnas en los años 80s.

Pasaban las horas y fui viendo con muchísimo coraje, de qué forma tan vil y vulgar doblaron a líderes de partidos políticos, candidatos, ex funcionarios públicos, medios de comunicación, analistas, empresas encuestadoras, y toda esa maquinaria que se encargó durante tanto tiempo, de intentar crear la idea de que el partido en el poder avasallaría en estas elecciones. Con sus muy contadas excepciones.

También fui víctima de un bombardeo de memes en los que, de una forma muy simplista, intentan hacernos pensar que quienes realmente consideramos posible el triunfo de la oposición, es porque nuestra visión está sesgada desde nuestra burbuja de privilegio, por nuestro desconocimiento de lo que llaman el México profundo.

Ayer, vi un video que grabó el escritor Macario Schettino, disculpándose de alguna manera por lo errado de sus predicciones, e incluso contemplando la idea de cambiar de actividad, quiero suponer que en lo que al análisis político se refiere. Y fue precisamente ese video el que me motivó a escribir estas líneas, que van enteramente dirigidas hacia él.

¡Gracias, Macario! Fuiste en todo momento el analista con más arrestos para decir las verdades y poner en su justa dimensión lo que estuvo pasando durante todos estos meses. Creo enteramente en tus predicciones y en tu visión de país. Me da mucho coraje escuchar tus disculpas. Tu única equivocación fue apresurarte a hacer ese video, que dicho sea de paso: se vale.

Lo que sucedió, está simplemente fuera de toda lógica. Y ese es nuevamente el gran error de la camarilla en el poder: siempre se van de paso. Pudieron haber simulado un triunfo por un no tan amplio margen, y seguramente habría sido más verosímil. Pero esa gran soberbia con la que se conducen, los lleva una vez más a dar el mensaje de "aquí nosotros hacemos lo que se nos viene en gana". Porque pueden, porque hasta hoy, no hemos conseguido articular el mecanismo que los detenga.

Pero no, no existe manera posible de que un gobierno con estos resultados, obtenga esta ventaja, ni en México ni en ningún otro país del mundo. No, no es posible que la candidata con menos carisma que ha atestiguado mi México moderno, obtenga más votos que el candidato que decepcionantemente ha tenido más carisma en nuestra incipiente democracia. No es posible que durante todo el lapso de las encuestas de salida, fuéramos testigos de puras caras largas en los miembros del partido en el poder, y que un sistema electrónico en manos de una incondicional del presidente, haya dado esos resultados tan fuera de toda lógica.

No soy un analista político, ni un líder de opinión, ni tengo el poder quizás siquiera de hacer que el destinatario de este escrito lea estas líneas. Sin embargo, tampoco soy nuevo en esto. Acepto que vivo en una posición de privilegio, gracias primero al incansable esfuerzo de mis padres, y después a mi tesón por seguir permaneciendo en una clase media a la que cada vez tienes qué aferrarte más a veinte uñas. Sin embargo, tengo leyendo sobre política, desde todos los ángulos posibles, diariamente por más de 30 años, además de haber estado durante diez años de forma muy cercana al poder. Y simplemente, esta "realidad" no la compro.

Escribí hace algunos días que el partido en el poder en estas elecciones no rebasaría el 31% de los votos. Y ¿sabes qué, Macario? Creo que el tiempo a ti, a mí y a tantos más, nos dará la razón. Este enorme fraude del que estamos siendo víctimas, más temprano que tarde, saldrá a la luz. Por lo tanto, no solo quiero animarte sino suplicarte que sigas enriqueciéndonos con tus análisis, sin ambages y bajo los mismos criterios que lo has venido haciendo. Y que esta Elección, solamente nos sirva para entender que los partidos políticos no son ni serán más el mecanismo por medio del cual los ciudadanos tomaremos las riendas del destino de nuestro país.

La ciudadanía organizada, es el camino. Espero que todas estas intenciones actuales por realizar paros nacionales, y por estar todos vigilantes de este proceso de impugnación, tengan mucho eco y logren cimbrar los débiles cimientos de esta gran farsa que tienen el descaro de llamar transformación.

