lunes, 1 de enero de 2007

A PROPÓSITO


A propósito...

La paciencia es uno de los mejores caminos para alcanzar nuestros propósitos”


            ¿Y dónde demonios venden paciencia? También el mejor remedio para los problemas que da un automóvil viejo, es comprarte uno nuevo. Pero eso, al igual que el consejo cursi que enuncio arriba, es un remedio útil a quien tiene dinero y a quien tiene paciencia. Para nosotros los que aproximadamente tres veces al día sentimos la necesidad de esbozar la reconfortante frase “Serenity now! (Seinfeld, 1997)”, de poco nos sirve un caldito de pollo para el alma.
            Los propósitos de año nuevo son, hasta donde la memoria me asiste, una entera llamarada de petate. No conozco hasta el día de hoy a alguien que haya abandonado algún hábito gracias a un propósito hecho en año nuevo. Pero tal parece que nos gusta en estas fechas hacernos a la idea que sí, efectivamente, este año dejaremos de hacer o de ser eso que tanto nos molesta.
            Curiosamente los seres humanos convertimos en ritual público todo aquel compromiso que sabemos nos será difícil de cumplir o sobrellevar solos. Por esta razón el compromiso del matrimonio lo hacemos ante tanta gente y con testigos, como también para un funeral convocamos a nuestros seres queridos. Lo mismo sucede, toda proporción guardada, con los propósitos de año nuevo. Ahí estamos año con año gritando a los cuatro vientos nuestros propósitos, que comienzan por supuesto el próximo lunes. Pero el próximo lunes con frecuencia llega hasta febrero.
            No cabe duda de que en mi configuración genética no termina de desaparecer el gen judío, porque a mí en lo particular los remordimientos me entran por allá en septiembre, cuando me di cuenta de que ya se me fue el año y yo sigo idéntico o peor. Es entonces que calladito la boca hago acaso un propósito. Siendo honestos, es más fácil cumplirlo de esta manera, no siendo así yo un buen ejemplo. Confieso abiertamente que cada vez en mi vida que he dejado un mal hábito ha sido forzado por las circunstancias, no por voluntad ni por virtud.
            Analicemos un poco algunos propósitos recurrentes con los que una vez más nos volvimos a topar este año:
            1.- Adelgazar, el primero. Este es el propósito más común, que se disfraza de varias maneras tales como: Ponerme a dieta, Hacer ejercicio, Ir al Nutriólogo, Alimentarme más saludablemente, No tomar refresco, No comer pan, No comer tortillas, Bajar “N” kilos, Levantarme a caminar, Inscribirme al gimnasio, etcétera.
Vamos a ver. En lo que a la alimentación se refiere, es ilógico pensar que después de la cena que nos echamos el fin de año, la rosca de Reyes que ahí viene en unos días, aunado al considerable aumento del tamaño de nuestro estómago a causa de estas fechas, vamos a dejar de comer. Todo lo contrario, chatos. Hoy te da más hambre que hace un mes, y necesitas más alimentos para quedar tan solo satisfecho. Además de que con el frío tu cuerpo te solicita harinas y grasas. ¡Qué belleza!
Sobre el ejercicio. Estás haciéndo el propósito de levantarte a caminar en el mes más helado del año. Efectivamente, en enero hasta en Culiacán hace frío. Si bien te va, te auguro media semana de éxito. En cuanto a los gimnasios, todos ponen sus promociones de inicio de año y estos se tienden a abarrotar. Por lo tanto, tu propósito de meterte a la clase de spinning se ve frustrado porque día con día te enfrentas a una realidad: ya no alcanzaste bicicleta. Pero no te preocupes, ya te volverá el ánimo cuando sientas de nuevo la urgencia de adelgazar porque se acerca Semana Santa, cuando de nuevo estará de vuelta lleno el gimnasio, o bien, tu promoción haya concluido. Si eres lo suficientemente obstinado, pagarás por dos meses más el gimnasio y volverás a hacer el propósito de levantarte temprano para ir a hacer ejercicio, al fin que ya no hace tanto frío. Es justo entonces cuando viene el cambio al horario de verano y desbarata el cuadro, porque suena el despertador para irnos al gym y resulta que todavía es de noche. Hasta entonces nos asiste la razón y finalmente pensamos: ¡Esto es inhumano!... Ahí comienza el proceso de aceptación de las lonjas, y se vislumbra la posibilidad de asistir en vacaciones a un lugar que no necesariamente sea playa.
