lunes, 15 de junio de 2020

EDUCACIÓN FINANCIERA PARA LOS HIJOS

Quince millones. Es un gran número, como diría mi abuela, “hasta para contarlo”. Este es aproximadamente el número de familias mexicanas de clase media que hoy, como en los últimos tres meses, no sabemos qué hacer con nuestros hijos durante el eterno confinamiento al que nos vemos sometidos.
Una de las carencias más común que tuvimos la mayoría de los padres de familia en las generaciones actuales, fue la falta de educación financiera. Quizá porque nuestros ancestros tenían un sentido común que nosotros extraviamos en el camino. Como dijo un colega español hace algunos días, “Para ellos era muy simple: Si ganas 5 pesos, gastas 3 y guardas 2, y ya está. No necesitaban ir a Harvard para aprender eso.”
En cambio, aquí tienes a esta generación queriendo imitar a los Tecnócratas egresados de alguna universidad de la Ivy League. Y son precisamente ellos quienes han escrito grandes obras de ayuda para tener sistemas de ahorro y enriquecimiento, pero también de ahí surgen corrientes que arruinan países, tumban bolsas de valores, quiebran compañías globales de servicios financieros, llevan a crisis inmobiliarias, devalúan monedas, y una larga lista de atrocidades.
Por dichas razones, y con la plena conciencia que estas están basadas en generalidades, considero muy conveniente que una de las actividades a realizar con nuestros hijos durante este confinamiento sea precisamente darles una educación financiera simple, como aquella de nuestros abuelos.
Para estos fines, se me ocurren dos caminos básicos, que de hecho conviene aprendan ambos:

1.    Buscarles una actividad que realicen disciplinadamente a cambio de un pago de parte nuestra en remuneración a su trabajo.
2.    Darles a elegir algún negocio que ellos puedan emprender durante esta etapa, tomando en cuenta todas las medidas de higiene y sana distancia.

Caso número 1:

Para el trabajo en casa, tengamos en cuenta que debemos separar esta nueva actividad de nuestros hijos, de cualquier otra costumbre diaria que ellos tengan. Es decir, si tu hijo ya tiene la responsabilidad de poner los manteles en la mesa antes de cada comida, esa no puede pasar a ser su labor remunerada.
Siendo empáticos con la época por la cual pasamos, debemos tomar en cuenta que muchas familias dejaron de tener ayuda doméstica. Así como otros hogares cuyas casas anteriormente estaban vacías la mayor parte del día, hoy tienen a la familia entera provocando por supuesto más trabajo del cotidiano.
Podemos buscar entonces alguna labor para nuestros hijos que sea de apoyo a los padres de familia para el debido orden en el hogar, y que no ponga el riesgo su integridad física ni la de tu patrimonio.
Ejemplos: Barrer la cochera y el patio, regar las plantas, podar el césped, recoger las hojas secas, lavar la loza, bañar a la mascota, aspirar el automóvil, etc.

Caso número 2:

Si optas por animar a tus hijos a que emprendan un negocio, deberás tomar en cuenta su edad, habilidades, y las necesidades actuales de tu comunidad. Dependiendo de esos factores, ellos pueden comercializar un producto, darle un valor agregado, o ambas cosas. Para ejemplificar: Si en nuestra casa hay un árbol de mangos, poner una mesita y venderlos, sería comercializar. Presentarlos en bolsas de medio kilo con un moño lindo y una etiqueta con su nombre, sería darle un valor agregado. Hacer una nieve de mango y venderla entre nuestros vecinos, sería ambas cosas.
Planteados estos puntos, si se inclinan por la comercialización tomemos en cuenta que una necesidad actual de muchas familias tiene qué ver con esta serie de productos que a raíz de la situación actual pasaron a formar parte de las necesidades básicas de una familia, tales como cubre bocas, mascarillas, lentes, guantes, gel de manos, etc. Podemos buscar proveedores económicos de estos productos y darles algún valor agregado para obtener una módica utilidad de esta comercialización.
Si tus hijos tienen cierta inclinación por la cocina, con las debidas precauciones puedes animarlos a preparar algún producto de bajo costo y que sea de consumo generalizado. Los postrecillos ¡no fallan! En este momento en que todas las familias están en casa es probable que la venta de su producto sea muy efectiva, con la ventaja que los alimentos tienen un mayor margen de utilidad.

Para cualquiera de estas opciones que decidas plantear a tus hijos, debes de saber de antemano que la parte más importante de todo esto es la disciplina con la cual se realicen estas labores, y eso dependerá enteramente del seguimiento que tú como padre le des.
Aprovechemos pues esta etapa de confinamiento mas las vacaciones de verano para comenzar con una enseñanza básica de finanzas para nuestros hijos. Con suerte, y algo se nos pega.


Roberto Rojo Alvarez
Agregado Cultural de Culiacán en Los Cabos

3 comentarios:

  1. Excelente tu comentario Roberto, un saludo
    Antonio Uribe

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  2. Roberto está muy bueno, agregaría que la educación financiera se refiere también a cómo usar el dinero, entonces si un hijo hace X dinero o le prestamos X dinero para usarlo, tenemos que enseñarle a generar rendimientos y recuperarlo con creces. Saludos!

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    1. Gracias. Dentro de la serie de artículos sobre Educación Financiera para nuestros Hijos, este viernes pasado escribí sobre cómo enseñarlos a gastar. Te lo recomiendo.

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