Te mando un abrazo fortísimo, Macario. Y espero que la magia del internet, haga que eventualmente estas líneas lleguen a ti.

lunes, 4 de septiembre de 2023

La Crisis de los Cuarentas

    Fácilmente habrían podido pasar tres años más sin haberme sentado a escribir. Pareciera algo irrelevante, y lo es para el resto del mundo. No así para mí. Esta sequía de palabras, y de paciencia para sentarme a elaborarlas, obedece en forma directa a este fenómeno, que con toda tranquilidad hace algunos pocos años, lo hubiera supuesto un mito. Hasta que, sin darte cuenta, la vida te va acumulando una serie de sucesos inesperados, que te sacuden con más intensidad que un fuerte huracán, y te dejan hecho una piltrafa humana, cuyo único objetivo es intentar levantarse una y otra vez, mientras en esos intentos, te sacudes un poco, tan solo en lo que llega el siguiente instante de volver a caer... y recaer.

    Largos son los días y las noches en que la mente lucha entre las dos preguntas fundamentales e inútiles, tan ampliamente difundidas en este nuevo mundo de gurúes, que viven de timar incautos internautas, ofreciendo un curso gratis, que a la postre se convierte en una pequeña contribución de diez dólares al mes. Nada de esto logra evitar el profundo debate entre ¿Por qué a mí?, y ¿Para qué a mí? Sin importar cual sea tu creativa respuesta a cualquiera de las dos cuestiones, la realidad es que sigues revolcado, y en la eterna, pero ahora muy relevante, búsqueda de sentido a tu vida.

    Ofuscado por tantas responsabilidades, poco tiempo tienes para detenerte a pensar ¿Qué hubiera sido si...?, y te sigues sacudiendo para poder seguir remando, en este mundo en que la vida opera. Lo quieras o no, hagas o no hagas. La vida opera, y te va dando regalos irrepetibles, que desafortunadamente muchas veces no estás en posición de disfrutar, porque estás ocupado, sacudiéndote todavía de la revolcada que no termina, preocupado, estresado, y con el paso de los años, hasta enfermo.

    Repentinamente llega a tu vida, sin esperarlo, un ser que solo te da certezas, y que tiene el valor de abofetearte de vez en vez, con la única finalidad de regalarte unos instantes en los que te es permisible darte cuenta cuan afortunado eres. Pero los ánimos están por los suelos, tu desvalorización llegó a niveles insospechados. Sientes no merecer cualquier esbirro de bondad que le suceda a tu vida. Sin darte cuenta, has cultivado una codependencia a ese estado emocional, que te tomó como una ola en aguas turbulentas, y no te suelta. Pareciera incluso que te es molesto cuando alguien se quiere acercar a lamerte las heridas. Porque no te comprenden, porque no están viviendo lo mismo que tú, porque crees ser indigno, y en el fondo, porque quieres proteger a esa persona de la nube negra encima de ti.

    Es entonces cuando claramente se manifiesta en tu vida el amor. Esa energía que todo lo sana y todo lo limpia. Puede llegar disfrazada de cualquier cosa: La sonrisa de un hijo, una palabra de un amigo, tu mascota, un libro, una película, un atardecer, una pareja... Y ese amor empieza a cubrirlo todo, y poco a poco comienzas a entender que en realidad nada es malo, aunque sigas revolcado, y aunque tengas sendas cicatrices. Todo es aprendizaje y está dirigido hacia un bien superior. Luego, en un momento de calma, con toda serenidad volteas hacia atrás, y ves tus logros, tus tesoros, que siempre te sonríen, y te recuerdan con toda honestidad que "lo estás haciendo bien". Y llega la iluminación a ti, y exclamas con todo el corazón: Por ustedes todo, absolutamente todo, ha valido la pena. Y no cambiarías una sola coma de la historia de tu vida, tan solo por no poner en riesgo su divina existencia.

