Pregunto, ¿queremos, o no
queremos Tlatoani?
Hace algunos meses decidí
escribir sobre los 43 "estudiantes" desaparecidos de la Normal de
Ayotzinapa hasta que el tema hubiera concluido de una u otra manera. No tardé
mucho tiempo en darme cuenta de que este conflicto será financiado y extendido
hasta las elecciones del 2018.
Semanas después vino el tema de
la Casa Blanca con su desastroso manejo de crisis, precedido por la cancelación
del contrato de la obra del tren rápido a Querétaro, que no hizo sino confirmar
las sospechas periodísticas sobre la inmoral sociedad existente entre el Grupo
Higa y la cabeza actual del grupo Atlacomulco.
Son sin duda estos dos temas los
principales problemas que ha enfrentado el Presidente de la República en su
breve mandato, y platicando con mi oráculo político personal, en su momento le
comenté: El problema de Ayotzinapa nada le hará al Presidente. Todas las líneas
de investigación vinculan a las huestes del PRD y evidentemente está financiado
por intereses comunes a quienes le apuestan a una caída del sistema. Pero el
tema de la Casa Blanca y también la de Malinalco, esos sí que en una democracia
madura y a la vista de todo el mundo pueden llegar a tumbar al grupo en el
poder.
Sería muy ingenuo de mi parte
pensar que un presidente priísta ignore los mecanismos para sofocar una crisis
como la de los estudiantes desaparecidos, sin embargo el tema de la relación
entre Enrique Peña Nieto y el empresario Juan Alberto Hinojosa Cantú es algo
que solamente con una investigación privada pudiera llegar a término,
obviamente desastroso para el señor presidente.
Lo cual me lleva a pensar,
¿estará el Gobierno Federal aprovechando el problema de Ayotzinapa como cortina
de humo para el caso de la Casa Blanca? ¿Estará AMLO ayudando "sin querer
queriendo" a EPN?
Entonces, les sugiero dos
opciones muy radicales, comentándoles de antemano que cualquiera de las dos me
daría más tranquilidad que seguir en estas aguas mansas y grises por las cuales
navegamos:
Opción 1: Volvemos a la figura
del Presidente todopoderoso, dejamos que viva donde se le venga en gana a pesar
de que esté usando nuestro dinero para tales fines, y avalamos que a toda esa
bola de revoltosos los ponga en paz a punta de bala.
Opción 2: Maduramos, exigimos una
investigación por la Casa Blanca y todas las propiedades que se acumulen
alrededor de la figura de EPN, no quitamos el dedo del renglón, sometemos a
juicio al Presidente, y convocamos a una nueva elección sin precedentes donde
por fuerza todos nos iríamos con mucho mayor cuidado.
Vuelvo a preguntar, ¿queremos, o
ya no queremos Tlatoani?
Roberto Rojo Alvarez
Agregado cultural de Culiacán en
Los Cabos
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