2.- Dejar de fumar. Este debe de ser el segundo propósito más recurrente, y lo celebro. En esta tarea el éxito depende de qué tan asqueados del cigarrillo hayamos terminado tras las fiestas decembrinas. Existe también una gran ventaja sobre este mal hábito, y es que cada fumador en el mundo sabe de cierto que fumar, mata. Entonces, con frecuencia alguna enfermedad respiratoria de esas que llegan y se van con el invierno, una asquerosa flema negra, el insufrible apeste, o el reflejo amarillo de nuestros dientes frente al espejo, nos puede hacer reconsiderar continuar con este vicio... Afortunadamente existen muchos métodos que ayudan en esta misión, y un alto porcentaje de ellos realmente funciona.
3.- Meterme a clases de... En la mayoría de los casos, amiga amigo, te darás cuenta de que si precisamente no estamos en clases de, es porque no tenemos talento para... Como bien me dijo alguna vez un gran amigo, el Dr. Don Humberto Choza Gaxiola: “Esas clases de lectura rápida no sirven para nada, pero es bueno que tengas la inquietud de aprender”. Pues eso, que la sola inquietud por aprender cosas nuevas es algo que nos mantiene vivos.
Al respecto te diré también que es muy mala fecha para entrar a clases de algo, porque los ciclos escolares en nuestro país comienzan en verano, y las clases particulares resultan caras debido a que los profesores también sufren la cuesta de enero. Pero te tengo una buena noticia, si para septiembre sigues conservando este propósito, es muy probable que lo lleves a feliz término.
4.- Conseguir pareja... Para este propósito, ya vas muy retrasado. Lo debiste de haber hecho hace dos meses, cuando el frío se comenzaba a asomar y los brazos ajenos estaban ávidos de abrigo, cuando la Feria Ganadera estaba cerca, y cuando tenías muchas actividades a dónde te acompañara tu pareja a festejar. Ya para enero lo único que conseguirás son sobras, y un poco antes del día de San Valentín buscarás un mal pretexto para deshacerte de ella. Si eres más sinvergüenza, esperarás tu regalo el 14 d febrero y sólo entonces planearás la graciosa huída.
5.- Tratar mejor a quienes no me caen tan bien... En algunas familias, no así en la mía, con frecuencia coexiste un ser desagradabilísimo con quien queremos estar con una pared de por medio. Es de esos seres humanos con los que simplemente no hay química, sentimiento muy probable en ambas direcciones. Pero resulta que es “algo” de la familia, y queremos volver a hacer un intento por encontrar algún tema de confluencia. El problema es que ese intento lo hacemos mientras estamos en la reunión familiar de fin de año, cuando esa persona está ebria, trae doce uvas dentro de la boca, su camisa manchada, el pelo desaliñado, y su abrazo blandengue nos aumenta y nos recuerda el motivo de nuestra repulsión.
Si nos entercamos, le damos la oportunidad de que pase la resaca del champagne, y algunos días después nos sentamos en la sala con esa persona para ver de qué platicamos. Pues te tengo una sorpresa: Este año tampoco tendrás absolutamente nada de qué platicar con él, o ella, o ellos. Reconsidera tu propósito y déjalos en santa paz, que muy probablemente ellos a ti también te detestan, en efecto, por un año más.
En mi familia este problema terminó muchos años atrás, cuando “el ojos de mujer” decidió abandonar una familia en la que no habría cabido jamás.
6.- Por último hablaré de un propósito que no mucha gente suele hacer, y que es el más noble: Ayudar a los demás... Este propósito es el más desinteresado, y tal vez el que más nos sirve como personas. No necesitamos poseer muchos bienes materiales, solamente la voluntad y el firme propósito de hacerlo. Desafortunadamente el mexicano en su generalidad desconfía bastante de los organismos de asistencia pública, pero hoy en día contamos con la ventaja de tener a la mano a muchas organizaciones transparentes y sin fines de lucro.
No se trata de convertirnos en el vivo ejemplo de la dádiva, sin embargo el mexicano es generoso por naturaleza. Así que busquemos la manera de hacer la vida más agradable a los demás. A muchos que con lo que a nosotros nos sobra, les producimos en verdad un cambio radical de vida.
Este año, y ojalá que muchos años más, hagamos el propósito de aceptarnos tal como somos, que Dios no necesita más para estar profundamente enamorado de nosotros. 