    Nada se compara a esos posteriores y breves instantes de paz, que de alguna manera se eternizan y le dan sentido a tu vida. Ahí entiendes que nuestra función es agradecer, lo que consideramos bueno y también aquello que convenientemente llamamos aprendizaje. Comienzas a ver una luz al final del túnel, y te das cuenta que ese camino tiene muchas posibles salidas, y que todas de alguna forma son buenas, simplemente porque son tuyas, y sobre todo, porque en cada una de esas infinitas posibilidades, de una u otra manera, al final apareces tú mismo, siempre sonriendo. Entonces, agradece. Y haz de la palabra Gracias, tu palabra favorita. Yo agradezco por volver a escribir, y espero volver a hacerlo con cierta frecuencia. En esta ocasión, el agradecimiento va dedicado a esa persona cuya imagen va apareciendo en todos y cada uno de mis caminos: mi acróstico favorito.

viernes, 28 de agosto de 2020

RELATIVIDAD EN EL KILÓMETRO 64

Nací en un país que contiene dentro de sí, un universo entero: México. Actualmente vivo en uno de sus muchos paraísos, concretamente en el extremo sur de la península de Baja California. En ocasiones, cuando escucho a alguien decir que su comida favorita es la mexicana, me deja tan intrigado como cuando intento comprender la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein. Ahora explico por qué.

Soy nativo de la capital del estado de Sinaloa, que aunque según nuestros estándares no es una entidad muy grande, tiene más extensión que varios países de Europa y del mundo. La gastronomía sinaloense es variada y muy rica, sin embargo tiene una especial inclinación hacia la comida del mar. Como la geografía de esta tierra se extiende sobre el litoral del Océano Pacífico a lo largo de seiscientos kilómetros, el estado se divide en norte, centro y sur, teniendo como ciudades troncales de estas zonas a Los Mochis, Culiacán y Mazatlán, respectivamente. Puedo asegurarles que, incluso dentro del mismo estado, la comida en estas tres urbes, es muy diferente. Hablando de su especialidad, que son los mariscos, la preparación es totalmente distinta en el norte, centro y sur del estado. Y a mi gusto, aunque me linchen mis paisanos, los mariscos son más ricos también en ese orden.

Estamos hablando de diferencias abismales, solamente dentro de un estado que cuenta con 18 Alcaldías. Imagínense qué sucede con entidades como Oaxaca, que tiene ni más ni menos que 570 municipios, montañas impenetrables que separan una entidad de otra, e historia que data desde 900 años a.C. Y así podemos suponer, que lo mismo sucede a lo largo de los 32 Estados con que cuenta esta gran nación, de los cuales, por fortuna, conozco 30.

Para comenzar con este universo inmensurable, vamos pensando solamente en el género del Taco. La cantidad de tortillas distintas que existen, de diversos maíces y otras harinas, y que en cada región del país se preparan diferente. Los más famosos: Taco al pastor, de carne asada, cochinita pibil, de carnitas, al vapor, de canasta, y si nos ponemos exóticos, taco de escamoles y de huitlacoche.

Y así, recorremos cada región del país encontrando platillos que son en sí mismos, un universo entero: Los Chiles en Nogada, El Mole Poblano, La Sopa de Lima, Las Enchiladas, El Pozole, El Menudo, Los Aguachiles, Los Chilaquiles, Los Ceviches, Las Tostadas, Las Corundas, Los Papadzules, Los Burritos, La Birria, El Poc Chuc, El Caldillo Durangueño, La Barbacoa, El Pescado Zarandeado, El Cabrito, y por último, el milenario mundo interminable de Los Tamales.

En Los Cabos como en las grandes metrópolis del mundo, tenemos la fortuna que, a pesar de ser un lugar pequeño, goza de una increíble multiculturalidad, y en el tema culinario se pinta solo. En tan solo tres restaurantes que conozco, se suman 15 Estrellas Michelin, además de contar en el destino con decenas de restaurantes de alta gama.

Gracias a mi esposa, quien es una afamada líder de opinión gastronómica en el destino, he tenido la oportunidad de conocer las mejores cocinas de Los Cabos y a grandes chefs de todo el mundo, quienes están a cargo de las mismas.

Una de ellas está en el hotel JW Marriot, en el restaurante Café des Artistes, que está a cargo del reconocido y galardonado Chef francés Thierry Blouet. Con él he tenido la fortuna de departir varias cenas y muchas agradables charlas. He probado sus platillos insignia y sus menús de fechas especiales. Sin embargo, no van ustedes a creer cuál ha sido hasta hoy la mayor aportación que él ha hecho a mi vida: Me llevó al sitio donde hacen los mejores tamales del mundo.

