martes, 3 de diciembre de 2024

TU CULIACÁN, YA NO EXISTE

He visto una publicación ya muchas veces. En esta, se añora la recuperación de su ciudad: Culiacán, Sinaloa, México. Replicada por conciudadanos que tienen mucho cariño y agradecimiento a la ciudad que les vio crecer y, en algunos casos, les dio la oportunidad de desarrollarse, criar una familia, y darse ciertos gustos.
Me apena mucho decirles lo siguiente: ¡Tu Culiacán, ya no existe!
Comenzó a morir lentamente hace décadas, cuando fuimos encontrando pequeños tumores, y nos hacíamos de la vista gorda, diciendo que eran diferentes a los demás. Cuando comenzamos a gozar de los beneficios económicos que provoca la derrama de tanto dinero de procedencia ilícita, que se iba “blanqueando” tras su flujo por la ciudad. Cuando algunas familias de clase alta, fueron asociándose con el dinero sucio, con tal de no perder su estatus social. Cuando los políticos se dieron cuenta de que necesitaban el permiso de los capos para ascender en sus pretensiones, y aun así, no modificaron sus intereses. Cuando los hijos de los delincuentes, en su pleno derecho, comenzaron a reclamar espacios en escuelas y empresas antes reservadas para familias enteramente de bien.
Ese cáncer, lentamente, fue creciendo y haciendo metástasis, hasta el punto de invadir a esa otrora maravillosa sociedad culiacanense. Lo que estamos viendo hoy, es solamente el colapso de ese cuerpo. Y no, ya no hay vuelta atrás.
Así que, por favor, no desees a tu Culiacán de vuelta, porque eso ya no es posible. Espera que de esta tragedia, resurja un Culiacán nuevo, donde exista conciencia de que el dinero mal habido, ocasiona malas historias. Donde no haya cabida para la gente que no es de bien. Donde tengas la certeza que tus hijos solo conviven con gente de clase trabajadora, y no estés preocupado por los riesgos de hacerse amigo de la persona incorrecta. Donde no tengas qué salir huyendo con toda tu familia, de la noche a la mañana, porque un delincuente se enamoró de tu hija. Donde hacer apología del delito, vuelva a dar vergüenza, en vez de presumirse. Donde no idolatren a “Influencers” por el hecho de tener conocidos en el hampa. Donde presumamos a Julio César Chávez, y no a su hijo. Donde nos dé pena haber encumbrado a la difunta Gilbertona. Donde la capilla de Malverde sea un recordatorio de nuestro fracaso, y no un sitio de culto. Donde no sea motivo de orgullo hablar sin tapujos, con todas las palabras altisonantes que antes cuidábamos de no expresar frente a una dama, so pretexto de que “así hablamos los culichis”. Donde el estatus te lo dé la capacidad de ser útil a tu sociedad, y no tu carro o tus abominables prótesis. Donde podamos seguir comiendo delicioso, sin temor a que un delincuente te incendie el negocio. Donde podamos seguir siendo los más hospitalarios, sin el temor de caerle mal a la persona menos indicada.
Si nos replanteamos, lo tenemos todo. Pero por favor, no quieras a tu Culiacán de hace unos meses, de vuelta. Merecemos un Culiacán mucho mejor.

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