Roberto Rojo Alvarez

viernes, 1 de diciembre de 2006

EL PUENTE GUADALUPE REYES


El Puente Guadalupe Reyes

“Cruza el amor / Yo cruzaré los dedos” (Gustavo Cerati)

            En aquel entonces todavía era un niño, o como hasta el día de hoy, me negaba a dejar de serlo. Mi madre llegó de un viaje por la ciudad de San Francisco, el cual resultó fascinante a toda la familia por diversas razones.
La primera es que había asistido a un concierto de Raphael y se había logrado colar tras bambalinas. Como prueba de ello trajo una foto a un costado de la puerta del camerino haciéndose acompañar por el español, además de un poster autografiado que permaneció colocado tras la puerta del baño de la habitación de mis padres hasta el mismo momento en que dicha puerta dejó de existir.
La segunda razón fue que en el transcurso del viaje mi madre se había subido al automovil de su tío Febronio, propietario de un restaurante mexicano en San Francisco de cuya fotografía solamente recuerdo las palabras “Mexican Food”. Ese coche era un Rolls-Royce, por supuesto.
La última razón, que para mí fue la más impactante, era una fotografía de mi mamá con mi tía Tina, y de fondo el impresionante puente Golden Gate.
A partir de esa foto tuve largas charlas con mi padre sobre el tema. Me contó que San Francisco era la ciudad de los puentes, ya que ese era únicamente el más importante pero que había otros más. Yo pensé que Culiacán también tenía mucho potencial, dado que hay tres ríos y eventualmente se necesitarían más puentes por dónde cruzar. Aunque ciertamente me discrepaba un poco el ver la foto del Golden Gate Bridge y después compararlo con nuestro Puente Juárez, por ejemplo.
Comencé a recabar datos curiosos sobre la manera en que se habían construido los puentes famosos, su altura, su longitud, los metros de claro entre una torre y otra, materiales, etc. Tardé muchos años en comprender por qué los llamaban “colgantes”, si claramente se les veían sus dos patitas sobre el mar. Hasta llegar al punto de inscribirme a la facultad de Ingeniería Civil del Tecnológico de Monterrey, por qué no, para hacer uno de esos.
Los años me fueron poniendo en mi lugar, hasta que me di cuenta de que lo máximo que podríamos llegar a hacer en Culiacán es poner estructuras como la del Puente Negro para adornar el resto de los puentes de la ciudad, y tal vez ese podría llegar a ser un distintivo y un pequeño atractivo turístico de nuestra bella capital.
La vida siguió su curso, y como a cada mexicano en el mundo Dios siempre le tiene preparada su revancha, un buen día desperté pensando: “Hay un puente con el que sí nos los empinamos a todos: El Puente Guadalupe Reyes”.
Consiste éste, como todo hombre de bien lo sabe, en tomarse muy en serio los festejos comprendidos entre el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, hasta el 6 de enero, día de los Santos Reyes.
Para el mexicano la fortísima devoción guadalupana es motivo de gran fiesta. Causa de esto la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México es el templo católico más visitado del mundo, aun por encima de la Basílica de San Pedro en Roma. Esta tradición existe en todo el país, y gracias al Papa Juan Pablo II ahora en todo el continente americano.
Aquí lo festejamos en La Lomita. Miles de personas visitan nuestro templo con cientos de niños disfrazados de San Juan Diego, y a las niñas las visten de Adelitas. Cabe mencionar que la Adelita es un personaje de la Revolución Mexicana que existió algunos cuatro siglos después, pero sucede que si solamente al hermanito disfrazan luego la niña se siente. Además para que desquite el disfraz que se le puso a la niña en septiembre.
Los festejos del mexicano después continúan con las tradicionales posadas. Consiste esta fiesta en conmemorar un pasaje de la historia de Cristo en la que su madre no encuentra quién la deje entrar a dormir mientras viajaba y la encontraba la noche. Esto el mexicano lo traduce en un grupo de gente dentro de una casa y otro grupo afuera, velitas, ponche con piquete, buñuelos, y los dos grupos de gente intentando leer bajo los influjos del alcohol un papelito ya lleno de cera con la letra de una canción que lo único que sabemos de memoria es “Entren, Santos Peregrinos... Peeeregrinos”. No veo la razón por la cual se necesitan varios días para conmemorar ese pasaje de la vida de Cristo, aunque tampoco lo discuto mucho porque este año estaré invitado a varias posadas.
Ya con el cuerpo más o menos golpeado llegamos a la Noche Buena. Los gringos nos mandan los pavos que no lograron vender en su Thanksgiving y aquí les inyectamos vino blanco (o del que haya) por todo el cuerpo, y los rellenamos de picadillo. Si la familia no es muy grande se usa un pollo, que es mucho más sabroso. Y si la ascendencia familiar es española, con suerte se cena un buen bacalao, pescado del cual sólo conozco un frasco de aceite llamado “Emulsión Scott” que es lo que le intentaban dar a mi hermana mayor cuando no quería comer. La sola amenaza y el temor que a ella le provocaba dicho jarabe, hizo que mi apetito no se permitiera fallar jamás.
El resto de la semana que le queda al mes de diciembre, la familia se alimenta con todas las variantes posibles del pavo recalentado sobrante de la cena de Navidad. También se hacen los preparativos para la recepción del Año Nuevo, que consiste en acumular muchos litros de alcohol y muchos kilos de pólvora para los cohetes. El licor y sus placeres me los puedo explicar, pero el otrora condimento chino, envuelto en papel periódico, definitivamente no.
Llega la última noche del año (Noche Vieja, la llaman los españoles), y nos disponemos a cenar, aunque nunca sabemos la hora más prudente para comenzar. A veces porque el tío mandilón sigue en casa de su suegra y hay qué esperarlo, o porque simplemente la cena no está lista. Si empezamos muy temprano, luego falta mucho tiempo para el festejo y la gente mayor no llega al año nuevo porque se va a dormir. Si nos quedamos cortos en tiempo, estamos muy satisfechos al momento de tener qué deglutir las doce uvas en el conteo regresivo de diez segundos, y esta pesadumbre combinada con los vinos nos puede provocar un poco de nauseas. Sobre todo si a penas completaron el paquete de uvas y nos toca alguna con semilla.
El desvelo y la probable resaca que nos provoca ese día solamente se puede sobrellevar si le damos continuidad a los festejos, bajo cualquier pretexto. Generalmente es despidiendo a los parientes foráneos que vuelven a sus sitios de origen, terminándonos los víveres supervivientes de los festejos anteriores.
La última fiesta, que ya más bien es necedad, es el día de los Santos Reyes. Bien a bien ya no sabemos ni qué tomar ni qué comer, pero sabemos de cierto que es el último día de la temporada en que nos permitimos algunos excesos. Convertimos el Oro, Incienso y Mirra (sigo sin saber qué es la mirra) en tamales, pastel y bebida, y al más morenito de la familia lo llamamos Baltasar en son de burla.
Éste es sin duda el puente más largo del mundo, y solo la alegría del mexicano es capaz de construir cada año uno nuevo. Aunque le provoca a las damitas el impulso de permanecer a dieta por los próximos 3 meses del año, y con bastante frecuencia a algunos hombres hacer el propósito de dejar de fumar. Crucemos pues con responsabilidad este 2006 nuestro orgulloso puente Guadalupe Reyes. Bon voyage.

