El
día de hoy abordaré el tema más importante del que pueda yo escribir en esta
interesantísima columna: La lectura.
Antes de existir la
literatura, el hombre inventó el verso. La razón fundamental es que en ese
entonces era la manera más efectiva de transmitir sabiduría a las generaciones
venideras, por el hecho de no existir todavía materiales de escritura que
hicieran posible plasmar largos textos, y al existir la rima era más sencillo
de memorizar. Es por esta razón que algunas grandes obras de la literatura
universal en su idioma original estaban escritas en verso.
A
pesar de los grandes avances tecnológicos del ser humano en las últimas décadas
y de sus innumerables herramientas de desarrollo y esparcimiento, no existe al
día de hoy un solo instrumento con la capacidad de fortalecer la inteligencia
humana como la lectura. Independientemente del oficio que realicemos para el
cual lo más importante siempre será el trabajo de campo para su especialización
específica, la lectura es capaz de ampliar nuestros horizontes de una manera
insospechada. Además de provocar a nivel químico-molecular una cantidad de
interconexiones neuronales que facilitan nuestro actuar en todos los ámbitos.
También
a través de la lectura y la gran capacidad imaginativa que nos logra
desarrollar, podemos conocer lugares remotos, culturas antiguas y tratar de
manera íntima a seres humanos de otras épocas. No hay mejor manera de conocer a
un autor que leyéndolo en su lengua. Y también por otro lado está la historia
de los grandes iluminados que ha tenido la humanidad, que ya sea por confiar
más en la palabra dicha o por ser seres meramente mitológicos, jamás han
plasmado nada escrito de su propia mano y todas sus enseñanzas se transmiten
por tradición o por alguien más que las escribió.
Vivo
en una tierra de gente valiosa y trabajadora, pero que en su inmensa mayoría no
agarra un libro ni para prender una chimenea, sobre todo porque nuestro hostil
clima jamás permite que la temperatura nos provoque encender siquiera un
cigarrillo. A nivel nación, aparecemos en una encuesta de medición publicada
hace algunos meses por el semanal Proceso en el lugar 107 de 108 países
calificados, según Jenaro Villamil. Vergonzante, pero ni modo de no creerlo.
En
esta época de crisis que tiene ya algunos años y que, aunque de salida, se ve
que nos queda un trecho más, bien haríamos en tomar o retomar el hábito de la
lectura diaria. Es lo más útil y lo más barato. Así cada día nos encontraremos
con menos personas que patéticamente nos presumen: “A mí no me gusta leer”.
Roberto Rojo Alvarez
(Agregado cultural de Culiacán… en Culiacán)
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