miércoles, 30 de julio de 2008

OPINIÓN CIUDADANA


            Al mexicano le gusta opinar. Esta es una realidad nuestra que nadie puede negar. Para nosotros es algo muy común puesto que convivimos con el hecho todos los días de nuestra vida. Pero habrá qué darle también la oportunidad de comprobarlo a todos aquellos extranjeros que tienen la buena costumbre de escuchar este noticiero. Mis muy estimados señores foráneos que nos escuchan más allá de los confines de nuestro bello estado, basta con que ustedes hagan una pregunta a cualquier mexicano, sin importar raza, religión, filiación política, estatus social, estado civil, preferencia sexual, complexión física, etc. Tampoco tiene alguna importancia la pregunta que hagan, sobre lo que sea, aún cuando esta sea meramente ficticia. La única condición es tener a un mexicano al alcance y hacerle una pregunta… Me corto las uñas si alguno les contesta: No sé.
            También hay qué poner especial atención si es el mexicano quien formula la pregunta, porque generalmente ya trae implícita su respuesta. Este entrenamiento comienza desde la infancia, cuando nuestra madre nos solicita ofrecer de nuestras golosinas al niño adjunto, e inmediatamente sale de nuestra boca una pregunta formulada de alguna de las siguientes dos maneras: La cortés, ¿No quieres?, o la informal ¿Verdad que no quieres?; Luego en la adolescencia ponemos en práctica algunos trucos amañados cuando estamos con una persona con un considerable menor coeficiente intelectual que nosotros, por ejemplo, cuando jugamos un volado y decimos al compañero: “Si cae águila, yo gano, y si cae sol, tú pierdes”, el torpe responderá inmediatamente: “¡SALE!”.
Ya en la vida adulta y contando con cierto coto de poder, estas prácticas se convierte en la formulación de Consultas Energéticas y otras demagogias, como el circo que acaban de presenciar los habitantes de la Ciudad de México y pueblos circunvecinos. Les recomiendo que la próxima vez que vuelvan a gastar ese mundo de dinero en supuestos ejercicios democráticos hagan la siguiente pregunta: ¿Cree Usted o No que somos idiotas?
            El caso es que el mexicano no se queda callado jamás. Le gusta opinar y es abundante siempre entre nosotros la figura de “El Enterado”. Ese quien para todo tiene una opinión, sin importar el tema a tratar, y que cuenta con un grupo de seguidores para el cual tiene una gran autoridad moral. Es él a quien recurren a pedir consejo, no porque hagan caso de las instrucciones que éste les dé, sino porque resultan ser personas con una plática muy entretenida. Sin duda alguna, no hay personaje más simpático que “El Enterado”.
Así somos los mexicanos. Siempre sabemos sobre el tema que se está tocando, o hacemos como que sabemos y nos dedicamos a parar oreja para ocasiones posteriores, o tenemos algún relativo cercano que es una chucha cuerera en la materia. Por eso también tendemos en cada reunión social o familiar a resolver los problemas de la Selección Nacional de Fútbol, la economía nacional, los conflictos bélicos mundiales, encontramos alternativas energéticas para frenar los cambios climáticos, y cuando de plano andamos muy inspirados, hasta reinventamos nuestra religión.
En estos momentos difíciles de nuestra vida nacional, bien haríamos en dejar a los expertos que opinen sobre lo suyo, y optar nosotros los de a pie por dar la respuesta más humilde que de un mexicano puede salir: “No estoy muy familiarizado con el tema”.
Al fin que “poco saben los burros de merengues”. ¿No es cierto?

Roberto Rojo Alvarez

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