Se cuenta de una vez en que un
Tomate, en búsqueda de mejores oportunidades de vida, tomó su morralito de
ilusiones y emprendió camino hacia el tan menguado vecino del norte. Muchos
familiares ya le habían contado sobre las ventajas de emigrar a aquel gran país,
en donde a todos los procesan, los hacen puré, les agregan endulzante, una
vasta cantidad de químicos cancerígenos, y los encierran en unas pequeñitas
bolsas de algún conocido establecimiento de comida rápida.
Todo este sacrificio lo hacía con tal de enviar alguna
cantidad considerable de billetes verdes a su país de origen, específicamente a
su estado, Sinaloa. No contaba con que en la aduana se toparía con un prepotente
agente de inmigración “de color”, quien después de una exhaustiva serie de dudosas
pruebas le negó la entrada a los Estados Unidos de América. Le argumentó que en
su morralito además de ilusiones vanas, portaba una pequeña dosis de Salmonela.
El Tomate le dijo que esto no era cierto, y que de cualquier manera en caso de
que lo fuere, a los estómagos mexicanos la salmonela le hace “lo que el viento
a Juárez”. Pero el Tomate Verde Frito sostuvo su negativa.
La noticia corrió velozmente por todos los confines de
nuestra nación, y pronto comenzaron los rumores de que aquel siniestro Tomate
Verde tenía unos parientes en la Florida a quienes quería darles preferencia de
empleo. La verdad es que por un lado a los mexicanos nos encanta la teoría del
complot y, por el otro, el Tomate Verde está en todo su derecho de negar o
permitir la entrada a su casa a quien le venga en gana. Yo a esos Verdes lo
único que les digo es lo que me decía mi hermana cuando de niño le insinuaba que
yo era mejor que ella: ¡Ya quisieran!
El Tomate, un poco forzado por las circunstancias, comenzó a
pensar en otras alternativas de subsistencia. No faltó quién le diera el mal
consejo de pasar de mojado, o de disfrazarse de alguna otra verdura de
exportación. Pero nuestro paisano, tan recto como todo buen sinaloense, se negó
a estas opciones.
Al tiempo, le llegó al Tomate el rumor de que en un país
europeo de habla hispana se celebra cada año en la ciudad de Buñol una
festividad llamada “La Tomatina”, que consiste en una serie de españoles y
extranjeros agarrándose a tomatazos, y aunque usted no lo crea, esta es una
festividad de interés turístico internacional que tiene ya más de 60 años de
tradición y que el año pasado albergó a más de 40 mil participantes. Se le
ocurrió entonces al Tomate una “Idea de Diez Mil”: mandar un escrito al
Honorable Ayuntamiento de su ciudad y sugerir que se inicie cada año la tradición
de “La Tomatina Culichi”.
Sobre el actual paradero de este Tomate nada se sabe. Algo
de razón tendrán su lucha y sus ideas, al fin que es preferible tener una
fiesta en la que nos honremos como Tomateros, a ver cada año toneladas de
tomate tiradas a orillas de la carretera Costera. Y como vocero oficial de este
Tomate envío un mensaje al Presidente Jesús Vizcarra: Si algún día se realiza
“La Tomatina Culichi”, me debe usted diez mil pesos.
Roberto Rojo Alvarez
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