Roberto Rojo Alvarez

viernes, 16 de julio de 2004

SOBRE LA DIOSA CERES


SOBRE LA DIOSA CERES

A mi amigo Josema,
futuro de la agricultura sinaloense.

            Tanit fue su original nombre de origen fenicio, luego pasó a ser Deméter en la antigua Grecia, y finalmente Ceres en el imperio romano. Esta no es precisamente la evolución de un baile de coronación que llegó a través de los siglos hasta la ciudad de Culiacán, sino el nombre de la Diosa mitológica de la tierra y la fertilidad. Por tal motivo, la asociación de agricultores organiza anualmente esta fiesta en su honor.
Uri era el nombre del iraquí chofer del autobús que nos recogió afuera del “Ben-Gurión”. Lo primero que se observa a la salida de este aeropuerto es un anuncio de la cerveza Corona, y siendo yo un mexicano ordinario como tantos, me emocioné cual si mi progenitor fuera socio accionista de esta empresa. No deja de ser curioso que allá al otro lado del planeta, en el país (desértico) más avanzado del mundo en cuanto a agricultura (y otras varias cosas), lo primero que vi después de más de 24 horas de vuelo sea un anuncio de la cerveza nacional.
Recorríamos las modernas calles de Tel-Aviv en busca del hotel que habría de hospedarnos por un par de noches aquella semana santa de 1998, cuando me percaté de que en todos los camellones de la vegetadísima ciudad había mangueras color negro empotradas en la tierra que las contenía. Pregunté de súbito al guía, un argentino de raza judía que vive en Israel, el por qué de tanto plástico en los camellones. Me comentó que todas las plantas en esa ciudad son irrigadas artificialmente. Ante mi cara y mi seguramente ordinario comentario de asombro me comenzó a dar datos asombrosos en cuanto a lo que ha hecho la raza judía con aquel desierto.
Pues que de desierto Israel tiene ya muy poco. Por medio de sistemas muy avanzados de aprovechamiento del agua, han hecho bosques enteros a base de irrigación artificial, y esto ha producido cambios climáticos favorables para este país, provocando así la atracción de más agua y alargando considerablemente sus temporadas de lluvias. Esto lo pude constatar rápidamente, ya que no solo en los camellones de esa ciudad había mangueras por doquier, sino en todas las ciudades y en absolutamente cada kilómetro de sus carreteras. –“Es porque tienen mucha lana”-, diría mi tío Juan. Pienso que hay mucho más que eso, sobre todo porque es conocido que la raza hebrea se distingue por ser muy trabajadora y eficiente. Fuera de toda distinción racial, da gusto ir a un lugar tan hermoso donde hace apenas 60 años existía tan solo un desierto.
En el rancho “Las Lumbreras”, que se encuentra en el municipio de Nombre de Dios en el estado de Durango y es propiedad de mi tío Lorenzo Aceval, tuve mi primer contacto hace mucho tiempo con algo que para ese entonces me parecía como ciencia oculta: El riego por aspersión. En cada surco se encontraba enterrada una manguera con agujeros estratégicamente colocados para dar a cada planta la cantidad de agua y de nutrientes que necesitaba. El día de hoy se encuentra en ese rancho trabajando con Javier mi primo un grupo de estudiantes de la facultad de Agronomía de la Universidad Juárez de Durango. Hacen un experimento para combatir las fortísimas sequías que aquejan a ese estado produciendo alimento con los nutrientes que en esas fechas el ganado necesita. Este es el desarrollo agrícola de esa región.
En el municipio de Guasave existe un ejido cuyos habitantes de haber sido oriundos de París, la ciudad luz, estarían poco menos orgullosos. Es el famoso pueblo de La Trinidad, a cuya virgen (¿?) adoran anualmente el día (de “La Virgen”) de La Santísima Trinidad. Este es un pueblo rodeado de hectáreas de cultivo principalmente de tomate, frijol y maíz. Cuando estaba escuincle, por recomendación de mi papá me metía en los sembradíos cargando una bolsita con sal y arrancaba tomates para comérmelos ahí mismo. Deliciosa experiencia con el campo, aunque lo mío lo mío haya sido la música. Evidentemente mi padre fue siempre amante de la ciencia de la Agronomía, pero la consideraba impropia para estudiarla si uno de familia no contaba ya con tierras qué trabajar.
