Una semana los dejo y todo el
alboroto que se arma. Bendito Dios que no andaba yo en la boda valenciana a la
que no fui invitado porque en un descuido y me alborotaba para el camino de
Santiago, y como soy algo perezoso para eso de la caminata de 10 kilómetros
diarios lo más seguro es que me iba a ir en tren, y pues ya ven el señor Garzón
Amo que ante su penosa imprudencia se cargó un considerable número de vidas
inocentes, no vaya siendo que ahí me fuera yo también. Por fortuna o no, el
único cruce de vías al que he sido sujeto es el paso por debajo del Puente
Negro, que mientras no venga otro trailero atrabancado de la Tienda Ley durará
muchos años más.
Por ahí me llegó el rumor de que las
altas esferas políticas y líderes de opinión de la capital del país leyeron la “Tertulia
y Sobremesa” del día 21 de julio y ándele pues que se alborotaron y están
solicitando la despenalización del consumo de marihuana para el Distrito
Federal y al parecer, también para el estado de Morelos. Agradezco nuevamente
la opinión que me hiciera hace dos semanas un escritor anónimo concientizándome
sobre los riesgos que implica esta posible legalización del psicotrópico. Yo en
este asunto veo a grandes rasgos dos vertientes y trataré de abordarlas.
Está la gente que se inclina por la
no legalización, y el argumento más fuerte a mi ver es que las bandas
delincuenciales diversificarían muy posiblemente sus actividades a otras de
mayor impacto social tales como la extorsión y el secuestro, porque está muy
claro, toda la gente que quedaría desempleada ante esta medida no precisamente
optarán por sentar cabeza. El Presidente en turno, como lo hemos visto en todas
las pasadas administraciones, se inclinará por la no legalización y tan pronto
se convierta en ex presidente dirá que es un tema que se debe debatir. ¿Qué
solución práctica tiene esta vertiente? Prohibir también el consumo de alcohol,
tabaco y hasta los saleros en los restaurantes, de esta manera se copta en
mayor medida el uso de nuevas drogas porque ya estará muy entretenida la
población intentando conseguir de manera ilícita aquellos productos a los que
ya son adictos. Absolutamente absurdo.
Por otro lado está la gente que se
inclina por la despenalización, cuyo argumento más fuerte es que el consumo
individual no provoca daños de impacto social, además de extensos estudios
sobre la inocuidad de la cannabis y una impactante estadística en el vecino
país del norte que enumera las muertes ocasionadas por el consumo de tabaco,
alcohol y marihuana, donde los primeros dos son terriblemente alarmantes y el
último tiende a la cifra de cero. Además de tener la bonita creencia de que se
evitarán muchas muertes una vez legalizado este consumo debido al decremento de
violencia que provoca el cultivo, trasiego y venta de la misma. En esta última
parte yo no soy tan optimista.
Pero hay una premisa sobre la cual
siempre voy a recalcar: La libertad… La bendita libertad de hacer y deshacer a
placer, aunque muchos rasguen sus vestiduras. Me despido citando al gran
Voltaire con esta frase que algunos le atribuyen: Je ne sui pas d’accord avec ce que vous dites, mais je me battrai pour
que vous ayez le droit de le dire.
Roberto Rojo Alvarez
(Agregado cultural de Culiacán… en Culiacán)
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