En el kilómetro 64 de la Carretera Federal 1 (o Transpeninsular), en medio de la nada, existe un pequeño negocio de nombre Ultramarinos “El Pitufo”. Ahí al lado, bajo una palapa con mesas viejas de madera y un par de perros chihuahueños ancianos, está una olla llena de hollín y también de los mejores tamales que he probado en mi vida. A simple vista, son tamales envueltos en hoja de plátano, de maíz tratado con un poco de chile colorado y especias, por dentro carne de puerco, zanahoria, rajas, y en vez de papa, el ingrediente secreto: Camote.

En este humilde negocio, que posee todas las riquezas mesoamericanas y generacionales posibles, te sirven ese manjar en un simple plato desechable, con cubiertos de plástico, y una salsa macha que de manera magistral contrasta con el dulzor del camote asado. El costo del tamal es menor a un dólar, y eso te incluye la posibilidad de estar debajo de una fresca palapa, escuchando la música norteña con la que siempre tienen amenizado el lugar, además de la posibilidad de ir a comprar en ese mismo establecimiento la cerveza de tu preferencia. Si quieres cerrar con broche de oro, ahí puedes adquirir un pan regional nada despreciable, o manejar unos pocos minutos más para culminar con una nieve regional de pitaya, yaka o nanche.

Así pues, les comparto la historia de cómo tuvo que venir un chef galés, a mostrarme este paraíso a tan solo 20 minutos del aeropuerto de Los Cabos. Y es mi deber compartir esta información a cualquier ciudadano del mundo que visite mi tierra, porque estos rincones son los que más nos muestran la esencia de quiénes somos. Entonces, sin andan por acá, dense una vuelta por Ultramarinos “El Pitufo”, y una vez que den el primer bocado a su tamal, sentirán el impulso de voltear al cielo y exclamar: ¡Gracias, Thierry!


Roberto Rojo Alvarez

https://www.facebook.com/ROBROJALV

miércoles, 5 de agosto de 2020

ENSÉÑALOS A DONAR

Tengo la fortuna de valer mi peso en oro. Por una razón muy simple basada en la sabiduría popular, que se traduce por medio de un “viejo y conocido refrán”: Más valen amigos en la plaza, que riquezas en la casa.

Hace algunos años, tuve el honor de ser invitado por seis grandes amigos como vocal fundador de la Fundación Don-Arte, A.C., cuya misión es desarrollar la sensibilidad y expresión artística de niños en situación de marginación, de escasos recursos y con discapacidad, para crear un impacto positivo en sus vidas y en nuestra sociedad. La dirige un gran artista (y mejor amigo) sonorense, de nombre Martín Haro, que entre muchas otras cosas de la vida, me enseñó sobre la importancia de Donar. A partir de entonces, tengo como objetivo dedicar al menos un 5% de mis ingresos brutos, a esta Asociación Civil sin fines de lucro.

Donar, es un acto de desprendimiento desinteresado al que conviene ir acostumbrando a nuestros hijos desde temprana edad. Tanto para educarlos en la caridad, como para evitar cualquier semilla posible de avaricia. Además, desde un punto de vista práctico, les será más sencillo adoptar la costumbre cuando llegue a su vida el día en que comiencen con la obligación de pagar Impuestos.

¿En qué momento es conveniente inculcar en nuestros hijos la cultura de la Donación? Creo que tan pronto como estén listos para entender lo que significa el concepto de Porcentaje. Para enseñar este hábito, podemos tomar como base el antiquísimo concepto del Diezmo, que consiste en apartar el diez por ciento de los ingresos para ser donado.

Aquí debemos tomar muy en cuenta los gustos y preocupaciones de nuestros hijos. Estemos atentos para saber cual es el área a la que son más sensibles, ya sea la cultura, tecnología, reino animal, medio ambiente, pobreza, etc. Platicando con ellos, entendamos qué les duele sobre lo que pasa en nuestra comunidad. Así verán de cerca los beneficios de su donación y esto les dará mucha satisfacción.

Sabemos que en la era que vivimos, resulta muy sencillo realizar donaciones vía remota, a miles de organismos de todo tipo alrededor del mundo. Sin embargo, mi recomendación es que comencemos por algo cercano, que sea muy palpable a sus sentidos. De esta forma podrán ver materializado su esfuerzo en algo que les sea conocido.

