¡Qué chulada! Todo fuera como que alguien externo nos dé dinero y nosotros sólo buscar cómo o en qué gastarlo. Y recordamos cuando éramos pequeños, que nuestra única labor era estirar la mano ante un familiar y poner cara de desahuciado, para acto seguido ir corriendo al estanquillo del vecindario, a gastar todo lo que nos habían dado. Pues resulta que ahí, justo ahí es donde comienza nuestra complicada relación con el dinero y la abundancia.
Examinemos las siguientes situaciones: ¿Qué sucede si a un niño le das para gastar diez pesos? Pues que inmediatamente, irá a la tienda a preguntar qué cuesta diez pesos y se los gastará. ¿Y si le das cien pesos? La misma historia, ¿Cierto? Ahora, traslademos este ejercicio a nuestra vida (Comienzo a ver caras de preocupación).
¿Qué pasa si va a ser el cumpleaños de tu cónyuge y cuentas con un “guardadito” de tres mil pesos? ¿De cuánto buscarías un regalo? ¿Qué sucede si tienes ganas o necesidad de comprar un automóvil para ti, y dispones en el banco de 200 mil pesos? ¿De qué cantidad buscarías tu coche? Y, si trasladamos este caso a la compra de una casa para tu familia, y dispones de medio millón de pesos para dar un enganche, ¿Cuánto utilizarías?
Muy probablemente tu respuesta a todas estas preguntas fue que, en todos los casos, usarías todo el capital disponible. De ser así, espero que te comience a quedar muy claro que, el problema es que no hemos terminado de pasar, de ser un niño que toma y gasta lo que tiene, a un adulto que administra prudentemente para crear abundancia. En otras palabras, seguimos sin romper ese patrón con el que venimos desde la infancia.
Toda proporción guardada, este comportamiento no es distinto al de una persona adicta, con gula, ludopatía, alcoholismo o drogadicción, quienes sacian sus apetitos hasta ya no tener o poder más. Pues con la misma seriedad debemos de tomar este tema, y hay qué atacarlo de raíz.
Me disculpo de antemano, por haberlos dejado tan meditabundos respecto a su vida. No obstante, estos artículos van dirigidos y orientados a que eduquemos a nuestros hijos, de forma tal que no repitan los mismos patrones. Entonces, ¡Manos a la obra!
Comienza pequeño.
Sin importar qué tan bien te está yendo económicamente en la vida, o qué complejos de tu pasado quieres constelar, te recomiendo que a tus hijos los comiences a entrenar en el hábito del gasto, con poco dinero. Lo ideal, es a partir de la edad en que entran a su educación primaria.
Mi recomendación es, que en el Primer Grado de Primaria les des Un Salario Mínimo semanal. De esta cantidad, la mitad se la guardarás tú, y la otra mitad se la darás para que gaste en su escuela.
En base a eso, te sugiero darles para gastar solo 50 pesos a la semana. Si uno divide esa cantidad entre los cinco días hábiles, nos parecerá muy poco, puesto que solo tiene para gastar 10 pesos diarios, y con eso le alcanza para casi nada. Pues resulta que tu hijo dará cuenta de ello inmediatamente. Puedes entonces tener la certeza, que el mismo día lunes se habrá gastado completitos sus 50 pesos, y se quedará con nada para el resto de la semana. Y este, es el primer aprendizaje de valor que debe de tener.
¿Qué procede? Todos los días, después de preguntarle sobre cómo le fue, qué tal es la maestra, el nombre de sus amigos, con quién jugó, qué aprendió, si le dejaron tarea, etc., acto seguido, le haces estas dos preguntas: 1. ¿En qué gastaste?, y 2. ¿Cuánto guardaste?
Su respuesta ese primer día será quizá muy obvia. Sin embargo, debe aprender que, tan importante es gastar, como guardar.
Aunque de antemano conocerás la respuesta a ambas preguntas por el resto de la semana, no dejes de hacérselas. Haz tú el hábito de estar al tanto de su administración financiera, y crea en tu hijo la costumbre, de rendir cuentas sobre cómo emplea sus recursos mientras sea tu dependiente económico.
Conforme avancen los meses, comenzarás a darle consejos a tu hijo para que su dinero le dure, ya sea racionándolo al mínimo diario, o eligiendo qué días de la semana quiere gastar, y específicamente en qué. Y que gastar a diario tampoco es una obligación, sino una decisión propia.
