A Doña María Luisa Durán Castillo,
feliz
anectdotaria de sus recuerdos.
Hacia mediados de los años
sesentas del siglo pasado, cuando la aviación en la provincia de nuestro país
era algo más aproximado al esoterismo, que una realidad tecnológica, enviaron a
la ciudad de Durango, a un inquieto joven sinaloense de roja cabellera (cuando
fue cabellera) y más rojo apellido, a abrir las oficinas de Aeronaves de México
en dicha ciudad. Encontró mucho frío, y también el amor. La muchachita en
cuestión, poco platicaba a su familia de las pretensiones del obstinado galán,
hasta que éste, ya con la intención entre ceja y ceja, amagó a la dama diciendo: “Hoy
en la noche te llevo serenata, ¡Cómo de que no!”. Muchos intentos hizo la
señorita por evitar esta iniciativa, pero ya ni el mismísimo Pancho Villa hubiese
podido detener aquella misión. Buena excusa le pareció a la dama duranguense, para seguir ocultando su romance, comentar en su casa que había ganado en una Rifa de una Serenata, con la rondalla de la Universidad. Nunca contó con que este comentario, daba pretexto a la familia entera, para quedarse despierta esperando el evento. Amargos
tragos ha de haber pasado mi madre, desde el momento de su ocurrencia, hasta el inolvidable instante en que llegó mi padre, con trago en mano y acompañado de un conjunto norteño, al portal de su casa entonando la canción “¿Pa’ Qué y Por Qué?”, nada propia de una cursi rondalla
estudiantil.
La Serenata es la forma más hermosa y tradicional de manifestar el amor a una mujer. Desde la Patagonia hasta la frontera del Río Grande, todas las parejas han escuchado alguna vez una serenata juntos (no entremos en detalles). Muchos países en Latinoamérica se atribuyen el crédito de la serenata, pero al ver que ninguno puede demostrar la procedencia de su origen, han optado por demostrar estilos, los cuales varían de acuerdo al grupo musical entre los que predominan: Mariachi, Trío, Rondalla, y aunque a muchos no les parezca, Banda y Norteño. Las serenatas han mantenido a aquellos músicos que no han logrado la fama a la que aspiran llegar algún día (no me excluyo). Incluso, existen músicos y cantantes que han llegado a la fama, gracias a que en alguna serenata han agradado a personalidades que los han apoyado en su carrera, o en cambio, ha habido trovadores que en sus composiciones llevan cierta tendencia que los ha llevado tras las rejas.
En toda Latinoamérica, el asunto del amor era algo bastante complejo. A
diferencia de la actualidad, donde los jóvenes son directos (no todos, pues) en
expresar su interés, en el pasado se utilizaba la astucia para aproximarse al
ser amado. Había que demostrarle a la dama que se era romántico. Se le escribía
una carta y se le hacía llegar a través de una amiga o se le colocaba en un
sitio donde sin duda ella la encontraría. Se evitaba utilizar el correo para
que la misiva de amor no llegara a las manos de los padres de la joven. A su
vez la dama aunque estuviera interesada en el galán no contestaba la carta
hasta haber recibido la tercera o a veces más. De esta manera la dama mostraba su
pudor y el galán demostraba su interés al insistir con misivas cada vez más
ardorosas y románticas. Claro está que al galán no se le dejaba en la total
ignorancia por la dama y esta demostraba su interés con un movimiento de su
abanico, al dejar caer alguna cosa para que éste la recogiera y se la entregase,
o con alguna mirada furtiva que a propósito se alargaba para que él la
sorprendiera en el acto. Finalmente el galán le pedía el sí a la dama tras el
intercambio de correspondencia y algunos encuentros "casuales" en
actividades sociales tales como bailes o fiestas patronales.
Hoy en día se reconoce la
importancia de la música en el proceso del cortejo. Se acude al “punchis
punchis” y a un baile que parece ritual de apareamiento de mandriles, y pasado
el obnubilamiento del antro, se procede a llevar una serenata. En aquel
entonces también se reconocía y se utilizaba la serenata para hacerla llegar al
ser amado. A través de las canciones se expresaban los sentimientos del galán
hacia la dama, bien fueran desencantos, admiración, esperanzas o tristezas. La
serenata podía ser interpretada por el galán solamente si sus habilidades
incluían el canto y tocar algún instrumento musical, o por un grupo de jóvenes
que combinaban sus habilidades para este propósito. En caso de que el galán no
supiera cantar o tocar ningún instrumento, este se colocaba al frente del grupo
para así poder ser rápidamente identificado por su amada. Las serenatas se
llevaban en horas de la noche bajo el balcón o la ventana de la dama. Se pretendía
despertarla con la música y así al volver a dormir el galán sería el tema de
sus sueños.
Para llevar una serenata a una joven
no era necesario el conocerla de palabra. Se daban casos en los que un joven se
enamoraba de una señorita la primera vez que la veía y tras averiguar su
dirección, y si no estaba casada o comprometida organizaba una serenata para
ella. El llevar una serenata no estaba libre de riesgos y peligros. Si la
serenata no era bien recibida por el dueño de la casa o si los músicos eran
desafinados se podía recibir del balcón en lugar de las miradas amorosas de la
joven un baño de agua fría (que eso aquí en tiempo de calor sería una gozada),
o que el padre soltara los perros, o bien ser bombardeados con lo que Dios les
diera a entender.
Ahora, para enviar una Serenata a cualquier parte del mundo, solo
tienes que entrar a la fanpage “Serenatitas” (https://www.facebook.com/ROBROJALV). La recomiendo
ampliamente, no solo por ser yo el director de esta empresa (por así llamarla) y
necesitar desesperadamente mi sustento, sino por la divina magia que por los
siglos de los siglos producirá en el ánimo de una mujer el hecho de recibir una
linda Serenata.
Roberto Rojo Alvarez
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