Los
sábados siempre fueron muy especiales para mí. Y no precisamente por mi
innegable ascendencia judío sefardí, si no porque era el día en que pasaba más
tiempo con mi difunto señor padre.
Como
la función sabatina de box que veíamos casi siempre juntos comenzaba muy tarde
y a él poca gracia le hacía vernos en la cama después de las 6 de la madrugada,
lo que hacíamos juntos durante toda la mañana era trabajar. Lo cual es un decir
porque prácticamente yo me limitaba a acompañarlo en sus pendientes y hacer
preguntas indescifrables durante toda la jornada. Una de las diligencias que
hacíamos era pasar por un expendio de periódicos y revistas para surtir un
pequeño local ubicado en el aeropuerto y denominado el “Tanichi”, que en el
dialecto mayo yoreme significa “tiendita”.
Todavía
tengo muy grabada una imagen que en aquellos años me resultó por demás
perturbadora. Era la portada de una historieta de nombre “Sensacional de
Traileros” en cuya pasta frontal estaba el dibujo de una voluptuosa mujer a
punto de ser ultrajada por un apuesto chofer, con sus vestidos presuntamente
abiertos en forma violenta y en cuya delicada mano portaba un rosario católico…
El Santo Rosario.
En
una edad en la que todavía estudiaba en colegio de monjas, esa historieta que
me quitó el aliento me parecía el peor sacrilegio del mundo. A la distancia,
creo que su portada solamente tenía el claro objetivo de enfadar a las “buenas
conciencias” y vender mas de la cuenta. Lo mismo que como muchas otras
publicaciones hace hoy en día el semanario francés Charlie Hebdo.
Me
ha sorprendido gratamente la desproporcionada reacción ante un hecho tan
deleznable como lo es la violencia con que mataron e hirieron a miembros de
este semanario y de la policía francesa. Y me sorprende por dos razones. La
primera es que estamos en un nivel de desarrollo en el que la mayor parte del
mundo civilizado ve la libertad de expresión como algo intocable, a pesar de
tratarse de una publicación de pésimo gusto como lo es Charlie Hebdo. La
segunda es la contundencia con que han reaccionado las élites religiosas del
mundo, que esta vez de una forma decidida le están dando a entender a los
radicales musulmanes que, o dejan de interpretar el Corán con esa mala
traducción en lo referente a la Guerra Santa, o será el mundo entero contra
ellos.
En algún lugar
del mundo supongo quizás estará un gordo con un puro en la boca saboreándose
este eventual incidente, teniendo un pretexto más para batir sus piezas. O
bien, realmente existen desquiciados con enorme poder económico que encuentran
un goce al gastar su dinero creando el terror en pos de los ideales de Mahoma.
¿Cuál de las
dos estúpidas historias resultará ser la cierta?
Roberto Rojo Alvarez
Agregado cultural de Culiacán en Los Cabos
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