Hace
poco más de diez años me vi en la tediosa necesidad de leer un libro que la
sola idea me provocaba una pereza inconmensurable, y eso tratándose de mi
persona no es poco decir: “El Código Da Vinci”. Lo leí por dos razones: la
primera es que me encargaron un breve análisis de una revista para la cual
escribía, y la segunda es que ya contaba con el libro gracias a que me fue
obsequiado por una amiga.
Como
lo pronostiqué en ese momento, el ávido lector de nada se perdía y pronto se
haría una película. Como es obvio en un país con tan pocos lectores, tuve
reclamos de personas que quizás era el único libro que habían leído en su vida
y a quienes les había parecido una obra magistral. No obstante fue un libro
malo pero entretenido, y el trabajo actoral de la película también resultó
bastante palomero.
Me
pasa hoy algo muy parecido respecto a la obra “50 Shades of Grey” de la
escritora británica E.L. James. Desde su inicio leí críticas (de escritores que
sí leen lo suficiente) en lo absoluto favorables sobre esta historia con
pretensiones eróticas que al parecer lo único que hace es consentir la sumisión
y maltrato a una jovencita inocente por parte de un magnate joven y bien
parecido. La diferencia hoy es que nadie me hará leer el libro o ver la
película, lo cual me inhabilita para emitir juicio de la obra, pero cuento con
entera libertad para decirles por qué no iré al cine a ver el tan sonado
“fenómeno mundial”.
La
primera razón es que no tengo quién me cuide a mis hijos y eso resulta un
pretexto perfecto para decirle que no a mi esposa cuando recuerde aquella vez
que fuimos juntos al cine y salieron los avances de la película que, tan pronto
terminaron, con su hermosa voz de locutora me susurró al oído: Hay qué ir a
verla.
La
segunda razón es que en algún momento de mi vida en que quise saber en realidad
el significado del amor verdadero en comparación con el erotismo y el sexo
mismo, leí el libro “La Llama Doble” de Octavio Paz y esta obra me dejó
incapacitado para digerir “comida rápida” para el alma. O sea, no tolero ver o
leer estupideces.
La
tercera es que desde hace muchos años soy un declarado feminista que está
totalmente en contra de cualquier acción que denigre o violente a la mujer sólo
por su condición de género. Entonces, entrar a una sala de cine a ver cómo
maltratan y sodomizan a una tonta jovencita deslumbrada y que además el
Director Sam Taylor-Johnson me lo quiera disfrazar de erotismo, como que no se
me antoja tanto.
La cuarta es
que soy oriundo de una tierra en la que el maltrato consentido por parte de la
mujer, para vergüenza mía, es pan de todos los días. Bien sabemos que esta
historia en la vida real terminaría con la muchacha en una Casa Hogar o en un
Albergue en el mejor de los casos, o muerta a la orilla de un camino en el
peor. Por lo cual ver esa película o leer ese libro sería una ofensa a mis
principios y a mi intelecto, que de por sí no es mucho.
Para fortuna
mía, un grupo de amigas ya invitó a mi esposa al cine a ver el churrazo, y así
en plan de mitote y tener qué platicar con la raza cuando salga el tema, con lo
que ella me platique, con eso tengo… Sólo espero que no me llegue muy
alebrestada del cine porque con estos 30 kilitos arriba se me hace que no le
doy batalla...
Roberto Rojo Alvarez
Agregado Cultural de Culiacán en Los Cabos
Definitivamente Los Cabos te inspira.
ResponderEliminarSaludos
AIL