Es
el nombre que se le dio a nivel federal a una campaña que busca empezar a
cambiar los hábitos alimenticios en la república mexicana, nación que hoy en
día ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en sobrepeso y obesidad.
Esta campaña pretende lograr sumar todos los kilos que libremente pretendemos
bajar en peso cualquier mexicano decidido a inscribirse en el programa y llegar
como mínimo a la suma de un millón.
Ciertamente
es muy alarmante de qué manera ha subido el índice de sobrepeso y obesidad en
estos tiempos. Recuerdo perfectamente que no hace muchos años, cuando yo me
iniciaba en mi largo oficio de mal estudiante en conocida institución educativa
de la localidad, había en mi salón (y creo que en toda la escuela) un solo
gordito: Ismael. Tan grabado tengo su nombre en mi memoria que cada vez que lo
escucho, automáticamente se me viene a la mente una persona de complexión algo
sobrada, y seguro estoy que a muchos compañeros de generación les sucede
exactamente lo mismo.
Recuerdo
también aquella famosa campaña de 1983 del Consejo Consultivo del Agua, en la
que un gordito regañaba a un miembro de su familia por gastar en demasía el
vital líquido diciéndole: “Amanda, ¡ciérrale!”. De aquel anuncio televisivo lo
único que se recuerda no es el cuidado del agua, sino a un gordito simpaticón
haciendo un movimiento con sus toscas manos que todos los mexicanos adoptamos
para la ocasión en que alguna persona obesa se postrara ante nuestra vista.
Para
no seguirme desviando del tema, he aquí mis cinco sugerencias para lograr este
cometido de aportar una cantidad considerable de kilos de ayuda:
• Convencer al Secretario de Hacienda
Agustín Cartens de entrar a dicho programa, y que él nos subsidie la mitad de
los kilos. Al fin que si ya está subsidiando la gasolina (gringos y
guatemaltecos fronterizos inclusive), ¿qué tanto es para él rebajar unos
quinientos kilitos?
• Comprometerse decididamente a llevar a
cabalidad algún Trastorno de la Alimentación. Las opciones más comunes a
escoger: Anorexia o Bulimia. Nomás no me vayan a salir como una amiga gordita
del Distrito Federal que se excusaba diciendo: Soy Bulímica, pero se me olvida
vomitar.
• Acudir a la brevedad posible a la sala
de cine de su elección a ver la película de animación denominada “WALL-E”, y
poner especial atención en el rumbo que tomará la humanidad si seguimos con
esta tendencia a la inactividad y la individualidad. Esta opción pierde toda
validez si antes de entrar a la sala se compran un combo con hotdog, palomitas,
chocolate, y refresco con refil.
• Implementar de manera obligatoria en
espacios de oficina “La Hora del Ejercicio”. Momento en el cual todos los
trabajadores dejan sus actividades por unos instantes, y siguiendo a un
instructor voluntario, realizan algunos movimientos de calistenia. (Abusado,
Vizcarra, que ya con esta idea me deberías 20 mil pesos)
• Mandar una iniciativa de ley al
Congreso del Estado tal como la existente en Francia, que castiga severamente a
las madres de familia cuyos hijos menores de edad tengan exceso de peso en un
porcentaje mayor al permitido… Mamá, no te preocupes. Esta ley no es
retroactiva, y además hace ya algún tiempo que pasé mi mayoría de edad.
Es urgente que como ciudadanos responsables
hagamos algo por alimentarnos sana y balanceadamente, para de esta manera
prevenir tantas enfermedades que tienen qué ver con el sobrepeso, y revertir
esta tendencia que juega directamente en nuestra contra, como individuos y como
miembros de una comunidad.
Y no me quiero despedir sin antes hacer un
comentario en desagravio a mi gran amigo Ismael, que el día de hoy es un hombre
trabajador, ejemplar esposo, padre de familia de una linda beba, aunque todavía
sea gordito.
Nos pesamos la semana que entra.
Roberto Rojo Alvarez
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