Esta cantidad que decidan donar, debe de salir del dinero que ellos produzcan. De esta forma, entenderán que el porcentaje donado es fruto directo de su esfuerzo. Si ellos entienden que cada cantidad económica de la que se van desprendiendo, tanto para Ahorrar, Gastar o Donar, está dando sustento a otras personas, entonces entenderán la verdadera función que tiene el Dinero: Dar Sustento.

Recapitulemos, entonces. De la cantidad semanal que le estés asignando a tu hijo, vamos a tomar la mitad directamente para su cuenta de ahorros. Del resto, volvamos nuevamente a tomar una mitad para sus gastos semanales, y la otra para poner ese dinero a producir. De la producción de ese 25%, se derivará una utilidad, fruto de su trabajo. De esa utilidad, enseñémosles que debemos de apartar un 10% para Donar.

Espero que tomes acción cuanto antes en la enseñanza de la Kidmatística a tus hijos, y que todos estos consejos te sean de utilidad, para el orden de las finanzas en toda tu familia. ¡Hasta la próxima!

 

 

Roberto Rojo Alvarez

viernes, 17 de julio de 2020

ENSÉÑALOS A INVERTIR

Inversión. Palabra que muy probablemente sólo has escuchado de un puñado de comentaristas aburridos en televisión, de ese segmento del noticiero que a nadie le interesa. Y es que la Economía es una materia que se ha pensado inaccesible para el gran público. Sin embargo, mi objetivo es simplificar todos estos conceptos para ti y para tus hijos.

A diferencia del Ahorro, que es dejar de gastar hoy para gastar después, Invertir es tomar un dinero que se tiene hoy, y utilizarlo para obtener un beneficio mayor después. ¿Ven la diferencia? Yo tampoco la tenía muy clara, y por eso les escribo.

Primero, comencemos por enseñar a nuestros hijos la diferencia entre Gasto e Inversión. La forma más simple de ejemplificarlo es: el Gasto es algo que sólo te dará una satisfacción instantánea, y la Inversión es algo que te otorgará beneficios prolongados. Y si nos ponemos más prácticos: el Gasto es algo que te quita dinero, y la Inversión es algo que te da más dinero.

Ahora, vamos a transportar esta diferencia a una situación muy probable que un hijo de 8 años ya pueda entender, y lo haremos pensando en la disyuntiva entre comprar dos juguetes, más o menos del mismo precio, donde uno se pueda considerar como un Gasto, y el otro como una Inversión.

Supongamos que tu hijo está con la duda entre comprar una consola básica de videojuegos, o una buena bicicleta. La consola lo mantendrá seguro y cómodo en casa, mientras que la bicicleta lo arrojará a la calle. Sin embargo, esa consola también lo mantendrá estático, comiendo más de la cuenta y forzando la vista, mientras que la bicicleta lo hará obtener los  beneficios del ejercicio físico, estar al aire libre y aprender a sortear obstáculos en su camino. Si tomamos en cuenta que nuestros hábitos se van moldeando en los primeros años de vida, podemos concluir que pasar horas en una consola de video lo hará propenso al sobrepeso y la diabetes, mientras que dedicarle tiempo a la bicicleta lo hará una persona atlética y sana. En un futuro, la consola lo hará gastar en medicinas y lentes, mientras que la bicicleta le permitirá ahorrar dinero en Médicos. Por lo tanto, con este ejemplo podemos mostrarles que comprar una consola de video es un gasto, mientras que comprar una buena bicicleta, es una inversión.

Lo que acabo de describir es un burdo ejemplo que solo tiene fines didácticos prácticos, siendo consciente que puede haber un equilibrio entre cualquier tipo de entretenimiento de nuestros hijos, y que el problema siempre está en los excesos. Sin embargo, este tipo de disyuntivas entre qué es un gasto y qué una inversión, se van a estar presentando a lo largo de nuestra vida, y es muy conveniente que desde temprana edad lo aprendan a distinguir.

Entrando ya en materia. Como comenté en alguno de mis artículos anteriores, la forma más práctica que tiene un niño de aprender a invertir su dinero, es emprendiendo un negocio propio. Aquí tiene algunas posibilidades que analizaremos por separado: Comercializar, elaborar, transformar o crear.