Más pronto de lo que imaginas, tu hijo comenzará a comparar precios de su bebida de predilección, o cualquier otra golosina (ya que es muy iluso pensar en que quieran gastar su “Domingo” en frutas), respecto a los precios del supermercado, en comparación con los de la tienda de su escuela.
No se trata de formar seres humanos consumistas, por lo que, en vez de darle ideas mercantilistas al respecto, debemos dejar que por sí mismos lleguen a la conclusión de que, es más conveniente comprar ciertos artículos en el supermercado y llevarlos como lunch a la escuela, que comprarlos en la tienda a un sobreprecio.
No obstante que, la cantidad erogada para el gasto semanal en su primer año es poca, si acaso hace el esfuerzo y guarda algo para el fin de semana, debes premiarlo. Y, muy importante: Los logros financieros, se premian con dinero.
Sigue un patrón.
Conforme tus hijos van creciendo, al igual que sus responsabilidades, deberás de ir aumentando esa cantidad semanal que les estás dando en retribución a su trabajo como niños, que afortunadamente es Estudiar.
Mi recomendación personal, es aumentarles su “Domingo” en relación a Un Salario Mínimo por cada grado escolar, topándolo en 7 a partir del primer grado de Secundaria. Sobre ese sistema, les hablaré posteriormente en otro de mis escritos.
Como ya a partir de su Segundo Grado de Primaria, la cantidad disponible para gastar le resultará “excesiva”, el riesgo que corre tu hijo y que tú le debes de evitar, es que se vuelva el niño que le invita todo a sus amigos. Una vez más, busquemos el equilibrio. No se trata de volver avaros a tus hijos (ni de buscar su nacionalidad regiomontana), sino hacerlos conscientes de que esa, es otra de las malas prácticas que los dejará a ellos nuevamente sin dinero qué gastar. Mejor, sigamos incentivándolos a guardar algo de su “Domingo” para el fin de semana, por ejemplo, prometiendo doblarles la cantidad guardada, para que la gasten durante sábado y domingo.
Ya a partir del Tercer Grado de Primaria, conviene que tus hijos comiencen a guardar dinero, no sólo para el fin de semana, sino para cualquier artículo que ellos deseen, y que haya sido previamente aprobado por ti. La regla y condición que debes de establecer con ellos cuando quieran adquirir algo, es que pueden comprarlo una vez que hayan ahorrado el doble de lo que cuesta el artículo en cuestión. Es decir, si ese juguete que quieren comprar, cuesta 100 pesos, debemos de condicionar esa acción a que ellos ya hayan ahorrado 200 pesos para comprarlo. Y, ¡Mucho ojo! No se les ocurra sucumbir a la seductora tentación de permitirle comprar la versión Premium de dicho juguete, aprovechando que ya tienen el doble de lo que se necesita. Porque de lo que trata esta práctica, es de habituarse a gastar sin descapitalizarse. En otras palabras, deben de ahorrar el doble de lo que necesitan (ahora que pueden darse el lujo), para que entiendan la conveniencia de siempre tener dinero disponible.
A partir del Cuarto Grado de Primaria, tus hijos ya estarán en posición de aprender a trabajar con su dinero, y entender más a profundidad sobre su funcionamiento. Para esta finalidad, conviene que platiques con ellos para que decidan juntos en qué negocio quieren invertir. Mis dos recomendaciones son, 1. Invertir en materia prima de algo que ellos puedan manualmente producir o preparar, ya sea accesorios o alimentos, y, 2. Comprar algo a buen precio, darle un valor agregado, y venderlo con cierto margen de utilidad.
Para esta actividad, será necesario elegir bien qué hacer, en base a las necesidades de su entorno. Es decir, piensen en cosas vendibles, que necesiten o sean asequibles en la comunidad a su alcance, ya sean vecinos, o compañeros del trabajo de sus padres.
Con esta práctica, entenderán cómo gastar en su nuevo negocio, y en cualquier empresa que decidan emprender, cuáles son los márgenes de utilidad, cómo aumentar las ganancias, etc. Y este aprendizaje, será algo que los acompañará por el resto de su vida.
Entonces, Lectores, los invito a utilizar estas técnicas para que enseñen a sus hijos a gastar, que ahí comienza el primer eslabón de la cadena que los llevará por el camino de la abundancia. ¡Hasta la próxima!
Roberto Rojo Alvarez
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