miércoles, 21 de enero de 2015

TERTULIA Y SOBREMESA, 21 de enero de 2015

Pregunto, ¿queremos, o no queremos Tlatoani?
Hace algunos meses decidí escribir sobre los 43 "estudiantes" desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa hasta que el tema hubiera concluido de una u otra manera. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de que este conflicto será financiado y extendido hasta las elecciones del 2018.
Semanas después vino el tema de la Casa Blanca con su desastroso manejo de crisis, precedido por la cancelación del contrato de la obra del tren rápido a Querétaro, que no hizo sino confirmar las sospechas periodísticas sobre la inmoral sociedad existente entre el Grupo Higa y la cabeza actual del grupo Atlacomulco.
Son sin duda estos dos temas los principales problemas que ha enfrentado el Presidente de la República en su breve mandato, y platicando con mi oráculo político personal, en su momento le comenté: El problema de Ayotzinapa nada le hará al Presidente. Todas las líneas de investigación vinculan a las huestes del PRD y evidentemente está financiado por intereses comunes a quienes le apuestan a una caída del sistema. Pero el tema de la Casa Blanca y también la de Malinalco, esos sí que en una democracia madura y a la vista de todo el mundo pueden llegar a tumbar al grupo en el poder.
Sería muy ingenuo de mi parte pensar que un presidente priísta ignore los mecanismos para sofocar una crisis como la de los estudiantes desaparecidos, sin embargo el tema de la relación entre Enrique Peña Nieto y el empresario Juan Alberto Hinojosa Cantú es algo que solamente con una investigación privada pudiera llegar a término, obviamente desastroso para el señor presidente.
Lo cual me lleva a pensar, ¿estará el Gobierno Federal aprovechando el problema de Ayotzinapa como cortina de humo para el caso de la Casa Blanca? ¿Estará AMLO ayudando "sin querer queriendo" a EPN?
Entonces, les sugiero dos opciones muy radicales, comentándoles de antemano que cualquiera de las dos me daría más tranquilidad que seguir en estas aguas mansas y grises por las cuales navegamos:
Opción 1: Volvemos a la figura del Presidente todopoderoso, dejamos que viva donde se le venga en gana a pesar de que esté usando nuestro dinero para tales fines, y avalamos que a toda esa bola de revoltosos los ponga en paz a punta de bala.
Opción 2: Maduramos, exigimos una investigación por la Casa Blanca y todas las propiedades que se acumulen alrededor de la figura de EPN, no quitamos el dedo del renglón, sometemos a juicio al Presidente, y convocamos a una nueva elección sin precedentes donde por fuerza todos nos iríamos con mucho mayor cuidado.
Vuelvo a preguntar, ¿queremos, o ya no queremos Tlatoani?

Roberto Rojo Alvarez

Agregado cultural de Culiacán en Los Cabos

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