Comencemos por la Comercialización.

Tenemos la posibilidad de acercar a nuestra comunidad un producto que no tengan a la mano, ya sea aprovechando la época del año o alguna situación específica. Se me ocurren varios ejemplos: 1. Comenzará la temporada de lluvias y podemos comprar un lote de paraguas infantiles, para ir a ofrecer a nuestros vecinos, con una ganancia prudente. 2. Viene el mes patrio, y compramos un lote de banderitas para poner en la entrada de sus casas o en sus coches. 3. El Costco como de costumbre se nos adelantó y desde Agosto está vendiendo cajas enormes con pan de muerto, que nuestro hijo puede vender de forma individual.

De esta forma pueden comercializar un producto ya existente, solo buscando la oportunidad donde pueda ser exitosa su venta. Lo más importante es que esté involucrados desde la compra de los productos, y que lo hagan con su dinero, así entenderán mucho mejor el concepto de la utilidad que obtendrán al final, y eventualmente también de las pérdidas, cuando se presenten.

Ahora vamos a la Elaboración.

Existen niños muy curiosos en temas culinarios, por lo que podemos aprovechar su inquietud para que busquen recetas sencillas, que no los ponga en riesgo, y pocas cosas hay tan irresistibles como comprarle a un niño algún postrecito a la puerta de nuestra casa. Para esto hay qué involucrarlos desde la compra de los insumos y cómo racionarlos para que exista la mayor utilidad posible. Todo este proceso es muy emocionante para los pequeños, sin embargo suele eventualmente estresar un poco a los padres.

Continuemos con la Transformación de un producto.

Esta actividad consiste en comprar algún producto a granel, para darle un valor agregado y venderlo a un sobreprecio considerable. Esta actividad es muy instructiva y emocionante porque involucra desde crear su propia marca, logotipo e incluso en algunas ocasiones, hasta inventar un nombre para el nuevo artículo derivado de esa transformación.

La cantidad de bienes sujetos a sufrir alguna mejora, es simplemente infinita. Puede ser desde útiles escolares, alimentos, utensilios de cocina, ropa, y un interminable etcétera. La clave será en definitiva toda la creatividad de nuestros hijos a la hora de inventar su marca, su imagen y los medios a su alcance para la comercialización, para lo cual podremos hacer uso de nuestras redes sociales y los grupos de chat de nuestras amistades.

Si tienen la tentación de cobrarle a sus hijos un pequeño porcentaje de la utilidad por el apoyo en la mercadotecnia al usar sus bases de datos personales, que no les dé remordimiento de conciencia. La vida real, en cuanto a negocios se refiere, pocas cosas tiene gratis, y es conveniente que aprendan desde chicos, que un porcentaje de sus utilidades debe siempre de reinvertirse en el mercadeo de sus productos.

Por último, entramos en el campo de la Creación.

Esta actividad es muy conveniente para aquellos pequeños que desde temprana edad muestran facilidad para las manualidades. Hay un sinfín de artículos que pueden elaborar con sus manos, ya sea para fines prácticos o para el mero entretenimiento. Aprovechemos la infinita cantidad de tutoriales que actualmente tenemos a la mano con las tecnologías disponibles, y todos aquellos artículos que podamos encontrar en la red, y que sean sujetos a elaboración manual.

Mis hijas, por ejemplo, se entretienen por largas horas elaborando pulseras, cruces, aretes, collares, y una larga lista de artículos de bisutería que al parecer resultan muy económicos, y sobre todo, muy comercializables.

Estos son solamente ejemplos de la cantidad de cosas que nuestros hijos pueden realizar, sin perder de vista que el objetivo primordial de estas actividades es que aprendan a Invertir. Por lo tanto, no debemos de saltar ninguna parte del proceso sin que ellos estén totalmente conscientes de qué es lo que están haciendo y cual es la finalidad.

Espero estos consejos les sean de utilidad, y se den el tiempo de dar estas instrucciones a sus hijos en bien de su desarrollo financiero. ¡Hasta la próxima!

 

 

Roberto Rojo Alvarez

https://www.facebook.com/ROBROJALV