Sinaloa es hoy por hoy el estado de la república mexicana con mayor importancia en cuanto a la agricultura, y uno de los productores más importantes a nivel mundial de tomate, pepino y berenjena, por citar tan solo tres ejemplos. Esto nos confiere a los sinaloenses una responsabilidad muy importante en cuanto a la economía nacional y al futuro de nuestra gente.
Año con año, la ciudad de Culiacán es sede de la exposición agropecuaria más visitada de México. Nos honran con su presencia expositores de todo el mundo, y los productores locales aprovechan para modernizar su infraestructura. Yo solo la visito porque el despliegue de mujeres edecanes es sin duda uno de los mejores del mundo. Podrán ser los visitantes extranjeros más avanzados para la moderna tecnología agrícola, para la manipulación genética de semillas, o para el buen aprovechamiento del agua, pero en cuanto a mujeres guapas por favor sí se me sientan un rato. A las pruebas nos remitimos.
Guillermo Sheridan, agregado cultural de México en París, escribió hace algunos dos años un artículo en la revista “Letras Libres” sobre lo complicadas que son las instrucciones de los equipos electrónicos galos. Más de una década atrás, Francia se encontraba ante el inminente problema de la unificación económica de Europa. Su PIB era básicamente fortalecido gracias a su tecnología y a que los franceses son tan nacionalistas que difícilmente importaban tecnologías de otras partes del mundo por consumir la propia. Pero qué sucede, que sus gobernantes fueron muy inteligentes y previsores, y al saber que no podrían competir con el desarrollo tecnológico alemán, decidieron volver a dar una mirada al campo. Se prepararon arduamente, de tal manera que cuando finalmente se dio la unificación europea, los franceses eran y siguen siendo los principales productores agrícolas de la Unión Europea.
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá se firmó en el sexenio del ahora innombrable Carlos Salinas de Gortari. Diez años de plazo nos dieron para liberar el comercio de los productos agrícolas. Llega el 2003 y nuestras autoridades no hacen más que llorar ante un problema muy anunciado. No tenemos vergüenza. En vez de prepararnos durante una década para ser competitivos a nivel internacional, lo único que se ha hecho con el campo es marginarlo y dejarlo caer. Pero México tiene más vidas que el Coyote del Correcaminos, y con el esfuerzo de todos nuestros agricultores podremos salir bien librados de este añejo problema.
En el año de 1990 una pareja de belgas, el Dr. Joseph Elías y la Dra. Christian Meulemans, publicaron un libro titulado “El desafío de México, Titán del siglo XXI”. Ante la inminente caída del imperio utilitarista estadounidense, mencionan que México como cabeza de América Latina es el lógico sucesor hegemónico por venir. Nos dan nota de la incalculable riqueza de nuestra gente y el potencial que tenemos en cuanto a energéticos y materia prima. Pero nos hacen ver que esto solo sería posible si comenzáramos a sentar las bases de ese desarrollo en nuestro campo. Es increíble que una pareja de eruditos europeos que trabajaron para National Security en los Estados Unidos de América, vengan a intentar abrirnos los ojos sobre nuestras posibilidades y responsabilidades. Obvio decir que es un verdadero hallazgo encontrar este libro.
Hace muchos años ya que pasaron los momentáneos beneficios de la reforma agraria. A diferencia de otros estados de la república, Sinaloa tiene producciones agrícolas nada deleznables. Es por esto que confiero de alguna manera la responsabilidad a nuestras autoridades de sacar adelante una nueva reforma agraria que cimiente las bases a nuestro país para ser la cuna del desarrollo sustentable de México.
Es triste ver cómo se desperdician cada año toneladas de tomate a la orilla de la carretera por falta de buen precio en el mercado, o en invierno ver hectáreas de frijol completamente quemadas por alguna helada. Y cómo no, si los problemas del campo nos afectan a todos los mexicanos. Es esta la razón por la que hoy escribo, para felicitar a todos y cada uno de los agricultores de nuestro estado instándolos a ver por el futuro no solo de la economía local sino del desarrollo de toda una nación. De agricultura sé poco, de necesidades he escuchado mucho últimamente. Necesitamos de ustedes. Feliz día del agricultor.

