jueves, 11 de marzo de 2004

LA RIFA DE UNA SERENATA

A Doña María Luisa Durán Castillo,
 feliz anectdotaria de sus recuerdos.

Hacia mediados de los años sesentas del siglo pasado, cuando la aviación en la provincia de nuestro país era algo más aproximado al esoterismo, que una realidad tecnológica, enviaron a la ciudad de Durango, a un inquieto joven sinaloense de roja cabellera (cuando fue cabellera) y más rojo apellido, a abrir las oficinas de Aeronaves de México en dicha ciudad. Encontró mucho frío, y también el amor. La muchachita en cuestión, poco platicaba a su familia de las pretensiones del obstinado galán, hasta que éste, ya con la intención entre ceja y ceja, amagó a la dama diciendo: “Hoy en la noche te llevo serenata, ¡Cómo de que no!”. Muchos intentos hizo la señorita por evitar esta iniciativa, pero ya ni el mismísimo Pancho Villa hubiese podido detener aquella misión. Buena excusa le pareció a la dama duranguense, para seguir ocultando su romance, comentar en su casa que había ganado en una Rifa de una Serenata, con la rondalla de la Universidad. Nunca contó con que este comentario, daba pretexto a la familia entera, para quedarse despierta esperando el evento. Amargos tragos ha de haber pasado mi madre, desde el momento de su ocurrencia, hasta el inolvidable instante en que llegó mi padre, con trago en mano y acompañado de un conjunto norteño, al portal de su casa entonando la canción “¿Pa’ Qué y Por Qué?”, nada propia de una cursi rondalla estudiantil.
La Serenata es la forma más hermosa y tradicional de manifestar el amor a una mujer. Desde la Patagonia hasta la frontera del Río Grande, todas las parejas han escuchado alguna vez una serenata juntos (no entremos en detalles). Muchos países en Latinoamérica se atribuyen el crédito de la serenata, pero al ver que ninguno puede demostrar la procedencia de su origen, han optado por demostrar estilos, los cuales varían de acuerdo al grupo musical entre los que predominan: Mariachi, Trío, Rondalla, y aunque a muchos no les parezca, Banda y Norteño. Las serenatas han mantenido a aquellos músicos que no han logrado la fama a la que aspiran llegar algún día (no me excluyo). Incluso, existen músicos y cantantes que han llegado a la fama, gracias a que en alguna serenata han agradado a personalidades que los han apoyado en su carrera, o en cambio, ha habido trovadores que en sus composiciones llevan cierta tendencia que los ha llevado tras las rejas.
En toda Latinoamérica, el asunto del amor era algo bastante complejo. A diferencia de la actualidad, donde los jóvenes son directos (no todos, pues) en expresar su interés, en el pasado se utilizaba la astucia para aproximarse al ser amado. Había que demostrarle a la dama que se era romántico. Se le escribía una carta y se le hacía llegar a través de una amiga o se le colocaba en un sitio donde sin duda ella la encontraría. Se evitaba utilizar el correo para que la misiva de amor no llegara a las manos de los padres de la joven. A su vez la dama aunque estuviera interesada en el galán no contestaba la carta hasta haber recibido la tercera o a veces más. De esta manera la dama mostraba su pudor y el galán demostraba su interés al insistir con misivas cada vez más ardorosas y románticas. Claro está que al galán no se le dejaba en la total ignorancia por la dama y esta demostraba su interés con un movimiento de su abanico, al dejar caer alguna cosa para que éste la recogiera y se la entregase, o con alguna mirada furtiva que a propósito se alargaba para que él la sorprendiera en el acto. Finalmente el galán le pedía el sí a la dama tras el intercambio de correspondencia y algunos encuentros "casuales" en actividades sociales tales como bailes o fiestas patronales.
Hoy en día se reconoce la importancia de la música en el proceso del cortejo. Se acude al “punchis punchis” y a un baile que parece ritual de apareamiento de mandriles, y pasado el obnubilamiento del antro, se procede a llevar una serenata. En aquel entonces también se reconocía y se utilizaba la serenata para hacerla llegar al ser amado. A través de las canciones se expresaban los sentimientos del galán hacia la dama, bien fueran desencantos, admiración, esperanzas o tristezas. La serenata podía ser interpretada por el galán solamente si sus habilidades incluían el canto y tocar algún instrumento musical, o por un grupo de jóvenes que combinaban sus habilidades para este propósito. En caso de que el galán no supiera cantar o tocar ningún instrumento, este se colocaba al frente del grupo para así poder ser rápidamente identificado por su amada. Las serenatas se llevaban en horas de la noche bajo el balcón o la ventana de la dama. Se pretendía despertarla con la música y así al volver a dormir el galán sería el tema de sus sueños.
Para llevar una serenata a una joven no era necesario el conocerla de palabra. Se daban casos en los que un joven se enamoraba de una señorita la primera vez que la veía y tras averiguar su dirección, y si no estaba casada o comprometida organizaba una serenata para ella. El llevar una serenata no estaba libre de riesgos y peligros. Si la serenata no era bien recibida por el dueño de la casa o si los músicos eran desafinados se podía recibir del balcón en lugar de las miradas amorosas de la joven un baño de agua fría (que eso aquí en tiempo de calor sería una gozada), o que el padre soltara los perros, o bien ser bombardeados con lo que Dios les diera a entender.
Ahora, para enviar una Serenata a cualquier parte del mundo, solo tienes que entrar a la fanpage “Serenatitas” (https://www.facebook.com/ROBROJALV). La recomiendo ampliamente, no solo por ser yo el director de esta empresa (por así llamarla) y necesitar desesperadamente mi sustento, sino por la divina magia que por los siglos de los siglos producirá en el ánimo de una mujer el hecho de recibir una linda Serenata.

                                                                                                             Roberto Rojo Alvarez

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