                                                                                                                 Roberto Rojo Alvarez

lunes, 10 de mayo de 2004

MADRECITA MEXICANA


MADRECITA MEXICANA

A la memoria de Renata,
a las pecas que adornaban su eterna sonrisa.


            El Día del Niño

            De lo que se trata esto es de que no hay clases el 30 de abril, que hay pachanga en la escuela, y que ese día no llevamos uniforme. Al menos eso pensaba cuando era menor e iba al colegio. Ahora vemos que hay un sinfín de festejos, concursos, rifas y desfiles por doquier en torno a esta celebración. Nunca olvidaré con qué nostalgia pasé el Día del Niño de 1987, por ser éste el último que festejaría antes de pasar a la secundaria. Alguna mente perversa me hizo creer que en ese entonces dejaría yo de ser un niño, ya me doy cuenta que a mis 28 años sigo siendo tan mocoso e irreverente como siempre.
            En el Nuevo Testamento hay un pasaje de Cristo escrito por el Apóstol San Pablo en el que menciona una frase que ha sido difundida por varias razones sociales, iglesias e instituciones en todo el mundo: “Dejad que los niños vengan a mí”. Sugiere que todo aquel que no sea como un niño, no entrará en el reino de los cielos. Se dice que los niños no tienen malicia, no tienen envidia, no guardan rencor, no son avaros, no son vengativos, siempre sonríen, y aman sin medida. Hay infantes que definitivamente dejan de ser niños a una muy temprana edad, salvo esas escasas excepciones, es cierto que en eso deberíamos, más que imitar a los niños, jamás dejar de ser uno de ellos.
            En el libro “El paraíso en la otra esquina”, de Mario Vargas Llosa, se hace una analogía de la vida con un juego infantil del mismo nombre, que es la equivalencia mexicana del juego “Pan y queso”. Este juego, como todos bien recordamos, consiste en andar de un lado a otro preguntando en donde está eso que buscamos, que siempre está en donde acabamos de preguntar, o donde estamos por preguntar. En México es el Pan y el Queso, en Perú, el Paraíso. Lo más importante que muestra este libro es que el ser humano vive entre dos puntos: el Paraíso (siempre en el pasado) y la Utopía (siempre en el futuro). Obvio decir que esto nos remite a que el paraíso de nuestra vida es la niñez. O la vejez (la otra cara de la niñez), que consiste en recordar lo hermosa que fue nuestra vida en aquellos tiempos.
            Dos series he visto en televisión con una narrativa particularmente hermosa: “Los Años Maravillosos” (“The Wonder Years”, USA 1988-1993), y “Cuéntame cómo pasó” (España, 2001-a la fecha). Consisten ambas series en una persona adulta que narra la historia de su vida, vista desde la perspectiva de cuando era niño. Son muy interesantes porque nos cuentan, con la madurez adquirida por los años, historias que les suceden a niños comunes y corrientes, tal como lo fuimos nosotros. Es imposible no identificarse con alguno de estos personajes. Les recomiendo ampliamente echar un vistazo a la serie española, que en nuestra ciudad se transmite todos los domingos de las 20:00 a las 21:15 horas por el canal 75 de Megacable.
            Chiquillos y chiquillas, permanezcan así hasta que la vejez les reclame ese espíritu de nuevo, nunca escondan al niño que llevan dentro, y que ese ímpetu siempre sea más fuerte que ustedes. Al fin que las impertinencias que cometamos en el camino, ¡son chavaladas!


            El Día de las Madres

            Serenatitas.com solicita urgentemente gente dispuesta a trabajar cantando a todas las mamás de México y el mundo que están por recibir su tan anhelado Día de las Madres. Solicita también de una manera mucho más urgente a personas que contraten serenatas porque nomás no me cae chamba.
            Desde que estamos prácticamente saliendo de la etapa de lactancia, se nos comienza a hablar del Día de las Madres. Desde que cursé el Parvulario (Kindergärten, en perfecto alemán) las Señoritas nos ponían a hacer manualidades con tal de llegarles a nuestras mamás el 10 de mayo con un regalo horrible, del cual cuando mucho lo que corría por nuestra cuenta era aplicar un poco de barniz a una tabla con un pensamiento de papel adherido a ella. Hubo también una etapa en la que tejíamos bolsas muy poco estéticas con un hilo de plástico (casi siempre azul tornando en lila) en una maya blanca plástica también. El resultado era reprobable, pero como bien dicen a nuestra conveniencia: Lo que cuenta es el detalle. O como la frase que usaba el gobierno mexicano en los ochentas como consuelo para la gente ante la crítica situación económica por la que pasaba (y sigue la mata dando) nuestro país: “Regale afecto, no lo compre”.
Ya en la Primaria, desde principios del curso escolar la maestra nos abría una cuenta de ahorros, y unos meses antes de que llegara el 10 de mayo, muy convenientemente nos llegaba con su catálogo Avon, Mary Kay, o Fuller, y hacía su agosto adelantado con todos sus alumnos. Para estos tiempos nuestros regalos eran más sofisticados, aunque nunca tuvimos la sensibilidad de darles a nuestras mamás algo que a ellas les gustara. Al menos en mi caso, siempre le regalaba a mi madre algún artefacto para ponerla a trabajar: Tostadora, Batidora, Licuadora, etc. Recuerdo la vez que le regalé el 10 de mayo por la mañana una licuadora, y en la tarde se le ocurrió decirme que me metiera a bañar. Fue tanto mi coraje a su demanda que la amenacé diciéndole: “Devuélveme la licuadora”. Nunca lo hubiera hecho. Fue un calvario por el que me hizo pasar para aceptar de vuelta el aparato que con tanto esfuerzo ahorre para comprarle durante todo un año. Ay, Madre (Gordolfo Gelatino).
Tal vez el Día de la Madre sea una fecha meramente comercial, lo que sí es que nunca dejará de ser un muy buen pretexto para demostrarles a nuestras madres lo que cada día del año les debemos de demostrar: Que son lo más valioso que existe en nuestra vida entera. Muchas felicidades, madrecitas mexicanas.


El Día que me quieras

Te vuelvo a encontrar con una cara nueva. Me vuelves a sorprender. Me descubres lo que anteriormente había adivinado en tu interior. Mas súbitamente te me escapas de las manos. Lo llamaremos circunstancias, lo llamaremos destino, lo llamaremos aventura, lo llamaremos miedo. Sabes que algo muy importante sucedió, y eres consciente de que si vuelves será para siempre. El día que me quieras, se prolongará por una eternidad.

                                                                                                                 Roberto Rojo Alvarez

sábado, 27 de marzo de 2004

EL CÓDIGO DA VINCI

Se está haciendo un gran alboroto en torno a éste Best seller (bet séler, diría mi amigo el mesero), así que pretendo dar una opinión muy objetiva sobre la novela. Novela, señores, novela.
Existen tres motivos de peso por los cuales leí un libro que jamás me habría interesado leer. El primero es que me lo regaló mi amiga Angélica, mi reina. El segundo es porque es un “ataque frontal (dicen los analistas)” a la Iglesia Católica y Apostólica, en la cual fui educado. El tercero, último y más importante (Los últimos serán los primeros) es que la novela pretende desprestigiar abiertamente a una institución de la iglesia a la cual conozco desde hace 10 años, y aunque no pertenezco a ella, he recibido de su parte muchas satisfacciones, entrañables momentos y grandes amigos, el Opus Dei.
Intentaré explicar primero lo bueno, aunque en realidad es poco. Es prácticamente un trillado thriller gringo escrito casi a manera de guión de cine. La trama te logra captar a pesar de sus errores típicos de película de bajo presupuesto y sus resoluciones de incógnitas demasiado predecibles. Te picas en la lectura a pesar de sus incongruencias. Te entretienes mientras la novela te transporta de París a Roma, España y Londres. Si como a casi todo buen mexicano, les placen las historias sobre conspiraciones, igual y les gusta. En pocas palabras y transportado al lenguaje de cine, es un buen churro. Lo más probable es que este libro sea llevado a la pantalla grande tan pronto deje de ocupar los primeros lugares de ventas a nivel mundial. Yo les recomiendo esperar por la película ya que de nada se pierden si dejan de leerlo.
Lo malo. El autor Dan Brown (apellido de dudosa procedencia) comienza su novela con un apéndice nombrado “Los hechos”, el cual termina diciendo: “Todas las descripciones de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces”. A pesar de ser una afirmación muy ambigua, está premeditadamente escrita para confundir al lector de bajo nivel cultural. Puede ser que esta novela confunda a las personas que tienen poco conocimiento sobre historia y un limitado criterio, aunque yo dudo que estas personas se interesen por leer un libro de 557 páginas. No en México.
Pienso que mal hacen (quien quiera que sea) en pagar un programa conducido por el periodista Joaquín López Dóriga un viernes a media noche al cual invitan a gente picudísima en ene cantidad de materias raras (¿qué tiene qué andar haciendo un especialista en lenguas coptas?) para desmentir los hechos de un libro que finalmente es una novela. Señores, entre más polémica se haga en torno al libro, más gente lo leerá. Les adelanto, la gente a la que le pudieran servir sus argumentos se encontraba a esas horas del viernes bebiendo alcohol en un antro. El desprestigio es paradójicamente la mejor propaganda que existe. Lo mismo hicieron con la película “La Última Tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988)” de la novela de Nikos Kazantzakis, que hoy en día es casi un clásico del séptimo arte (by the way, a mí me pareció buenísima).
Me da gusto vivir en un mundo globalizado en el cual tenemos la posibilidad de difundir un libro tal como se difundió The Da Vinci Code. Que cada escritor utilice esta apertura para bien o para mal, según sus principios. Y que cada lector que se tope con esta novela la tome para bien o para mal, según la solidez de su formación. En fin, que lo lea quien quiera leerlo y viva la libertad de expresión.
Termino citando a Voltaire: "Estoy en desacuerdo con lo que dices. Pero defenderé con mi vida el derecho que tienes de decirlo".

                                                                                                               Roberto Rojo Alvarez

SOLO EN LIBROS


           En alguno de los números anteriores de la famosa revista Blanco & Negro me encontré con la sorpresa de que esa sería la última edición de la sección “Solo en libros”. El único argumento que encontré de tu parte fue uno que decía: “No creo en el Internet”, y precisamente en el sitio web la frase it’s over. Recordé al personaje de Phoebe Buffay de la serie Friends discutiendo con Ross sobre la existencia de la evolución. Te contesto de la misma manera que le contestó el científico a la hippie: La evolución, al igual que la Internet, no son cosas en las que se deba o no creer sino hechos científicos demostrables y tangibles. Es cierto que la red mundial se puede utilizar de una mala manera, pero no creo que haya sido este tu caso. Sé que no dejarás de escribir y eso me alegra, lo que no me agrada es que me hayas quitado la oportunidad de seguirte leyendo. Vuelve a abrir esa ventana que nos permitía a mí y a quienes gozamos tus disertaciones sobre el placer que produce el comerse una mandarina. Vuelve a publicar.

                                                                                                                              Roberto Rojo Alvarez

LA CRUZ ROJA



            Mi historia con la Cruz Roja afortunadamente es casi inexistente. La única vez que entré ahí fue porque a un doctor le prestaron el quirófano en donde me habría de quitar una cicatriz de la pierna que a la vuelta de los años tomó el doble de sus proporciones originales.
            El pasado 15 de marzo arrancó la Colecta Nacional de Cruz Roja Mexicana con una campaña de publicidad muy buena, como cada año. Hay un spot que me llama mucho la atención, sobre todo porque al final una mujer de nombre Marcela exclama con voz de profetiza que ella ayuda a salllvarrr mi vida. Esta colecta, al menos en nuestro país, obtiene para fortuna nuestra y de la institución buenísimos resultados. Dicha institución está regida por cuatro Convenios de Ginebra, Suiza, país que por alguna extraña razón ostenta como bandera lo que sería prácticamente una cruz roja invertida.
Alguna vez mi padre decidió que ir por carros a la frontera era una buena oportunidad de negocio, y lo hizo durante algunos pocos meses. Recuerdo varios de los automóviles que trajo, pero el que más se quedó en mi mente fue una ambulancia equipada color azul con naranja y blanco, que al poco tiempo fue donada por el Club Rotario a la Cruz Roja. La pintaron toda de blanco y le asignaron el número 9. En aquel entonces solo teníamos nueve ambulancias en la ciudad de Culiacán, ignoro cuantas posea la institución hoy día (diría Don Francisco), supongo y espero que sean más.
En otra ocasión llegaron personas de la Cruz Roja a nuestra base del Grupo 5 de los Boy Scout (Descripción peyorativa: Niños vestidos de idiotas siguiendo a un Idiota vestido de niño) a intentar enseñarnos Primeros Auxilios. Recuerdo que había una enfermera muy guapa y yo solo esperaba el momento en que ella me tomara como voluntario para explicar lo que era la respiración de boca a boca. Me despreció abiertamente y prefirió en cambio a un maniquí. Otra de las cosas que nos enseñaron fue que cuando alguien se accidenta se debe de evitar cambiarlo de posición, para eso sí me hicieron nudos con mi cuerpo, me aventaron al suelo, y me levantaron exitosamente en exactamente la misma posición que había caído. Buena cosa, o como diría mi amigo Fabián Arturo: ¡Eh, qué modo…!
En 1985 nuestro pueblo sufrió una de sus peores catástrofes en la historia, el terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México. En aquel evento, a pesar de la negativa del entonces presidente Miguel Delamadrid, recibimos ayuda de todo el mundo. Y aunque a la Cruz Roja le robaron unos perros rescatistas franceses raza pastor alemán, y mi mamá recibió un delicioso queso holandés por parte del DIF que obviamente era para los damnificados, la Cruz Roja es hoy por hoy una de las instituciones con más credibilidad a nivel mundial.
Ojalá seamos comprometidos todos con nuestra sociedad y hayamos tenido el privilegio de portar una calcomanía como símbolo de nuestra ayuda, siempre útil. Ojalá hayamos cooperado al menos para quedar bien con las guapas muchachitas que había por todos los cruceros de nuestra ciudad, con los ahora tan sofisticados botes y no con las latas de leche Nido de mis tiempos que solamente se forraban y se les hacía un orificio encima. Muchas felicidades, Cruz Roja Mexicana.

                                                                                                                Roberto Rojo Alvarez